Ahora comprendo por qué los
vivos llevan flores a las tumbas
de sus muertos. Mejor situar a los idos en
una zona sin riesgo donde los creamos felices a
nuestro antojo, acertando en aquello que
nunca consintieron, escuchándonos como lo evitaron en cada
ocasión, actuando el viento a su
favor entre las flores para descanso nuestro. A qué andarlos cargando como
un bulto hediondo en las espaldas del alma, a
todas horas.
M 31 08 13
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