miércoles, noviembre 5

Correr entre las piedras

Si yo quería nada más correr, correr
en las márgenes del río de Santa Rosa de Lima,
resbalando mis pies descalzos por la tierra húmeda,
correr para no desmoronarme
entre raíces y lianas, correr aunque me cayera
hacia la corriente fina y sibilante, no pensar
sino en seguir corriendo con el sol apretando para abrirse paso
entre dos higueras y tocarme con sus dedos amarillentos
como los de un fumador, como tú, Benigno, cuando encendías
tu mirada triste, ese hilito de humo, correr
como si deseara fundir los amaneceres en una bala, correr
para salir de la boca del lobo, correr por las arrugas
del agua como las que yo tendré cuando seas,
Benigno, mi signo entre las lajas que se llaman como a mí
me viene en gana, yo que soy Petra, pétrea columna veloz, correr
por sobre lodazales correr hacia atrás, hacia
el tiempo en que mi sangre todavía
no alcanzaba a ser hierro ardiente en el deseo y los estertores que son hijos,
en los hijos donde ya no alcanza la saliva de todo este río para nombrar,
en los hijos que me pusiste enfrente, Benigno, sin poder huir, correr
como un río de largo alcance bajo las estrellas que adivina
porque hay que correr, correr, Benigno,
pisando algo como manos que salen de la tierra
detenidas en el grito, en la advertencia.


martes, noviembre 4

Desdoblamiento

Hace un momento, un par de horas, un poste inclinaba su sombra hacia el café donde nos encontrábamos. Como si su intención fuera unir los pedazos de todo aquello que tocaba por encimita. En su torso, si es posible que tenga uno, pero démoslo por sentado, la maquinaria de un medidor cumplía su propósito: escuchar el ritmo, los acentos del paso sanguíneo de la luz invisible. Escuchar: cómo el poste erguido transporta energía a una velocidad que rebasa nuestros cálculos. El hecho es que alrededor de las 12 de la noche el poste se iba extendiendo hacia las estrellas ocultas por el esmog, pero su sombra, en un ángulo de 90 grados aproximadamente, parecía caer con toda su negación sobre la banqueta donde mi interlocutor terminaba su cigarro, como si otro cigarro gigante intentara apropiarse del fuego. Un titán de sombra escapado del poste gris para emboscarnos con un tema liviano.