domingo, julio 18

Ruidos extraños

Vivo entre cadáveres, han aprendido

a sonreír frente a la adversidad.

 

No hablo de ellos en público, ¿a quién

le cuento que golpean las puertas

como enterrados vivos sus ataúdes?

 

A medianoche quieren verse

en el espejo: no los refleja.

 

Observan a las visitas

como a peces fuera del agua.

 

Les he pedido que se escondan

si timbra el cartero, el vendedor de agua

y hasta los testigos de Jehová.

 

La señora que barre la calle

pregunta por qué tras la puerta

suena algo como crujir de huesos.

 

Por lo general, me obedecen

y no hablan durante la cena.


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