¿Qué dicen los árboles?
Por más que he intentado
escuchar sus balbuceos
con mis oídos ruidosos,
termino por recargarme en uno de
ellos
llamado
ailanto, o ceiba, o naranjo.
Me llaman con las claves extrañas
que lleva el viento en sus manos
roñosas,
con sus hojas que me rozan un
hombro
o se clavan en una espina
de sus propias ramas o ajenas.
O al menos yo presiento que me
llaman
y no sé si todo ocurre dentro de
mí,
como el espacio y el tiempo.
No hay nada que agregar al
lenguaje
de los árboles enfermos.
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