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sábado, junio 1

Como un aullido articulado...



Como un aullido articulado por la yema de los dedos,
un aullido sordo
tambaleándose junto a la sombra.
Una sombra como un precipicio: al comienzo sólo fue
una teoría
en lo más cercano de la nariz
que se miente
lo que oye
o se hace la que no sabe nada del entierro a deshoras,
apenas un desquite de insectos
embarrados en la piel.
Habrá que estar enterado de esas cosas
que sobrevienen sin avisar,
como una sombra.

Manieristas


Amorosos verdugos alimentan ratas gordas y con rabia mientras meten flores en el culo de los condenados. (Afilan con prisa estiletes de delicada manicura, pero aquéllos ya duermen con fervor la siesta.)

Viejo marinero



A Álvaro Luquín
Llagas, maquinaciones de insecto, largas travesías: albatros oprimido. Deambulaban su hipnosis los marinos –tardes en las fauces, hilera de despojos en el cielo o charco, reflejo de palabras y corales, desilusión del vagabundo parco. Su proceder sin labios echa en falta la guía del arcoíris encorvado sobre panales.

domingo, noviembre 4

Devorahuesos o Shikon no Tama (犬夜叉)




Bestia, zángano, cara de perro, bastardo,
has metido tu nariz bajo la falda
y el sable humedecido
en las lágrimas
de un bosque poco prudente.
Cierras los ojos a la herida, mascota
de colegiala.
Si te registraran los bolsillos
hallarían las almas dormidas de la joya
en el hechizo
antes de que tuvieras que reunir
sus pedazos rotos.
Innoble o perecedero. Tu cigarro
sigue encendido mientras ella
sigue encendido mientras ella salta
de un húmedo silencio de pozo oculto
                        –devorahuesos–
a un tiempo
más cercano que el suyo propio.
Un día te arrojarás por seguirla
antes de que te paralice
una palabra más pesada que la nostalgia.
El tiempo no siempre une. No es el caso.

miércoles, junio 27

El límite del control


Has venido a no morir, rata de cartón, pulóver, mirilla de franco tirador, pino de vieja guitarra con resonancia de alacranes. Has venido por un palmo de narices frías a la cumbre de la montaña que ulula. Has venido contando los pasajeros de la calle cardada. Has venido con tu traje verde a apagar el juego como boxeador reprimido dentro de una caja de cerillos.

jueves, junio 7

Stamitz


Cauteloso como un contrato, desciende la cama de espigas, anídate en las sombras de una melodía láctea, asómate a la ventana del cuarto piso, franquea constelaciones en un papel sin camino a casa: échate a la alberca del aire, haz un viaje sin paracaídas convulsionado, luce en la molicie de tus huesos una plancha de concreto gris como si fuera tu traje de diario, el ultraje contra el que agitas los dientes elusivos.

martes, mayo 1

Lo que falta


Quién dice, Vitrubio, si los metales de la tarde escuchan los trinos de las estrellas de siete puntas. Mejor entiérrate en un bosque encantado de no pertenecer. Entre alondras, serpientes y eucaliptos, despeja de tu mente la caries caminando sobre las cabezas de mis enemigos los guardianes del oro pulcro y bruto. Detrás del arcoíris, una melodía de puentes.

sábado, septiembre 13

Liga


Una liga me contrae la garganta, no alcanzo a verla,
la cierra como a una bolsa de plástico.
De a poco deja pasar estas palabras-pensamientos,
es un círculo
del que no llego a ser eje: excéntrico despojo de letrinas,
comida muerta, paraíso de larvas.
Afuera, en los jardines que el tiempo no oprime con el puño,
mueren árboles de zinc partidos por el rayo: ¿es el dios,
el que conocemos como dios en cada átomo,
una luz que aparece cuando nadie espera
un Sísifo que nos levanta de la tronera para dejarnos caer después
por la cuesta de la noche?
Mi garganta es un nudo que no logro romper, lo separo con las manos,
no hay conquista detrás y sólo me detiene 
el reflejo de la asfixia: vacío más vacío: un cuerpo