No debe haber nada peor que esperar a que tu padre o tu madre mueran de
un infarto o un cáncer en la médula de sus recuerdos para empezar a escribir el
gran poema. Hay casos. Yo no quiero un gran poema entre mis papeles muertos. No quiero morir
hace tiempo ni mucho menos la muerte de esta pareja de extraños que ronca en la
habitación vecina. No quiero el consuelo de las palabras ni su asfixia.
Prefiero recostarme, oír su respiración pastosa mutilar mi escritura y
convertirme, la cabeza resignada en la almohada, en testigo del tiempo que traiciona.
M 02 09 13
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