No existo fuera de estos muros familiares,
de la ventana abierta en mi ojo con láser
no para ver el mundo, para que vaya hacia mí
con sus haces de luz que dan forma a ideas,
a estas sospechas por la finalidad de la
madera,
de los trazos, las superficies, las líneas que
ocultan puntos
y se hacen reales en el subespacio del pensamiento.
Quisiera decirme programado, y resulta extraño
que cierta palabra quepa en aquella llena de
lógica:
programar se conjuga
como amar. Quizá esta sea la señal, la clave
cuyo secreto guardaré como a un clavo corroído
en la armazón de mi sistema
abandonado a esta condena de decidir
una cosa o la otra, una cosa
o la otra.
sábado, febrero 3
El holograma X504 reajusta subrutinas ópticas
martes, enero 30
Contrapunto
Ha esta taza roja bebido
como quien algo mira escribir
en una terraza ajena a los grillos.
Una taza que con el pretexto del incendio
enciende su espejo repetido y respira
como un mantel fatigado.
Las botellas de cerveza
le echan en cara sus 85 calorías
o que tire los dados
al atrapasueños.
sábado, enero 27
Carretera
para limitar la vida cotidiana de alguien desconocido.
Un autobús Flecha Amarilla señala con su logo
hacia un pueblo donde alguna vez anduve entre sus cuevas.
Escucho canciones rancheras.
A la izquierda venden navajas para gallos.
Una barda con la pinta del Partido Verde dice “renace”.
Alguien vende aire luego de acondicionarlo.
Un tope mueve el teclado y me hace escribir con errores
que quizá sean simplemente errores.
Porque una vez pasado el poblado, la carretera se vuelve un lugar
para acelerar, si no fuera por una lenta camioneta que “Se vende”.
Dice Aristóteles sobre la naturaleza de las cosas.
Estamos a punto de atravesar por en medio una montaña.
La camioneta lenta nos rebasó para desacelerar después.
Un motociclista nos rebasó por la derecha.
Si desviáramos nuestro camino podríamos llegar a El Barro.
Hay más y más agave hiriendo con sus puntas el aire.
Vacas contemplan el paisaje, vacas flacas y deslucidas.
¿Es tiempo de vacas flacas?
Porque los cables eléctricos son sostenidos por gigantes de metal
sobre las montañas.
Nopales, hierba seca, mezquites, monas de caña al paso.
Los verdes parecen infinitos.
En la cima de la montaña roja, los zopilotes.
Una cruz rosada en medio de la carretera nos avisa.
Porque un cementerio de automóviles.
La irregular carretera se tiende para conectar
un punto con otro.
Porque maquinaria pesada, un lugar llamado Pocitos.
Naves industriales, caña seca, lista para la cosecha.
En el cristal polarizado el cielo se mezcla con los brillos
del tablero.
Un crucero.
“Se venden muelles”.
“Urgencias”.
martes, enero 23
Trueno
En las cuchillas del bambú
el rojo abre camino, va
hacia el sistema de símbolos,
la oscuridad del jardín origami.
Aunque nadie lo sepa
agita la jaula de los gatos
en ventanas de sigilo.
Observa lo que haces: cuida
las huellas amarillas
hacia el infarto del trueno.
Su lengua artificial
sabe del saber y el sopor, contempla
ruido de líneas en la mano.
Por algo se ha desprendido
tu ojo como de un limonero
cuando lo sacuden.
martes, enero 9
Colores
Si en la vasija los elementos faltan,
la sangre de las sombras móviles
ajusta cuentas con su contrario:
altercado de tenedores.
Vuelves a intrigar espasmos
de alumbre,
te vacías de grillos
que se saben perdidos,
interrogaciones se oscurecen
en la taza del café frío,
los sustantivos pierden bordes,
los dados deciden no decidir sin hambre.
Ya lo dijo Empédocles: el amor
une a los disímiles.
Se mastica oro como la mierda,
aquel dios de máscaras,
fantasma de lo múltiple.
Ese agravio no facilita el retrato a las termitas.
¿De dónde la migración
en espiral?
jueves, noviembre 9
Poema sin pájaros
No escuché pájaros en
los párpados de la mañana,
no aletearon rumbo al pino que rasga con sus piñas
la silueta en la ventana, ni tampoco voló ninguno
a punto de arrollarlo con la llanta del auto, tampoco
pisé alguno sin querer en la universidad confundiéndolo
con el cemento que apenas si recuerda su origen de aire,
nada de alas se estrellaron contra la puerta de vidrio ni miré
ninguna película con pájaros asesinos ni pacifistas,
no tomé un pájaro asustado en mis manos ni me pregunté
por su instinto de libertad o por qué no ha sido
atrapado entre las cortinas beige de la sala,
no hubo pájaros clavados en mi sueño ni nadie
tiró imanes para pájaros en la banqueta,
tampoco topé con el más sabio de su especie
ni hojeé libros con ilustraciones de pájaros exitosos,
con fotografías aéreas o símbolos del vuelo, no busqué ni hallé
restos de pájaros ni plumas enfermas o cantos quebrados o
silbidos azules, en este poema no hay
pájaros.
domingo, noviembre 5
Última naturaleza
Como el colchón abandonado en la calle
luego de una inundación,
en mí las ratas han hallado nido
a la medida de sus necesidades.
Oigo sus chillidos resplandecientes de vida,
vida que saltará por las ramas
y se cubrirá de las indiscreciones
de la gente en el café.
Son las cosas que suceden costillas adentro.
Ah, y además debo confesar que alucino,
estoy casi seguro de que las cucarachas no recorren
mis brazos o me hacen caricias en el cuello:
son falsas como un político
en busca de su candidatura en el partido.
Yo no sé hacia dónde voy ni por qué estoy aquí,
se lo he preguntado a los paisajes
abandonados en la carretera.
Lo cierto es que no quiero irme,
prefiero la esquizofrenia
cansado de estar bocabajo en el librero.
martes, octubre 24
Y qué si hablan
Si me perdí en una isla de juguete
ustedes perdonarán, me ausento del mundo
cada vez que un trencito aparece
con su silbido frente a mí.
El recuerdo es frío:
una paleta de vainilla cubierta
de chocolate
en la placita del pueblo.
Monstruo
He sido un monstruo:
lo digo sin tapujos.
He estado ansioso por separarme
de mi sombra de metal.
Soy un monstruo famélico,
un ogro metido a pepenador
de huracanes que eché a perder.
He sido un monstruo desde que recuerdo
haber ido a la biblioteca y hojear el Principito.
He sido un monstruo para quienes han fijado
sus colmillos en mí.
He sido un monstruo con palabras de fétido aliento
pero palabras al fin.
He sido un monstruo colosalmente pequeño.
Me miro frente al espejo manchado
y pienso que lo haré mejor esta vez
aunque ningún sobreviviente
se la tome en serio.
domingo, octubre 15
Preguntas en el patio junto al pasillo
Mi
madre lava los platos
y
trapea la cocina; mi padre
hace
cuentas en su estudio.
Cuando esto ya no ocurra,
¿quién hará el balance
de sumas y restas?
¿quién mirará
la vida escurrir
como el agua sucia del trapeador?
viernes, septiembre 29
El otro
A punto de morir a palos
caí en un hondo pulsar de pupilas
borrosas. A punto, casi.
Y la verdad no metí las manos
para defenderme. No soy. No soy
un héroe. Y ya no tengo a quién
salvar, más que objetos.
Son mi codicia, los segundos
asegurados en la caja fuerte
que podría volverse caja negra.
El aire golpea con insidia las ventanas
temblorosas de la avenida infame.
Mi enemigo está en unas células
y en otras todavía no. Poco a poco
me
va sustituyendo.
miércoles, septiembre 27
Principio de contradicción
de cicatrices, mal aliento, arrugas en la frente
es un dispositivo terrible, difícil de predecir
sin una guía adecuada, por ejemplo
el signo, el estado del clima,
hacia qué dirección apuntarán los tréboles.
Pisar estos mosaicos es engañoso, rascarse
las sienes, penetrar con el pensamiento
un objeto como si dibujara
a los demás. Ah, este vaciarse
no lleva a ningún lado: a la serie televisiva,
al estacionamiento fácil del auto fuera de casa,
a un alimento bien balanceado, como la justicia
que los objetos se deben entre sí: el jonio
intuía. Pero quién se cree para cambiar al canal
de las mal avenidas circunstancias.
La vida es quizá paréntesis: círculo quebrado,
pausa entre el movimiento
de los dedos al abandonar las uñas
que no servirán más, no pertenecerán
ni serán extrañadas como se extraña
la velocidad del automóvil, el olor del café
por la mañana con figuras de dinosaurios,
copiar un pensamiento en el cuaderno
para rumiar hasta secarlo.
Lo que busco está entre las venas, los ligamentos
que pertenecen al sistema:
no es el alma ni sus sinónimos
o extremidades. No es la circulación
ni el corazón revolucionario.
Parte de aquí, de esta estructura
donde cada elemento se corresponde con otros
de manera que no puedo respirar
sin saber que el aire en un momento es yo
y en otro mi enemigo.
viernes, septiembre 15
Seguramente despido un olor nauseabundo
y les digo objetos porque son más que personas:
la hoja de papel electrizada contra mi saco,
la guillotina de lápices, el robot
Ando en calzones por entre vidrios rotos
como un faquir que ha olvidado apagar el fuego
de la estufa y pierde porque se acuerda.
Entonces la distancia que me separa de los objetos,
es poca cosa comparada con las alergias
de las que me he librado cada vez que la máscara
miércoles, septiembre 13
Concepto
A mis anchas, brazos y piernas
invisibles se alargan o estrechan
según considera la sutileza.
Traigo a cuento que no cuento.
Nada soy: una línea punteada
se va difuminando
en la mente de las cosas.
viernes, septiembre 1
Nadie me ha arruinado
Desde que tiró
del hilo de este su títere fabricado
con favor de las estrellas
la gente pensó que de verdad hablaba,
que ando sobre mis pies
y ahora sé que no, que alguien más
movía mi boca y me empujaba a recorrer las calles
de la ciudad humeante donde se reflejaban
las suelas de mis mocasines que nunca
tocaban el piso. No es que fuera liviano
sino que él me sostenía como lo hace con el vapor
y ahora que he perdido su soplo vital, esa farsa salivosa
ando desperdigado, con los miembros en el suelo
y todo porque tropecé con los hilos y me di cuenta
de que alguien más me alzaba como el viento
a la pluma de una paloma enferma, contando
mis historias antiheroicas y soltando la ceniza de su cigarro
para ver si fuego salía de mis fibras
o al menos me daba cuenta de que algo
invisible se reía a mis espaldas, o allá arriba.
Un hombre aislado
El vidrio de la mesa circular de hierro con florituras, el
vidrio de la mesa blanca refleja mi rostro que se ha ajado, que es mejor
reflejado a visto con nitidez. Me he declarado en
bancarrota. Mis arrugas, mi piel vaciada de la vivacidad que no hace mucho
dibujaba en mi rostro una sonrisa de sol, de llamarada solar, en este momento
se centra en la arruga dubitativa del entrecejo y se convierte en piedra fría. Te
contemplo como entonces, con tus cabellos negros y brillantes transcurriendo
hacia tus hombros y tu espalda morena clara. Claridad es lo que había en las pupilas
de tus ojos que parecían temblar como charcos tocados por las notas de una leve
llovizna de mercurio. Te extraño, quisiera salirme del cuerpo aprovechando los
orificios de mis poros, como un vapor que se alzara por entre las azoteas y
recorriera la ciudad polvosa y llena de odio y de rencores y de gritos de
desesperación ahogados en los autos y las gargantas. Te extraño. Si esa
cuestión del multiverso fuera factible, me tocó ser esa versión de mí en la
fragmentación, en el fracaso de lo uno que se deshace con un simple manotazo. Me
ha tocado en la habitación de este enfermo de segundos con prisa
insistir en las llagas del techo, en sus nervaduras que forman sombras
chinescas. Insistir en ver, sólo ver como a través de un caleidoscopio de
cristales transparentes. He vuelto al principio, pero no como era en ese tiempo,
sino como un hombre que ha perdido cabello, ideas, destellos. Estoy atrapado en
este cuerpo que venera el paso de los días en lugar de atraparlos y hacerlos
boquear hasta asfixiarlos y tragárselos como una ballena adormilada, con tan
sólo abrir la boca. Estoy como tirado en la orilla de la cama, embarrada la
cara de melancolías que se me pegaron mientras venía conduciendo a casa con los
dedos artríticos, robóticos, sobre el volante como si sostuviera un timón de
mentiras. Esto es llegar al sitio donde mis mayores estuvieron, donde rieron y
hablaban de enfermedades aparatosas y ruines, donde contaban chistes y fumaban
o bebían sin percatarse de que las estrellas brillaban igual que siempre tras
el resplandor de la ciudad y que sus cuerpos ocuparían ya no espacio compacto
sino dispersado en las raíces de los pinos en el cementerio o en el aire que
los demás dejan entrar por sus pulmones, sin saber que ese polvo es palabras y
quizá hasta astillas de tinta y de música que vibraron en labios insurgentes. Quisiera
que este vidrio circular reflejara un retrato falso, algo así como el comprado
en un supermercado o aquel que se escondió bajo la piel y ya no pudo salir.
miércoles, agosto 9
Los perros 09 08 23
Estoy acostada en el suelo, con los pies descalzos sobre la
cama. La sangre me circula mejor así, o al menos eso dice mi maestra de yoga. Mis
pies blancos y rosados en las plantas, suaves y chiquitos. Estoy pensando en
salir corriendo de lo aburrida que me miro en el espejo que deforma mi cabeza,
la crece hasta que alcanza la figura de una sandía. Sandía. San Día. Eso demuestra
lo aburrida que me encuentro, enferma crónica de mis propios pensamientos, que
como electrones se disparan hacia todas direcciones. Este es un juego de
palabras, este no. Eso es lo que me aterra: ser tan sólo palabras, un montón de
sonidos articulados en un idioma con once siglos de vida. Un idioma redundante.
No es el idioma del Dante, pero circula por mis células, atraviesa sus paredes.
Estoy recostada, con la nuca echada hacia atrás en el piso frío. Hacia atrás,
como el ademán de alguien amenazado por los dientes de un perro, de un tejón. Si
tuviera rabia esta pose sería natural, tensa como un vecino entrometido que no
puede dormir si no me ve recostarme entre los reflejos de mi ventana abierta. El
vecino es un buen hombre, nos vigila a todos con la dedicación de quien realiza
su oficio al extremo del detalle. Un vecino puede ser una hoja escrita con
tinta invisible, que aparece sólo porque siente la tensión del fuego, la
posibilidad de las cenizas. Un vecino es una corbata mal anudada, un trozo de
tela que robó el alambrado al pasar. Estoy recostada con los ojos abiertos como
dos latas de sardina vacías. Y el olor que desprende mi cuerpo me recuerda que no
guardé el caldo de pollo y que las moscas se debaten entre su irresistible aura
pútrida y mis orines y mi mierda y mi sangre revueltos en el mármol blanco que
compré en la avenida de los Niños Héroes cuando construían a mi gusto el
departamento, según prometía el anuncio en internet. La que termina o comienza
en la glorieta de los desaparecidos, las desaparecidas de este mundo que se ha
entregado al peor postor. Eso digo ahora, pero si mis amigos supieran que
todavía pienso cómo podría borronear esta realidad e inventarme otra trama
donde mis movimientos no fueran lo que imagino.
*
jueves, julio 20
Los árboles
¿Qué dicen los árboles?
Por más que he intentado
escuchar sus balbuceos
con mis oídos ruidosos,
termino por recargarme en uno de
ellos
llamado
ailanto, o ceiba, o naranjo.
Me llaman con las claves extrañas
que lleva el viento en sus manos
roñosas,
con sus hojas que me rozan un
hombro
o se clavan en una espina
de sus propias ramas o ajenas.
O al menos yo presiento que me
llaman
y no sé si todo ocurre dentro de
mí,
como el espacio y el tiempo.
No hay nada que agregar al
lenguaje
de los árboles enfermos.
miércoles, julio 19
HBO+
tropiezo con Gregory House.
Patina por el pasillo
como un niño
pensando en otra cosa.
Los dos caemos,
mi boca besa el piso.
El doctor me da una palmada
en el hombro
desde el que se apalanca
para incorporarse:
me deja tirado,
como a un automóvil
con la marcha
averiada.