Ladridos de perros se pierden
en una calle húmeda.
Las campanas del templo
y las del camión de la basura.
El aleteo de un tordo gris
intenta atravesar la puerta de vidrio,
atrapado en la habitación.
Con la boca reseca,
una chicharra en los oídos,
las venas atrofiadas
por pensamientos espesos,
busco quién me salve, pero sé
que nadie acudirá.
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