domingo, diciembre 26

Avenida Miguel Ángel

La recorro como a un pensamiento,
con el cubrebocas en el bolsillo.
Una pareja voltea hacia atrás
para vigilarme. No culpo
al anciano ni a la joven,
nunca se sabe quién puede
hacer daño, aunque la mayoría
de las veces sea quien
nos protege, eso viene
a mi mente y lo almaceno
para masticarlo más tarde,
con calma y sin sospechas.
Nada sorprendente.
Un departamento en venta,
solitarios emergen
de los claroscuros en la calle:
uno esgrime su botella vacía
de Coca-Cola, otro viene
con una bolsa de pan. Yo
carezco de pretexto, camino
aunque mi salud no me permita 
ir tan lejos, y me detenga
a esperar alguna señal:
es incierto regresar
al punto de partida.



lunes, diciembre 20

Cristo no me habla

Se queda inmóvil en un punto incierto,

la mirada perdida, masculla su miseria,

hace como que no me oye, me ningunea.

Es una estatua en la cima de un monte,

un dije de plata en el cuello del asesino,

un rostro barbudo en una pared orinada,

un sándwich en la basura, un lavabo sucio.

No me habla, y lo que murmura me traspasa

como al viento invisible, sin daño alguno.

Sigue apoltronado, sin mí como un pastor

que ha dado su oveja por perdida.

Cristo me ha negado más de tres veces

porque mi fe es un perro enjaulado

que ladra y no muerde, un álamo podrido,

una profecía falsa, una enfermedad

degenerativa. Cristo no me oye:

está embelesado con los buenos,

con las moscas muertas que todavía

no lo saben. No me atiende, aunque

toco a su puerta como un niño

disfrazado, con mi bolsa de dulces

en la mano tendida. Si no me abre,

tiraré la puerta a patadas, lanzaré

huevos hediondos a su ventana.

Cristo no quiere oírme, pero no me odia:

es solo que está crucificado.


domingo, diciembre 12

El Cristo de la Columna

Para Amaranta



Hay en una ciudad entre las montañas

un Cristo con las costillas rotas:

pertenecieron a alguien que bebió

y partió el pan como cualquiera.

La madera del Cristo es preciosa

en el mismo grado que su dolor:

su torso enjuto, la boca torcida

por los pecados que hemos coleccionado

quienes no atendemos aquello de la culpa.

Un Cristo astillado besa el suelo

con sus huesos: los moretes de su rostro,

las llagas, los pies negros hechos trizas

desencajan el viento claro de un templo 

bajo la custodia de San Martín de Porres

y San Francisco de Asís, que amaban

y eran amados por animales.

Un atribulado Cristo mal comprendido.

Un sucio Cristo azorado de su divinidad.


miércoles, diciembre 8

Persistencia

Ando por el mundo
como una mosca
que regresa
al mismo lugar
donde una mano
desenfadada
la espanta.


sábado, diciembre 4

Un whisky a la salud de los que vienen y se van

Hoy has conocido a varios poetas extranjeros,

has tomado la copa, se han regalado libros.

Cualquiera diría que el tiempo fue aprovechado,

pero te sientes verdaderamente vacío.

Es como si en lugar de pulmones hubiera

una habitación sin pintar y con ecos,

algunas arañas muertas.

No sé si la poesía sea sagrada, como ha dicho

un amigo. No sé si haya que resguardarla

de charlas improvisadas. Aunque seguro

está donde la gente se divierte.