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sábado, agosto 1
Los perros – Mario - prepa - cementerio
martes, julio 28
Los perros - Mayra - a Mario
Querido Mario, he recolectado para ti una colección de
escarabajos para que te regodees con tus conocimientos sobre esa obra de Edgar Allan Poe que
no has dejado de alabar las últimas semanas. De niño la leíste en su versión de novela gráfica, así que retienes la impresión de su dibujo con una nitidez que hasta a mí me has transmitido. Al investigar en mi manual de entomología me encontré que el más parecido a su imaginación sería uno del género Chysina, en particular la familia de los llamados en inglés golden scarabs, cuyo brillo refiere al de ese metal tan añorado por los alquimistas. Como no existen realmente escarabajos con la figura de una calavera en su tórax, Poe añade al amuleto una característica que en la vida real corresponde a una mariposa africana, una Lepidoptera también llamada esfinge calavera o esfinge de la muerte: la Acherontia atropos.1 Su patrón de escamas produce un efecto visual antropomorfo, una figura solo de interés para los humanos porque refiere a nuestro cráneo. También podría ser la calavera de un perro ─o de una perra─ si el observante fuera un canino con el mínimo interés de espejearse. Por suerte, a los Canis lupus les da lo mismo esta especie que vive entre dos y ocho semanas y llega a alcanzar los 13 centímetros y hasta los 3.5 gramos, lo que la convierte en una de las polillas más pesadas del mundo. En eso se asemeja a ti, Mario, que eres uno de los coleópteros más pesados que he conocido. ¿Todavía escupes frases en alemán a diestra y siniestra, mientras juegas al póker con los otros perros? Me han dicho que es así como te delatas con una buena combinación, pero comprendo que para ti sería un desperdicio perder la oportunidad de citar a Goethe.
La superstición sobre su poder de presagiar una tragedia no solo ha fascinado a escritores como Poe, también ha incidido en la iconografía del mundo cinematográfico si consideramos el cartel de El silencio de los inocentes, donde esta peculiaridad se exagera en aras del diseño gráfico. Es una tontería tomar esta imagen sugestiva como un elemento del mal agüero. Si es que representa a los muertos bien podríamos interpretar su aparición como un simpático guiño de nuestros ancestros: ¿por qué no sentirnos honrados de recibir un mensaje del más allá? Pero nuestras posibilidades de observación se reducen drásticamente porque aquí no estamos ni en las márgenes del Hudson ni en África ni en la selva amazónica. De cualquier manera, quizá Poe consideró que la calavera de esta polilla bien podría dibujarse en su escarabajo dorado para otorgarle un elemento simbólico y al mismo tiempo circunstancial, sin obligación de atenerse a otra normatividad que la evocada por la fantasía. Tratando de informarme más, descubrí que Maureen C. Mabbot, un gran especialista en Poe, encuentra una relación sugestiva entre el escarabajo de oro y la Acherontia atropos,1 el enigma central de "La esfinge", un relato breve y poco conocido del romántico norteamericano. Como en la literatura, he aquí que cada quien es agente de su diégesis o, para decirlo en términos que entiendas: su entorno de ficción. Estoy casi segura de que concordarás conmigo en que lo de menos son los hechos verificables, si me baso en ese juego infantil con que suelen retarse Carlos y tú al ensayar versiones de lo mismo.
Prefiero no extraviarme en el laberinto de las influencias. Solo quería quedar bien contigo que te las das de erudito. Sé que te encantará mi
colección de escarabajos recolectados en El Palomar porque el de Poe te transfiguraba la expresión hasta lo sublime cuando lo nombrabas (¿Te gustó mi alusión romántica, literato? Sé que
no te late que te digamos así porque suena impostado, pero te lo digo ahora
mismo porque, aunque esté feliz gracias a ti, también tengo reclamos que
hacerte por lo distante que te has comportado la última semana.). Seguramente por todo lo que lo rodeaba: la aventura, el enigma, el
desciframiento a medias.
En El Palomar (adonde no has querido
acompañarme por temor a que mis padres sepan de tus intenciones
eróticas, descubran que no tienes ni un centavo y que, para colmo, estudias
Letras) no hallé muestras de la esfinge calavera, porque ya he dicho que no forma parte de la fauna local, pero, en cambio, me hice de un magnífico ejemplar de Strategus aloeus, coloquialmente
llamado escarabajo rinoceronte por su evidente parecido con este animal
africano. Pero no, disiento: el mamífero Ceratotherium simum y sus derivados
son, al contrario, reflejos imperfectos de este insecto fenomenal. Y ese eres tú, querido amigo, nada menos que un insecto que con la lengua embiste, aunque para mí tu lengua es una cosita que va más allá de los idiomas y tus dardos verbales: conmigo se vuelve ligera y húmeda.
Mario, no tienes idea de lo contenta que me siento con el
kit para atrapar bichos que enviaste a mi casa. No me importa que sea para
niños y venga en color verde olivo. La red y los sujetadores han sido
especialmente útiles con las mariposas, y ciertamente con los escarabajos. Sé que fuiste tú quien lo envió, aunque
carece de remite. Debe ser una de tus jugarretas cuyo único propósito es movernos
el piso. Me recuerdas aquella ocasión no muy lejana en que recibí telegramas
todos los días. No eran más que citas de libros que yo les había comentado
haber leído. De verdad que te pasas, Strategus aloeus, con tus
puntadas.
1 Poe utiliza la taxonomía del Synopsis of Natural History (1839) de Thomas Wyatt que ayudó a compilar: Sphinx de la familia Crepuscalaria del orden Lepidoptera y de la clase Insecta.
(Mayra)
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domingo, julio 12
Los perros 12 07 2026 - por Mario
Sostiene Martha en sus manos indulgentes un ejemplar de La casa que arde de noche. Estaba arrumbado en el cajón de un buró de madera rancia pintada de amarillo que Carlos había traído de la casa de su tío Neo, hermano de su abuela. El mueble no había resultado atractivo para quienes se apuntaban como los herederos, comenzando por el cuñado de su papá, obsesionado con escarbar el huerto de cítricos y los rincones de la casa como alma que persigue al diablo. Raspaba y escarbaba y raspaba y esculcaba los cajones, le cuenta Carlos, y además se había comprado un detector de metales con el que desenterró una moneda de cobre que data de 1810. Una moneda de Cocula. Los únicos tesoros que hemos ido descubriendo, reacciona Martha con cierta arrogancia, son aquellas vivencias que ordenamos en papeles como a los colores en un cubo de Rubik, aunque, debido a tu deficiente paciencia tú nunca has resuelto el acertijo, tontito. Pero escucha, en lugar de dolerte por algo que nunca enterraste y que ha de estar maldito, qué nombre tan intencionadamente espurio y a la vez melódico, Esperia: te llena los oídos con un efecto sonoro imprevisto y te sumerge en la placidez exhausta de una habitación con las sábanas revueltas...
(Mario)
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lunes, julio 6
Los perros 06 07 2026 Palimpsesto
Escribo lo que seguro reescribiré después: un palimpsesto. Tan literaria es esta palabra que la omitiré en lo
futuro. Tan simbólica y, a la vez, tan densa y material. Imagino que además alude al cesto de basura
donde acabarán la sucesión de borradores. Palimp-sesto. ¿Y qué con el palimp? Es decir, no que lo de sesto tenga el significado
que le estoy dando en mi retrógrado acto asociativo, pero, incluso así, con la
ignorancia ofuscando mis neuronas, ese palimp semeja una mínima vivencia
sonora: ir de la pe a la pe luego de ese lim que bien podría ser un limbo, algo
todavía inacabado, algo lo suficientemente inocente para no ir al infierno y lo
suficientemente maculado como para no gozar del paraíso, un limbo que no
importa ya si alguna autoridad ha desechado o no: es decir, ha hecho de ese
concepto un palimpsesto, una reescritura, un borrón y cuenta nueva para inducirnos
a los extremos: o al cielo o al infierno, o a la gracia o al desastre eternos. El palimpsesto: el limbo p'al cesto. Está allí, haciendo de las suyas con
su combinatoria de fonemas. Al final queda la o: redonda, vacía, imposible como un agujerito.
(Cualquiera)
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