domingo, marzo 11

Showboss

El jefe baja desde las alturas envuelto en un aire
benévolo, la lustrosa sonrisa pegada a su cara
dirige las miradas hacia su silueta deslumbrante.
La escalera parece estar hecha de mullidos cojines
donde se asientan sus delicados pies, determinados
a cumplir la misión en esta sala de juntas donde
le acercan una silla, le dan galletas bajas en calorías,
le sirven refresco de cola, callan si alguien más llamó
su atención en este barullo de palabras que no dicen
lo que pretenden decir. Cada quien cree llevar agua
a su molino, cada quien tiene una orden por firmar,
un resultado por presumir mostrando los dientes
aquiescentes. Lo que él promete se cumple, es algo
como la voz cantante en un concierto de ópera bufa
hasta que irrumpe un tiple agudo que a todos cuadra:
es de su jefe, pues todo jefe tiene otro jefe
y el que no piensa nunca se equivoca.

sábado, marzo 10

Esta habitación fue mía

Mi mente está en otro lado, un puente
y de pronto me hallo en este cuarto
con imágenes que no me pertenecen.
El espejo deforme, la ventana abierta:
un mirlo desciende y da pasitos en el patio
hacia el bote de basura.
Música de corrido, agua
cae a los tinacos.
Aunque esta habitación haya sido mía
no encuentro al niño que aquí deambulaba,
atento
al fuego.


martes, marzo 6

Cubo

Este cuarto sin salida, armado para atrapar
como se atrapa a los puercos salvajes, cerrando
poco a poco sus alternativas con bardas que los aprisionan
en tanto siguen tragando como puercos y pensando como
puercos insaciables con el hocico hozando en el fango
y otra barda más es puesta lentamente, el aire
sarcástico no omite burlas y les ponen otra pared
hasta que deambulan habituados al encierro, así husmeo
pequeñas ideas rotas, basura, ropa tirada, una bandera
detrás de la puerta, un blanco con dardos de dos países
que no son el mío y la noche cerca hoy, mañana también,
hasta que me acostumbro a no ver ni el patio.

domingo, marzo 4

Noventa, diez

Allá van los pensamientos lúcidos, las esquinas
vividas, las miradas llenas de autos y de sol.
Allá van, sobre puentes de metal
donde muchos han soñado con arrojarse al flujo
del tránsito, al embotellamiento
(a punto de ser atropellada, una ciclista se salva
por un meñique, sonríe a la niña que le mira
desde el asiento trasero del auto
que su padre acelera).
La boca reseca es un símbolo de nada.
El otro día mis sobrinas contaban los noventa vagones
de un tren con diez locomotoras, pero en esta ciudad
nadie cuenta con nadie.




sábado, marzo 3

Carné de identidad

He olvidado casi cualquier cosa, quizá
todos sepan mi nombre verdadero,
perdido en mi propio ruido, en los
de la ciudad, un silencio vergonzoso
en este cubo donde transcurre el sueño
y los pensamientos hallan apenas hilación.
Los labios resecos y desencantados, la espina dorsal
encajada en el mundo como una flecha puntiaguda
con el blanco errado.