martes, julio 20

Después de la tormenta

Los tordos abandonan un pino

al oír el paso de una moto, sin saber

por qué, solo porque otros lo hacen.

Mis padres hablan en el desayuno

de noticias falsas, quizá verdaderas

porque otros las comparten en wasap.

Guardo silencio porque es lo mejor,

porque las cosas a mi alrededor

están calladas.


domingo, julio 18

Hipérbole

Miles de millones de estrellas

mueren, las añoramos

a través de telescopios ávidos

de supernovas, agujeros negros,

nebulosas azules que llevan

a otra dimensión, a otra vida.

Miles de millones de estrellas,

cada una con su llamarada

y sus planetas

haciendo reverencia.

Y para mí nadie es más importante

que tú, a quien no conozco.


Ruidos extraños

Vivo entre cadáveres, han aprendido

a sonreír frente a la adversidad.

 

No hablo de ellos en público, ¿a quién

le cuento que golpean las puertas

como enterrados vivos sus ataúdes?

 

A medianoche quieren verse

en el espejo: no los refleja.

 

Observan a las visitas

como a peces fuera del agua.

 

Les he pedido que se escondan

si timbra el cartero, el vendedor de agua

y hasta los testigos de Jehová.

 

La señora que barre la calle

pregunta por qué tras la puerta

suena algo como crujir de huesos.

 

Por lo general, me obedecen

y no hablan durante la cena.


sábado, julio 17

Eso llamado esperanza

Como si la ruta de camión llegara

a una hora imprevista, fuera de turno

y yo supiera con antelación su roto itinerario

un día cualquiera. Como un árbol sabe

cuándo llegará la primavera y se prepara

porque si no es hoy, será mañana.


Un lento atardecer

Ladridos de perros se pierden

en una calle húmeda.

Las campanas del templo

y las del camión de la basura.

El aleteo de un tordo gris

intenta atravesar la puerta de vidrio,

atrapado en la habitación.

Con la boca reseca,

una chicharra en los oídos,

las venas atrofiadas

por pensamientos espesos,

busco quién me salve, pero sé

que nadie acudirá.


viernes, julio 16

No importa qué piense en este momento

La lluvia tiene su propia manera

de no decir nada, de estrellarse

en el pavimento como si no importara,

como si su sonido metálico

contra las sillas del patio

no fuera nada personal

este viernes de buenas noticias

que ahogan a las malas.

lunes, julio 12

Encontré algo

El viento arrastraba un globo verde,

casi sin aire, sucio de tierra.

Se balanceaba: una ráfaga

le obligaba a avanzar, a retroceder

mientras yo lo seguía dos o tres pasos,

queriéndolo atrapar en la pantalla del celular.

Luego se quedó quieto, como haciendo una pausa

para divulgar su sombra en los adoquines

y que la experiencia quedara impresa,

que alguien la compartiera en Instagram.

Y le hice caso: después de todo,

volvió a huir en cuanto pudo.