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martes, julio 28

Apuntes para Los perros. Invocación del personaje Eloy

La intención de estas líneas que escribo a medio vestir ─al salir de bañarme y ponerme crema en el cuerpo entero─ es invocar al personaje de Eloy. Lo he dejado en un rincón de la casa, recargado en la pared, con los párpados cerrados por el placer de fumar su puro de tabaco cubano, su pipa. Eloy es moreno, bajito, cejas gruesas, ojos ávidos e intensos, sobre todo cuando habla de literatura. Admira a José Luis Cuevas, de quien ha tomado el gusto de trazar personajes oscuros, tenebrosos. Cuenta que una vez mató un gato negro en sus rodillas, clavándole un cuchillo de cocina, pero nadie le creemos del todo. En la casa no se mira ningún gato, es verdad. Le gustan las mujeres que pueden retarle. Martha le gusta, pero la considera inalcanzable, no por bella, sino porque anda o medio anda con Carlos, pero también porque es una narcisista, como él. Eloy es un padre joven, aunque haya conocido a su hija cuando su ex pasó delante de nosotros en el café Don Luis. Ese lugar que solemos frecuentar porque huele a españoles exiliados y patriotas. El café es bueno y nos gusta charlar con Don Luis. Pequeño, en Chapu, con unas cuantas mesas dentro y fuera. El café Don Luis es una de nuestras paradas oficiales, de hecho, lo preferimos al Madoka, donde parece haber una generación inamovible de viejitos jugando ajedrez, aunque lo respetamos porque Don Polo Ontiveros, nuestro profe de filosofía, es uno de sus parroquianos. La Fuente nos agrada, pero mucho más Los Molachos. Quizá Eloy prefiera sumergirse en el bar que le gustaba a Ángel, cuyo nombre no recuerdo. Ángel sí puede entrar, algunos aspectos de su personalidad, para enriquecer a los personajes. ¿Eloy es un pintor que rechaza el arte de las ideas? No exactamente, sino que prefiere el arte concretado en los materiales. Pero Los perros es también una novela del proceso, si bien el concepto, espero, es el zumo que podemos exprimir de los hechos, las acciones de cada personaje. La casa no es un concepto, está viva, parece querer recordarnos Eloy, quien hace maquetas para los estudiantes que viven frente a su casa. Cada perro tiene su casa, pero en la casa del poeta Edgardo coinciden todos o varios por temporadas. Lo cierto es que ningunean a Edgardo por llorón, y Eloy es uno de sus grandes críticos, quien no confía en sus intenciones, ni en las de José. Eloy es astuto, pícaro, y sabe de qué lado masca la iguana cuando se trata de farsantes, según suele decirnos a los perros. Eloy huele a la distancia a los pendejos. Eloy tiene una personalidad fuerte, es seguro de sí mismo, camina con gran confianza, golpeando el suelo con los pies, incluso los autos se detienen cuando cruza una avenida para dejarlo pasar. No así sucede con Carlos o con Mario, que luego tienen que torearlos porque hacen como que no existen. Esta puede ser una escena. Eloy debe vivir gracias a las escenas, a sus actos, a sus palabras lapidarias. Es la conciencia de los perros, su motivación, ya que ha vivido más que todos ellos (como muestra su paternidad a los 17). Eloy es un artista al que poco o nada le importa ser relevante o sobresalir. Por otro lado, el pintor tótem de los perros es Waldo Saavedra, a quien Eloy mira con recelo, pero que en el fondo le cae bien porque es sincero, aunque sus obras ganen dinero. Eso no le importa a Eloy, sino la sinceridad del arte. No ser famoso, sino la densidad de aquello que se hace, lo genuino. Eloy no busca el reconocimiento ni siquiera de sus pares, es un artista que se sumerge en sus obsesiones, alguien que quiere pasar desapercibido, por ejemplo el mural que se atreve a pintar en el panteón de Mezquitán debido a un reto que hizo con Mario jugando cartas. Lo borraron cuanto antes, pero ahí quedó la impronta del mural con los perros sarnosos que nadie comprendió éramos nosotros. Eloy da importancia a la escritura, pero sobre todo a la lectura: es omnívoro, consume libros como nadie. Eloy es, más que enigmático, sarcástico. No da lecciones, vive como quiere. En fin, invoco al personaje Eloy. Quizá ya sea hora.