alguien dio por abrir un taller de carpintería
de modo que nadie duerme a pierna suelta
o sin que se le suelte una pierna.
Las líneas punteadas del escritorio
apuntan a la pintura cayéndose de la barda, sombras
a pedazos juegan con el sol a hacer figuras alargadas
de pensamientos cansados.
La bomba de agua replica
cada 30 segundos aproximadamente contra la tiranía
que ejerce en los cuerpos con su chorro
matutino, su ansia de llevarse consigo
las nubes pegadas en los poros.
Algo desde el fondo de los huesos se agita
como una lavadora paciente. Algo está más allá
de la planeación del día que hace un árbol sin pájaros.
No sé si esa boca reseca la luz natural.
Con pasos ligeros unas notas organizadas van penetrando
el escenario de las azoteas, se sientan y se sienten
como una lancha abandonada, con todo y cañas de pescar
con las que nunca nadie pescó.
Respirar es lo que acompasa
los tendederos de ropa al escurrir burbujas, aire
en ebullición.