lunes, septiembre 16

Deshacerse, irse

Una serpiente envenena mi corazón como a una manzana que nunca estuvo sana. No hay sorpresa en la boca, tan aturdida está y no siente sino la rabia que ya carcomía los puntos muertos. Ni el viento responde en medio de este desangrado desierto que se extiende desde el pasado remoto hacia un futuro irremediable. Irse es lo de menos, impera la ausencia del fruto deseado hasta cierto punto y un fastidio después, de vez en cuando, por lo no saboreado con furia, lo no abrasado, lo abandonado a su naturaleza.

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