Se extiende
como una raíz
desde mi planta
izquierda
hacia la arborescencia
de mi esqueleto. Este
dolor.
Impide
caminar.
No es lo suyo
sino
estar como muerto
en el medio
de la cama,
en la silla plegable
que cargo
a cada paso corto.
Estar como muerto
en el borde de la cama
a esto de las 5 am
para resarcirle
a mi pierna su existencia,
su parte
en la arboladura.
Qué haría sin ella,
lo que en este momento
reclama. Debería
caminar como si nada,
hacerse la tonta
mientras
imita a la pierna
derecha. Pero
no crea
su vacío,
algo rugoso
del tiempo. Ay,
pierna, decidiste
echar raíz
en lugar de danzar
el tiempo
que nos queda.
Ponte trucha:
no quiero seguir
echándote
a un lado
para
avanzar
quién sabe
adónde.
x
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