viernes, mayo 15

El coloso de la esquina

Yo me pregunto, aunque
estoy cansado de hacerlo,
si vale la pena que este árbol
siga de pie con su talante desahuciado,
sus raíces podadas a la manera de la esquina
donde la gente
pasea con los oídos cubiertos de música
a sus perritos. En cambio
las flores amarillas en otro prado
no han sido mutiladas como los brazos
de este coloso que semeja
un puerco espín con las puntas recortadas,
una llamada de auxilio
fotografiada en el momento más dramático.
No sucede igual con las flores amarillas
infestando jardines como roedores
los huecos del árbol ya secos:
pequeñas como uvas, crecen donde quieren
y a veces la gente las pisa sin mayor efecto
o los perros las husmean
antes de ser jalados sutilmente por la correa,
mientras ellas, que no saben despedirse, tiemblan
de alegría cuando el viento
intenta borrarlas.

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