Ha de estar mejor aquí que crucificado:
Jesús anda por tu boca como en un tour
cuatro estrellas, señala con el índice y ríe
de esas bromas que llama pecadores.
No deja para mañana lo que puede hacer hoy:
convierte el vinagre en vino de altura,
el mismo con el que celebró a los novios
que luego se fueron cada uno por su lado.
Aquí se explaya sin reservas sobre su amigo,
la peste de Lázaro cubierto de harapos: Lázaro
es sonoro y había de volver como un espectro macabro
para asustar a las palomas.
Jesús es una bacteria entre los dientes,
el bermejo en las encías.
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