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jueves, diciembre 5

Mamá cierra y abre cajones

Masculla sus maldiciones
en la otra habitación, ha apagado la tele
pensando que está sola
y mientras esculca los cajones
dispersa murmullos al viento en resistencia.
Oigo cómo le vienen a la memoria
asuntos pestíferos, cómo sale de su boca
el bestiario de un libro de horror.
No estoy en condición de negarle este placer
de revivir lo olvidado
como si saqueara una tumba,
de tachar la noche con más noche.
Mi madre ahoga sus palabras
como balines en un blanco de feria,
es su momento de golpear lo que la ha golpeado,
de estropear el día como si lo apaleara con una escoba
para respirar polvo.
Sus palabras rondan como aguijones
mientras abre y cierra las puertas del clóset
donde le aguarda un monstruo de cien ojos
al que intenta forzar por el desagüe
del lavabo.


viernes, mayo 24

Botella de Coca-Cola

Nos acompañaste a evadir junturas en las banquetas
para no pisar el pasto, en los partidos de futbol
donde te imaginabas portería
entre automóviles de ojos amarillos,
cuando destrozábamos
tu pecho sin etiqueta
en el paredón del patio.
Un bullicio de burbujas escareaba la garganta
con destellos de helada efervescencia.
Estuviste allí, botella de vidrio con sangre negra
cuando los vecinos rompieron nuestro teatro de títeres
en el que actuabas tu papel,
cuando salíamos de la ciudad
sin pensar en el regreso.
Ahora, entre tus pequeños cambios
te anuncias sin azúcar. ¿A quién engañas?
Alguna trampa estás haciendo
como la vez en que afirmabas curarlo todo
y no fue cierto.


martes, febrero 27

Empatía de lo semejante

Cabeza abajo, las cosas
presentan su desafío: o me fío
o las dejo con sus códigos en clave
decir disparates porque no entiendo.
No me conmueven, no son
principio que pueda tocar,
se vuelven en mi contra si las persigo
como a formas separadas de materia.
Cosas: hagan algo, estiren sus átomos
o aprendan de las motas de polvo,
sean lo que duele y trajina, se alegra
como ahora mismo en su papel
de libros tocados por libros,
cuerdas flojas en una guitarra.
Con ustedes, avión transformer,
jarroncito kintsugi, me detengo
a saber qué sienten
o a no sentir si esto les ocurre.


sábado, enero 27

Carretera

Un cúmulo de arena espera a ser limitado 
para limitar la vida cotidiana de alguien desconocido. 
Un autobús Flecha Amarilla señala con su logo 
hacia un pueblo donde alguna vez anduve entre sus cuevas. 
Escucho canciones rancheras. 
A la izquierda venden navajas para gallos. 
Una barda con la pinta del Partido Verde dice “renace”. 
Alguien vende aire luego de acondicionarlo. 
Un tope mueve el teclado y me hace escribir con errores 
que quizá sean simplemente errores. 
Porque una vez pasado el poblado, la carretera se vuelve un lugar 
para acelerar, si no fuera por una lenta camioneta que “Se vende”. 
Dice Aristóteles sobre la naturaleza de las cosas. 
Estamos a punto de atravesar por en medio una montaña. 
La camioneta lenta nos rebasó para desacelerar después. 
Un motociclista nos rebasó por la derecha. 
Si desviáramos nuestro camino podríamos llegar a El Barro. 
Hay más y más agave hiriendo con sus puntas el aire. 
Vacas contemplan el paisaje, vacas flacas y deslucidas. 
¿Es tiempo de vacas flacas? 
Porque los cables eléctricos son sostenidos por gigantes de metal 
sobre las montañas. 
Nopales, hierba seca, mezquites, monas de caña al paso. 
Los verdes parecen infinitos. 
En la cima de la montaña roja, los zopilotes. 
Una cruz rosada en medio de la carretera nos avisa. 
Porque un cementerio de automóviles. 
La irregular carretera se tiende para conectar 
un punto con otro. 
Porque maquinaria pesada, un lugar llamado Pocitos. 
Naves industriales, caña seca, lista para la cosecha. 
En el cristal polarizado el cielo se mezcla con los brillos 
del tablero. 
Un crucero. 
“Se venden muelles”. 
“Urgencias”.

viernes, julio 28



Acusaron a un poema
leído entre cervezas
de acartonado.

Un poema de cartón:
me agrada,
es reciclable.


domingo, febrero 5

Salvado

Estuve aquí de pie

esperando una visión

que no era para mí.

Ya se habían repartido

y sólo me quedaba

arrebatar la tuya.


jueves, octubre 27

Yo solo soy un observador de las estatuas

Un pájaro caga el hombro del militar

que está a punto de jalar del gatillo

y no lo hace porque es algo duro.

¿Difícil ser de bronce?, le pregunto

y parece que va a contestarme

con un eslogan propagandístico.

Como el pájaro que se aleja,

dejaré una advertencia.