Una ciudad se dice sobras del mercado,
panfletos, carnes blandas del presidio,
moscas
y un desayuno en el puerto. Papeles
pegados a suela de sandalias,
puertas entreabiertas.
Una niña ensaya
su jeroglífico en la madera.
Una ciudad se enciende
con pasos forasteros,
gestos ruines
de asesinos en ventanas
limpias,
piedras sueltas,
ladrones de dientes, fantasías
como párpados a punto
de zarpar.
Una ciudad vive un segundo
o un milenio, vive
y luego no quedan ni los pasos,
los restos son simple basura.
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