viernes, mayo 29

Las palabras de un árbol

Un árbol sostiene en la punta de su índice y pulgar
la palabra caracol. No entiendo por qué
y quizá debí preguntar primero
antes de que el dueño del café irrumpiera
dónde comenzar a contar el tiempo
en que un roedor lo recorre
como un adjetivo a un sustantivo huidizo
por razón de un verbo. Tal vez
el árbol dice algo oculto en mi propio árbol de venas
y la pregunta debiera ser a mi propio organismo
si es que al fin tengo una pregunta (entre paréntesis
pondría los signos de sus ramas). Tengo miedo
de que esto resulte demasiado abstracto
para un corazón específico, para un aletear de conjugaciones
en subjuntivo, en aoristo, en un idioma extraño
que no termine por situarme en un espacio atónito,
un cruce antagónico de caminos.
Pero el lenguaje de las ramas no ha de ser irse por las ramas
como el roedor que agita su cola y salta
al cable de la luz. Ni la luz del árbol es la del cable,
ni la luz del alma de la música desafinando
a través de los barrotes de la ventana
donde cinco personas dibujan su propio árbol
de verbos y sustantivos, de adjetivos quebradizos
y articulaciones para que adquieran movimiento
y reacciones a la música del violín
cada vez
más desafinado. Pero poco importa
si el miedo da al traste con el árbol y sus ramas
y el roedor que ya debe estar asomándose
por una grieta de la banqueta,
o el violinista que no estaría aquí
de no ser por las palabras del árbol
que se agitan con el viento de la charla
de todos los que aquí
intentan o se figuran que sus palabras en verdad
traspasan el viento y se anidan o aniquilan
en los oídos verbales.

viernes, mayo 22

Autobús

Una especie de volante tal vez un carrete
aupado a unos cables eléctricos
me lleva a la sensación
de que alguien, en un autobús imaginario
conduce al cielo, ya no por escaleras
ni luchas con un ángel pendenciero,
sino que, ya domado lo divino,
nos aligera el paso haciendo de cuenta
que nos traslada al mediodía
de un destino no solo con balcones, raíces y 
un futuro holgazán.
De todas maneras, uno avanza
a paso rápido por la banqueta y deja atrás
al ángel con las monedas en la mano, los recortes de cielo
y las nubes fantásticas.


viernes, mayo 15

El coloso de la esquina

Yo me pregunto, aunque
estoy cansado de hacerlo,
si vale la pena que este árbol
siga de pie con su talante desahuciado,
sus raíces podadas a la manera de la esquina
donde la gente
pasea con los oídos cubiertos de música
a sus perritos. En cambio
las flores amarillas en otro prado
no han sido mutiladas como los brazos
de este coloso que semeja
un puerco espín con las puntas recortadas,
una llamada de auxilio
fotografiada en el momento más dramático.
No sucede igual con las flores amarillas
infestando jardines como roedores
los huecos del árbol ya secos:
pequeñas como uvas, crecen donde quieren
y a veces la gente las pisa sin mayor efecto
o los perros las husmean
antes de ser jalados sutilmente por la correa,
mientras ellas, que no saben despedirse, tiemblan
de alegría cuando el viento
intenta borrarlas.

jueves, mayo 14

Un reel compartido por mi hermana

A Lili


Un videopoema que hago correr una,
interminables veces. Lo presentó mi hermana
en su clase de italiano y va describiendo
su aprecio por el cine.
Un vericueto de imágenes que tomó en Roma,
una cadencia que parece caminar aprisa
junto al beso furtivo de unos jóvenes,
un actor famoso, un local de espresso,
hasta detenerse
en la pose de lucha de un romano
con máscara del Santo
que resulta ser su amigo,
luego
hacia la estación de trenes de la ciudad antigua.
Un chorro de imágenes en blanco y negro
que me dejan con hambre de un correr
viejas y nuevas diapositivas
como si estuvieran ligadas
a una tarde imprevista
y se ocultaran en la noche de este reel,
con los subtítulos desvaneciéndose
sin que importe comprender.