Algunos escriben para un público
cerrado como un pomo de veneno, otros buscan perforar con el filo de
un carbón el oído de hule de sus críticos o incendiar a uno que otro fan, inmisericordes ante los silencios innecesarios. Aún
hay quienes prefieren ensordecerse como choferes
habituados a las sirenas de sus ambulancias.
M 14 09 13
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