Desde que tiró
del hilo de este su títere fabricado
con favor de las estrellas
la gente pensó que de verdad hablaba,
que ando sobre mis pies
y ahora sé que no, que alguien más
movía mi boca y me empujaba a recorrer las calles
de la ciudad humeante donde se reflejaban
las suelas de mis mocasines que nunca
tocaban el piso. No es que fuera liviano
sino que él me sostenía como lo hace con el vapor
y ahora que he perdido su soplo vital, esa farsa salivosa
ando desperdigado, con los miembros en el suelo
y todo porque tropecé con los hilos y me di cuenta
de que alguien más me alzaba como el viento
a la pluma de una paloma enferma, contando
mis historias antiheroicas y soltando la ceniza de su cigarro
para ver si fuego salía de mis fibras
o al menos me daba cuenta de que algo
invisible se reía a mis espaldas, o allá arriba.
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