Mostrando las entradas con la etiqueta Zapping. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Zapping. Mostrar todas las entradas

lunes, noviembre 19

Fábula del alacrán

Se había escondido en la habitación, justo en uno de los zapatos del hombre con patas de araña: al principio no sintió el pinchazo, hasta que lo vio huir por debajo de la puerta hacia el patio. Y entonces el veneno ascendió recorriendo su pata delgada como un alfiler. Trepó hasta sus ocho ojos, encendió su cerebro y le hizo rechinar la mandíbula. Un momento más tarde, se sentaron a desayunar y el alacrán, que era uno de esos pequeños y güeros, de los que dicen son los más peligrosos, le pasó la sal de mar —bien comedido— al hombre con patas de araña, quien educadamente, con una reverencia sincera, le dio las gracias y subió por la pared para mecerse en su telaraña mientras dejaba seca a una mosca verde.

miércoles, junio 6

Escondite

El ratón sale, toma por asalto la silla giratoria. Las lámparas de neón escupen su resplandor verde sobre las computadoras y los celulares de queso blanco. Algunos silban el himno a la alegría, hay quien ríe a carcajadas. Con todo y sus bigotes y cola erguida, termina arrugando el semblante oficinesco como si acabara de recibir una soberana paliza con una escoba de paja. Se refriega la nariz en la mesa del escritorio lleno de pequeños hoyos, cala las finas uñas en el teclado, empieza por partir un pay de queso con los dientes quebrados para celebrar el aniversario de la máquina expendedora. Un letrero en la recepción advierte: “Salida de emergencia”. Él recorre los blancos entre las líneas del contrato como a un laberinto fácil de descifrar si tan siquiera le interesara.

martes, julio 4

Final fingido


Hace un momento, mientras veía la TV, se desmoronaba el mundo. Ahora el reflejo de mis libros en la ventana se mezcla con la palma seca del patio y los ladrillos color naranja al fondo. De reojo, divisaba el azul intenso y recordaba a mi amigo fulminado. No quiero escribir como un muerto, aunque lo esté. Y no puedo dejar de escribir aunque sea un insecto. El rectángulo de la ventana está enmarcado por la cortina raída, gris y térmica. Balbuceo los golpes que recibí hace dos días contra el piso de cemento resbaladizo, cuando me dirigía a por dinero. Caí de bruces en la avenida más transitada de la ciudad, y no me levanté hasta que decidí abandonar el dolor en los huesos: trozo de carne desarticulado, me arrastré para salir del tráfico inmóvil. Sin embargo no deseo ser realista, ni tampoco dramatizar y mucho menos escenificar mi caída, esta en particular. Se hizo de noche, lo fui observando con el filo del ojo, en tanto otros muertos aparecían en el rectángulo de la pantalla, atrapados en su encuadre.

domingo, junio 4

Bar Patán


Un remolino de voltios está a punto de reventar mis globos oculares. Me hablan de la literatura del riesgo, de la experimentación. Y yo solo experimento esta acechanza del aire sin movimiento, este zumbido de avión que surca los pensamientos como nubes lentas que cambian a cada parpadeo. Es plomo el que engatusa mi memoria y me traslada a un escenario donde me derrito como gelatina al sol. Me pregunto a qué horas aparecen los cuervos. Una gacela de buenos modales y mejor bibliografía se introduce en la conversación y me pregunta qué he leído. No termina de hacerlo cuando enumera uno a uno los volúmenes que debí haber conocido antes de que me los echara en cara. La plática continúa con cerveza barata en mano: Victoria, Corona, Pacífico. Ya se ve que estamos en un duelo, saludando a los espectadores desde la tribuna.

lunes, mayo 29

Figuras en un rectángulo blanco

Desperté aletargado y con las ligas de los nervios estiradas todavía, jaladas por hormigas de metal. Esta cama es un pequeño país donde ocurren sublevaciones y crepúsculos indigestos. Acampan ideas terroríficas de habitantes de otros planetas, vienen de visita robots que han ganado su libertad a base de buenos argumentos y un par de chantajes para corresponder el acto divino de su creación. La lógica del amante es la del agua al convertirse en vino. La razón de los vencidos a punto de alcanzar aquello por lo que lucharon día a día con ligereza, domesticadas sus noches sin luces. Rameras, ramos benditos, rancias promesas de un dios de asfalto guardadas bajo la cama, en una caja junto con palabras polvosas o diademas. Aquí se archivan toda clase de demonios.

domingo, mayo 28

Puño alegre y otros desvaríos

Quién dijo esto ha terminado, garras en el puño, batalla campal sobre las ramas. Ninjutsu, técnica de nubes. Cómo cambian a cada parpadeo, cómo el herido hace su solución de hojas y atiende al perro dormido dentro del árbol. Las venas de una hoja que vuela, el parpadeo de los ojos de lobo, el río siseante, los ojos del zorro y su alardeo entre los dientes, huesos que son alfileres y humo. Clones de sombras se esfuman, el hombro izquierdo cede a la invasión negra, esta noche templada dormiré temprano y confiado en la sombra. Risa y llanto, qué más da. Recortado contra la luna, abandono a los amigos en un vendaval de murmullos; mi sonrisa de medio pelo trama atraparte en un descuido. Pero Rock Lee, me sorprendes, manos de hierro contra el hueso invulnerable. Caleidoscopio y tren en una fusión. Construir metáforas ebrias con los huesos es como atacar el verde con decisión de cielo despejado. Ninjutsu. Pulgar erguido en señal de amistad, brillo blanco y, me sorprendes. El sol irradia pentágonos.

viernes, agosto 26

Un instante antes


Ya no estoy para dejarme caer entre tornillos que alguien tiró en el piso antes de irse nadando por la calle sonrojada. Vengo de mirar aparadores en un supermercado con vidrios de aire, productos que solo podían ser percibidos por el olfato. Me descubro enérgico y grisáceo todavía, como un diente que acaba de ser reparado de la caries con una bochornosa capa de material que pretende parecerse a mí mismo. Cómo se rompen burbujas en el pecho y causan este ruido de avión que avanza rompiendo las nubes, cuchillo desafinado. Recuerdo entonces: me vi envuelto de metáforas y me deshice de ellas como de huesos desperdiciados. Una puerta se abre, rechina, voces de una película llenan el vacío que los grillos no alcanzaron a distorsionar cantándome al oído noche y día, horas y horas estiradas hasta volverse transparentes, aparentes. Dejo que mi lengua acaricie sin amargura las palabras, que huya hacia el punto y aparte, que emita sus señales justo antes de dejarme vencer por las pesadillas.

Mirar es fácil


Perros ladran a una hostia colgada de un cielo desteñido, plagado de relámpagos que no terminan por alumbrar la noche esbelta. El ruido de la oscuridad me hace bostezar y salto de página, con todo y una pátina de óxido que se embarra en las yemas de mis dedos. Lo lamo, pensando que puede ser venenoso y tan solo hago un gesto de hastío antes de levantarme y clavarme como una tachuela en las acolchadas neuronas de mi cerebro. Ladridos; un avión despegó para encontrarse solo en este momento, detenido en medio del marco de la puerta. No quiero decir que balbuceo y, lo hago: me doy de topes contra una pared imaginaria, me tapo los oídos para intentar descifrar las redes tendidas por la noche, pero esos motores de propulsión me sacan del ensimismamiento, me sitúan frente a la página electrónica. Abro la boca aspirando el silencio  rezagado en los  rincones de un cuarto que apenas comienza a mirarse a sí mismo luego de un largo ahogamiento.

miércoles, noviembre 19

Una libertad

Este que imagino, me imagina cayendo de un edificio sólo por el gusto de verme suspendido durante unos segundos y tocar la plancha del concreto con mis narices. ¿Qué puedo agregar a lo que he llamado mi yo lírico y es más bien una personalidad fallida? Unos datos básicos de identificación, mi tarjeta de crédito o esa deuda que aumenta con el tiempo, una licencia caduca para rodar de un lado a otro. Y allí, rezagada al fondo de mi garganta, la esperada claridad.

sábado, julio 5

Una mosca en la leche


Pareciera un paraíso de alquitrán, una mosca rubia haciendo crawl en la superficie de la leche con migajas de galletas Oreo: los altibajos, las verticales y mapas de horizontes trazados en ese blanco tibio. Ella pensará mañana otra cosa, si vive para contarlo, y si le entienden el resto de los insectos que acaban deglutiendo la espesura de un blanco que los tomó de sorpresa: una mosca rubia es una mosca llena de fuego por dentro y por fuera es una mosca apagada en un sorbo descuidado.