Quién dice, Vitrubio,
si los metales de la tarde escuchan los trinos de las estrellas de siete puntas.
Mejor entiérrate en un bosque encantado de no pertenecer. Entre alondras,
serpientes y eucaliptos, despeja de tu mente la caries caminando sobre las
cabezas de mis enemigos los guardianes del oro pulcro y bruto. Detrás del
arcoíris, una melodía de puentes.
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