Una marioneta que lo olvidó y se fue de viaje
al fondo de un pozo donde despierto cada mañana
con lengua de hierro, los altibajos de cualquiera
que como yo esté hecho de aserrín y pegamento
de mala calidad. No paso de una línea invisible,
como si me drenara un campo de fuerza
y me hiciera ver mi suerte si doy un paso en falso,
así sea verdadero. No me tengo lástima, eso lo dejo
a quienes detentan un corazón para irrigar sangre,
a quienes no necesitan aceitarse para salir a la calle.
Hecho a la idea, voy por ahí rechinando articulaciones
como si nadie se diera cuenta, como si mi naturaleza
no fuera la de ser llevado por hilos.