decir,
decir, obsesionado estás con ese decir,
Diletante. No
quiero aparentar que caes
y desdecirme.
Pero caes. Bien, a veces,
y no es por
dártelas de trovador, de esos de manteles verdes
en presentaciones
de autodidactas.
Hemos avanzado
cual si se necesitara para hacerlo
nada más. Nada
más que nada. Ni crees en el sentido,
y eso es
decir mucho, un decir. Por si fuera poco,
por si la
nada fuera poco, Diletante. Sísifo está azorado
con tus
gestos de buena voluntad en el canal de la TV
que siempre
evita, y que hoy de pronto se le puso enfrente
como una
bailarina exótica, expósita.
No amedrentas,
no sirves un excelente café
y no gustas
de semillas de café doradas y cubiertas
de chocolate.
Es decir, es un decir, vales
sorbete. ¿Madre?
Eso ni se menciona. Y no sorbas, no es momento. No es
una invitación
a tu baile de máscaras en un yate de lujo
como el de
un Presidente habituado
al shopping
en heladeras. Y esto, todo, la nada,
para decir
poca cosa.