miércoles, septiembre 13
Concepto
A mis anchas, brazos y piernas
invisibles se alargan o estrechan
según considera la sutileza.
Traigo a cuento que no cuento.
Nada soy: una línea punteada
se va difuminando
en la mente de las cosas.
viernes, septiembre 1
Nadie me ha arruinado
Desde que tiró
del hilo de este su títere fabricado
con favor de las estrellas
la gente pensó que de verdad hablaba,
que ando sobre mis pies
y ahora sé que no, que alguien más
movía mi boca y me empujaba a recorrer las calles
de la ciudad humeante donde se reflejaban
las suelas de mis mocasines que nunca
tocaban el piso. No es que fuera liviano
sino que él me sostenía como lo hace con el vapor
y ahora que he perdido su soplo vital, esa farsa salivosa
ando desperdigado, con los miembros en el suelo
y todo porque tropecé con los hilos y me di cuenta
de que alguien más me alzaba como el viento
a la pluma de una paloma enferma, contando
mis historias antiheroicas y soltando la ceniza de su cigarro
para ver si fuego salía de mis fibras
o al menos me daba cuenta de que algo
invisible se reía a mis espaldas, o allá arriba.
Un hombre aislado
El vidrio de la mesa circular de hierro con florituras, el
vidrio de la mesa blanca refleja mi rostro que se ha ajado, que es mejor
reflejado a visto con nitidez. Me he declarado en
bancarrota. Mis arrugas, mi piel vaciada de la vivacidad que no hace mucho
dibujaba en mi rostro una sonrisa de sol, de llamarada solar, en este momento
se centra en la arruga dubitativa del entrecejo y se convierte en piedra fría. Te
contemplo como entonces, con tus cabellos negros y brillantes transcurriendo
hacia tus hombros y tu espalda morena clara. Claridad es lo que había en las pupilas
de tus ojos que parecían temblar como charcos tocados por las notas de una leve
llovizna de mercurio. Te extraño, quisiera salirme del cuerpo aprovechando los
orificios de mis poros, como un vapor que se alzara por entre las azoteas y
recorriera la ciudad polvosa y llena de odio y de rencores y de gritos de
desesperación ahogados en los autos y las gargantas. Te extraño. Si esa
cuestión del multiverso fuera factible, me tocó ser esa versión de mí en la
fragmentación, en el fracaso de lo uno que se deshace con un simple manotazo. Me
ha tocado en la habitación de este enfermo de segundos con prisa
insistir en las llagas del techo, en sus nervaduras que forman sombras
chinescas. Insistir en ver, sólo ver como a través de un caleidoscopio de
cristales transparentes. He vuelto al principio, pero no como era en ese tiempo,
sino como un hombre que ha perdido cabello, ideas, destellos. Estoy atrapado en
este cuerpo que venera el paso de los días en lugar de atraparlos y hacerlos
boquear hasta asfixiarlos y tragárselos como una ballena adormilada, con tan
sólo abrir la boca. Estoy como tirado en la orilla de la cama, embarrada la
cara de melancolías que se me pegaron mientras venía conduciendo a casa con los
dedos artríticos, robóticos, sobre el volante como si sostuviera un timón de
mentiras. Esto es llegar al sitio donde mis mayores estuvieron, donde rieron y
hablaban de enfermedades aparatosas y ruines, donde contaban chistes y fumaban
o bebían sin percatarse de que las estrellas brillaban igual que siempre tras
el resplandor de la ciudad y que sus cuerpos ocuparían ya no espacio compacto
sino dispersado en las raíces de los pinos en el cementerio o en el aire que
los demás dejan entrar por sus pulmones, sin saber que ese polvo es palabras y
quizá hasta astillas de tinta y de música que vibraron en labios insurgentes. Quisiera
que este vidrio circular reflejara un retrato falso, algo así como el comprado
en un supermercado o aquel que se escondió bajo la piel y ya no pudo salir.
miércoles, agosto 9
Los perros 09 08 23
Estoy acostada en el suelo, con los pies descalzos sobre la
cama. La sangre me circula mejor así, o al menos eso dice mi maestra de yoga. Mis
pies blancos y rosados en las plantas, suaves y chiquitos. Estoy pensando en
salir corriendo de lo aburrida que me miro en el espejo que deforma mi cabeza,
la crece hasta que alcanza la figura de una sandía. Sandía. San Día. Eso demuestra
lo enferma crónica que estoy por regodearme en mis propios pensamientos, que
como electrones se disparan hacia todas direcciones. Este es un juego de
palabras, este no. Eso es lo que me aterra: ser tan sólo palabras, un montón de
sonidos articulados en un idioma con once siglos de vida. Un idioma redundante.
No es el idioma del Dante, pero circula por mis células, atraviesa sus paredes.
Estoy recostada, con la nuca echada hacia atrás en el piso frío. Hacia atrás,
como si me amenazaran los colmillos de un perro furioso. Si
tuviera rabia esta pose sería natural, tensa como ante un vecino entrometido asomándose a mi ventana entreabierta. El
vecino es un buen hombre, nos vigila a todos con la dedicación de quien realiza
su oficio al extremo del detalle. Un vecino puede ser una hoja escrita con
tinta invisible, que aparece sólo porque siente la tensión del fuego, la
posibilidad de las cenizas. Un vecino es una corbata mal anudada, un trozo de
tela que robó el alambrado al pasar. Estoy recostada con los ojos abiertos como
dos latas de sardina vacías, todavía rojas por los restos de salsa de tomate. Y el olor que desprende mi cuerpo me recuerda que no
guardé el caldo de pollo y que las moscas se debaten entre su irresistible aura
pútrida y mis orines y mi mierda y mi sangre revueltos en el mármol blanco que
compré en la avenida de los Niños Héroes con la heroicidad de un adolescente envuelto en una bandera. Si mis amigos supieran que
intento borronear la trama con la que empecé este monólogo, de manera que mis movimientos no fueran los que he imaginado...
(Martha)
**
jueves, julio 20
Los árboles
¿Qué dicen los árboles?
Por más que he intentado
escuchar sus balbuceos
con mis oídos ruidosos,
termino por recargarme en uno de
ellos
llamado
ailanto, o ceiba, o naranjo.
Me llaman con las claves extrañas
que lleva el viento en sus manos
roñosas,
con sus hojas que me rozan un
hombro
o se clavan en una espina
de sus propias ramas o ajenas.
O al menos yo presiento que me
llaman
y no sé si todo ocurre dentro de
mí,
como el espacio y el tiempo.
No hay nada que agregar al
lenguaje
de los árboles enfermos.
miércoles, julio 19
HBO+
tropiezo con Gregory House.
Patina por el pasillo
como un niño
pensando en otra cosa.
Los dos caemos,
mi boca besa el piso.
El doctor me da una palmada
en el hombro
desde el que se apalanca
para incorporarse:
me deja tirado,
como a un automóvil
con la marcha
averiada.
lunes, julio 10
Escribo
No tengo cuidado de mí,
me importa nada si me rasuro,
si mi barba tiene un crecimiento volcánico
o se vuelca en breves retoños
que apenas asoman curiosos
son decapitados.
Soy el amo de la idea.
domingo, julio 9
Como fantasmas escabullidos de mis sienes
Una mula de hoja de maíz
me mira como si quisiera
saber qué estoy pensando.
Un venado aúlla sin cuernos,
un venado de flores y de peyote y
de vacíos
pequeñitos
que ya se fueron en mi mente a un
sitio
al que posiblemente no regresaré
a menos
de que sea necesario.
El camino del venado no es mi
camino.
Tampoco el silencio del robot
que desde el lugar donde debiera haber un corazón
lanza
luces amarillas.
Ni el del tren que ya no avanza
porque se caería del librero.
Quizá esté más cerca de ese gordo de tinta
que agoniza mientras lo miran los
perros,
babean.
Estoy atrapado entre libros
y sillas.
sábado, julio 8
Si me enseñaras qué es el verde claro…
Estaría dispuesto a socavar mis relojes
tirando de una cuerda
hasta que caigan árboles secos,
pasionarias, el animal destripado
en la carretera
donde mi voz tartamudea
al paso de rayas
intermitentes.
Si me enseñaras a no ensañarme
con el verde,
a liberar el
acelerador
y olvidar que un auto contra el
abismo
es un héroe incompleto.
Si me enseñaras a sacudirme el
peltre
de la ropa, la pólvora de los
dedos,
las ranas que saltan por las
nubes
a punto de llover biznagas.
Si me enseñaras a transformar
el pan en la misa de las gallinas
que corren alrededor de una serpiente.
Si me enseñaras a descubrir
lo que sobra debajo de la lengua
cuando se está callado tanto
tiempo
por hablar sólo con los árboles
mientras amarillean limones
y es tan fácil tocarlos para que
caigan
con un pequeño ruido como de
pasos
que no van a ninguna parte.
Si me enseñaras a convertir el
agua de Jamaica
en el olor del vino con sus violetas
al centro de mi
frente.
Si me enseñaras a volver atrás, al tiempo
de las raíces abrazadas con fervor a una
piedra,
a un ave lenta, a los restos de una
vaca
que alguna vez miró el lienzo de piedra
como si no pensara
más que en automóviles.
Antihéroe
No sólo no tengo
corazón de superhéroe,
tampoco quiero serlo.
Quizá más bien descubrí
que es imposible
traspasar los límites de una idea
sin sufrir pérdidas, grandes sacrificios
en lo profundo de la mente,
en ese revoltijo de trapos viejos
y joyas de utilería.
Otro piensa en mi lugar
detrás de la máscara, yo soy sólo
este cascarón de mueca feliz
con dos hoyitos
a través de los cuales mira
el mundo arder
como una hoja de papel
con un mensaje de amor
que ya no le sirve a nadie.
martes, junio 27
Arúspice
Estoy en busca de sangre fresca
─quizá la de una mosca─
que me indique el camino a seguir
en esta mierda de mundo.
jueves, mayo 18
lunes, mayo 15
Mal jugador
Y debía volver al lugar de donde partí
para hacerme la misma pregunta:
esa que me cruza la cabeza
como una varilla
al jugador del futbolito.
Me hace girar, sí, pegarle
en suerte
a una pelota que intenta
entrar en la portería
de una certeza,
pero soy pésimo en esas cosas,
en las certezas,
y entonces me dedico a girar,
a girar.
viernes, marzo 17
Esta vez nadie respondió
Arrojó la piedra tan lejos como pudo:
ni un silencio rancio se hizo en el aire.
Arrojó la piedra tan lejos que nadie cercano
la escuchó caer y hacerse pedazos:
silencios amortiguados por otros silencios.
La arrojó tan cerca que nadie pudo escucharla
sino a lo lejos, donde nadie la conocía.
domingo, marzo 12
He besado algunas veces a la belleza
He besado algunas veces la noche
en sus cuerpos indefinidos
como árboles contrarios
He besado cuerpos a punto de la ignición
arrebatados, pensativos, llorosos
He besado cuerpos en las palabras
hasta hacerse añicos frente a la luna de papel
estraza que mira como quien espera
He besado en tu cuerpo papeles humeantes
manos de sal, pupilas arácnidas y dulces
miércoles, marzo 8
Quisiera decirte
pero los sueños se han colado
en mis arterias con la risa fingida
de quien se oculta.
Los sueños no son más que materia
de fragmentos infelices renovándose.
No son más que ectoplasma en latencia,
acechando para dominarlo todo de su presa.
No son lo que piensas ni lo que quiero,
avanzan lento como una premonición
y se levantan sobre el pecho
del que no puede despertar.
sábado, marzo 4
Nadie sabe
o toma un atajo.
Presta atención
a la combinatoria
que va significando al paso
otra cosa.
Entre el decir
o dejar la mancha extenderse,
la ventaja
es un hipo interminable.
Como a quien no le importa,
vira al sentido contrario.
domingo, febrero 26
Los dioses me han abandonado
Es cierto
que yo los abandoné primero:
pero no
pensé que se irían alejando
como el
equipo de futbol de la cuadra
al ser goleados.
He
perdido quizá más de lo que he ganado,
pero es
terrible ver que el partido
agoniza allá al
frente,
entre la portería de ladrillos del
adversario
mientras me consumo en la defensa de nadie,
entre
autos que deben detenerse
para no
interferir el juego nulo.
jueves, febrero 16
De lo sublime
encontré varios filósofos.
Argüían su odio por los poetas,
aunque no a la poesía:
se les representaba
con una vestimenta sublime y brillante
─tal vez la imaginaban maquillada
como a un maniquí en la vidriera.
También había algunos poetas, maestros
de generaciones
que habían asistido como oyentes:
comenzaron a discutir
sobre el fin de todas las cosas.
Hablaban de la poesía verdadera
con genuina admiración, como quien
ha salvado su mundo
de un terremoto bestial.
Yo me escabullí por un claro que avizoré
entre unos y otros.