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sábado, abril 13

Todo y nada

Habría que decidirlo más que decirlo,
decir, decir, obsesionado estás con ese decir,
Diletante. No quiero aparentar que caes
y desdecirme. Pero caes. Bien, a veces,
y no es por dártelas de trovador, de esos de manteles verdes
en presentaciones de autodidactas.
Hemos avanzado cual si se necesitara para hacerlo
nada más. Nada más que nada. Ni crees en el sentido,
y eso es decir mucho, un decir. Por si fuera poco,
por si la nada fuera poco, Diletante. Sísifo está azorado
con tus gestos de buena voluntad en el canal de la TV
que siempre evita, y que hoy de pronto se le puso enfrente
como una bailarina exótica, expósita.
No amedrentas, no sirves un excelente café
y no gustas de semillas de café doradas y cubiertas
de chocolate. Es decir, es un decir, vales
sorbete. ¿Madre? Eso ni se menciona. Y no sorbas, no es momento. No es
una invitación a tu baile de máscaras en un yate de lujo
como el de un Presidente habituado
al shopping en heladeras. Y esto, todo, la nada,
para decir poca cosa.

viernes, abril 12

Salen de donde menos se les espera



Como un misterio de almejas que se te escapa
una torcedura del tobillo,
gangrenas tu estupor, estúpido autodidacta,
Vitrubio, aguamiel, miel con agua
lo que dices arrebatado por un derecho poco claro a encajar
las uñas donde la picardía te lo permite y unos cuantos dólares
a las autoridades sanitarias.
Mira que cuesta trabajo creer, pero sobre nada creerte a ti, crearte
de los remolidos remolinos de respiraciones yóguicas
que hace la musa, ahora que ha abandonado a las otras
en el gimnasio de pilates como pilas mortuorias, pilotes
o zopilotes engarzados a un olor que los atrae con su gravedad.
Eso te acarrea enemistarte con tus congéneres,
la que lleva la égida para celebrar el imaginario colectivo.
Fantasmas, sólo eso, Vitrubio, sábanas colgadas
como espantapájaros que todavía te conmueven
sin moverse sino por un viento desnatado, sin cara
ni arrepentimiento. Y no hay por qué, allí estaban colgadas
de los lazos por pericos que apretaban la mandíbula. ¿Estás
cuerdo, Vitrubio?
Holgazán, en la mira te tienen.