Miles no pueden ya contar su periplo
en cuartos de hospital blindados,
bajo sábanas como fantasmas,
el aire a expensas de un robot
con lenguaje de burbujas.
No me pesan veinte días de techo lento
aunque me acusaran de ser atendido como un dios,
como si dios no fuera capaz de salir de su cama
y tuvieran que limpiarle el excremento.
No soy sino uno de miles fatigados
de pesadillas sin descifrar.
La otra tarde me puse de pie y bebí té en el patio,
el aire hizo combustión
en mis circuitos hambrientos.
Supongo que de eso
se trata todo.