Ha esta taza roja bebido
como quien algo mira escribir
en una terraza ajena a los grillos.
Una taza que con el pretexto del incendio
enciende su espejo repetido y respira
como un mantel fatigado.
Las botellas de cerveza
le echan en cara sus 85 calorías
o que tire los dados
al atrapasueños.
martes, enero 30
Contrapunto
sábado, enero 27
Carretera
para limitar la vida cotidiana de alguien desconocido.
Un autobús Flecha Amarilla señala con su logo
hacia un pueblo donde alguna vez anduve entre sus cuevas.
Escucho canciones rancheras.
A la izquierda venden navajas para gallos.
Una barda con la pinta del Partido Verde dice “renace”.
Alguien vende aire luego de acondicionarlo.
Un tope mueve el teclado y me hace escribir con errores
que quizá sean simplemente errores.
Porque una vez pasado el poblado, la carretera se vuelve un lugar
para acelerar, si no fuera por una lenta camioneta que “Se vende”.
Dice Aristóteles sobre la naturaleza de las cosas.
Estamos a punto de atravesar por en medio una montaña.
La camioneta lenta nos rebasó para desacelerar después.
Un motociclista nos rebasó por la derecha.
Si desviáramos nuestro camino podríamos llegar a El Barro.
Hay más y más agave hiriendo con sus puntas el aire.
Vacas contemplan el paisaje, vacas flacas y deslucidas.
¿Es tiempo de vacas flacas?
Porque los cables eléctricos son sostenidos por gigantes de metal
sobre las montañas.
Nopales, hierba seca, mezquites, monas de caña al paso.
Los verdes parecen infinitos.
En la cima de la montaña roja, los zopilotes.
Una cruz rosada en medio de la carretera nos avisa.
Porque un cementerio de automóviles.
La irregular carretera se tiende para conectar
un punto con otro.
Porque maquinaria pesada, un lugar llamado Pocitos.
Naves industriales, caña seca, lista para la cosecha.
En el cristal polarizado el cielo se mezcla con los brillos
del tablero.
Un crucero.
“Se venden muelles”.
“Urgencias”.
martes, enero 23
Trueno
En las cuchillas del bambú
el rojo abre camino, va
hacia el sistema de símbolos,
la oscuridad del jardín origami.
Aunque nadie lo sepa
agita la jaula de los gatos
en ventanas de sigilo.
Observa lo que haces: cuida
las huellas amarillas
hacia el infarto del trueno.
Su lengua artificial
sabe del saber y el sopor, contempla
ruido de líneas en la mano.
Por algo se ha desprendido
tu ojo como de un limonero
cuando lo sacuden.
martes, enero 9
Colores
Si en la vasija los elementos faltan,
la sangre de las sombras móviles
ajusta cuentas con su contrario:
altercado de tenedores.
Vuelves a intrigar espasmos
de alumbre,
te vacías de grillos
que se saben perdidos,
interrogaciones se oscurecen
en la taza del café frío,
los sustantivos pierden bordes,
los dados deciden no decidir sin hambre.
Ya lo dijo Empédocles: el amor
une a los disímiles.
Se mastica oro como la mierda,
aquel dios de máscaras,
fantasma de lo múltiple.
Ese agravio no facilita el retrato a las termitas.
¿De dónde la migración
en espiral?