lunes, septiembre 16

Salida

Dos días a la semana subo al auto: me deslizo por mis pensamientos entre baches, camiones ambiguos, bicinautas caníbales, muchachas que defienden los pasos de cebra mejor que a sus hijos zombies. No sé a dónde iremos a continuar con lo mismo de lo mismo. En el cielo un avión –tantos el mismo día surca las nubes como un cuchillo el queso cheddar. El mundo avanza con y sin recelo, gira tal un trompo que de un momento a otro perderá el equilibrio.

N 16 09 13

*

Deshacerse, irse

Una serpiente envenena mi corazón como a una manzana que nunca estuvo sana. No hay sorpresa en la boca, tan aturdida está y no siente sino la rabia que ya carcomía los puntos muertos. Ni el viento responde en medio de este desangrado desierto que se extiende desde el pasado remoto hacia un futuro irremediable. Irse es lo de menos, impera la ausencia del fruto deseado hasta cierto punto y un fastidio después, de vez en cuando, por lo no saboreado con furia, lo no abrasado, lo abandonado a su naturaleza.

sábado, septiembre 14

Van y vienen

Algunos escriben para un público cerrado como un pomo de veneno, otros buscan perforar con el filo de un carbón el oído de hule de sus críticos o incendiar a uno que otro fan, inmisericordes ante los silencios innecesarios. Aún hay quienes prefieren ensordecerse como choferes habituados a las sirenas de sus ambulancias.

M 14 09 13

*

sábado, septiembre 7

Furor zombie

Ante lo que me sabía agrio y repugnaba el paladar
ya no media lengua alguna –me la tragué.

jueves, septiembre 5

Circunstancia impredecible

Sucede si miro una película de terror:
no sé si asegurar la puerta de la calle con cerrojo
para que no entre a husmear ningún monstruo,
o para no dejarlo salir.

Candado hallado en la repisa del cuarto de herramientas de mi padre

Estoy quieto sin estarlo, me abro tan solo mediante una combinación que en este momento incluso para mí es desconocida. Padezco amnesia, o eso creo, o supongo que es la mejor palabra para describir mi estado, ignoro si voluntario. Mis señas, mi engaste, mi opacidad, los números grises de mi mecanismo de apertura –antes blancos–, ciertos golpes o pequeños rayones indelebles me dicen que oculto, si no tiempo, una serie de experiencias que han signado mi estar aquí, en espera. MASTER, dice con letras mayúsculas donde una flecha señala esa fórmula desconocida. AMO, traduzco: palabra ambigua. Mi destino es de apertura, pero también y más que nada de resguardo. Tanto así que me he distanciado de mí mismo. El número de serie está intacto: 903258. Provengo de una ciudad de la que no guardo memoria: en Milwaukee fui patentado por la compañía estadounidense Master Lock. No sé cuántas veces he cumplido el mismo ciclo, ese extraño retorno a lo mismo: dejar al descubierto el interior al viento que oxida, cerrarme para proteger un tanque de gas que igual podría explotar en este u otro momento, o sellar las cadenas que guardan la puerta de una propiedad inhabitable. Ni siquiera tengo voz propia, movimiento autónomo, viene de quien sabe girar mi perilla y cerrarme o abrirme con exactitud. De ahí las huellas digitales que opacan mi brillo. ¿Ha sido así mi pasado? ¿Abrirme, cerrarme, ser un dique de contención? ¿Y si quien ha impreso en mí sus huellas alguna vez olvida la combinación numérica que ha establecido para que mi maquinaria funcione como ha sido determinado? 


miércoles, septiembre 4

Mi abuelito Fortunato un mediodía de noviembre

Al ver llegar a mi padre
su mano izquierda intentó
un movimiento en el aire
─respiraba con dificultad,
recostado y sin poder hablar.
No pude evitar recordarlo
en su silla de ruedas
por la plaza del pueblo:
su sonrisa dibujaba raíces.
Mi abuelo abandonó el aire.
No mucho después
llevaron un ataúd y a su cuerpo,
ya sin lastres ni pendientes,
lo levantamos entre tres
para llenar el vacío.


Trama de conspiraciones

Pasé gran parte de la tarde mirando en Youtube
videos sobre logias y conspiraciones, perversos planes
de ultramillonarios que han vivido
tanto como Orlando o Matusalén.
Me sentía como un rehén en Duro de matar III.
Pensé: negocios son negocios, lo demás
que se lo lleve el diablo. Pero quién nos dice
si el exterminio del 95% de la humanidad no está cerca,
si un ovni no implantó a Obama en la Tierra
o si los países del tercer mundo
no seremos reducidos a bestias de carga
en un intento por imitar El planeta de los simios.
¿Y si ya todo está ocurriendo y las noticias del futuro
han llegado demasiado tarde?