El infierno se había vuelto simple rutina.
No había salida. Pero otros vivían
cosas peores con los hermanos maristas.
Ya en tercero recuerdo a Chuyín,
un niño de dimensiones asombrosas
y solitario, al que le escupían toda clase
de apodos evocando a las ballenas.
O al Chencho, un chico de ademanes delicados
a quien el Cimarrón perseguía
y le agarraba la verga en el baño.
Gastaba los recreos en la biblioteca
leyendo los diarios del libertador Hidalgo:
pasaba a cuchillo 300 gachupines por noche.
La noticia me llegó una mañana de boca de un amigo
que alucinaba con ser director de cine.
Me dijo sonriendo: “¿Ya sabes qué le pasó a Chuyín?
Se encerró en el baño antes de venir a la escuela
y se pegó un disparo en la cabeza
con el arma cargada de su padre”.
Entonces pensaba mucho en el suicidio
sin atreverme a intentarlo.
Ese mismo día eligieron a los de mejor promedio
para acompañar a Chuyín en su descenso.
Regresaron contándonos cómo tardó horas
en morir en la sala de emergencias.
Yo escribí mi primer poema.
Y las cosas siguieron igual que siempre.
jueves, agosto 27
El Colegio Cervantes
lunes, agosto 24
Elías Nandino
Dos semanas antes de morir
mi primo Javier y yo lo visitamos.
A él le regaló Prismas de sangre
y a mí Erotismo al rojo blanco.
Al comenzar la dedicatoria
el anciano temblaba sobre la página,
de pronto se le venció la mano
con la que sostenía el ejemplar
y siguió escribiendo sin detenerse en el aire.
Arcángelo Corelli
Nací en Chapalita, mis padres compraron
un terreno en lo que fueran los márgenes
al poniente de la ciudad, construyeron su casa
entre los baldíos y calles sin historia donde crecí,
jugué a policías y ladrones, encantados,
erré frente a porterías de ladrillos,
pasé tardes enteras con el Tigre de Malasia,
di la vuelta al mundo en ochenta días,
guardé el secreto del Doctor Jekyll,
alcé el mosquete e hice rimas
con Cyrano de Bergerac,
miré al Chavo del Ocho en la tele,
al hombre y la mujer biónicos,
a la Mujer Maravilla, a un Batman
de Sock!, Pow!, Zok!
y jugué Atari hasta el cansancio.
Hacíamos fogatas en los baldíos
que luego serían las casas en construcción
donde jugar al escondite.
Peleas de hormigas, changai,
papalotes que alzaban el vuelo,
carritos y canicas en ciudades
invadidas por jedis y Transformers.
Los niños corríamos solo porque queríamos,
explorábamos fronteras prohibidas
en bici, avalanchas y patines.
Subíamos a los postes para divisar
invasiones de naves espaciales.
Hoy las casas parecen tapiadas con bardas
que impiden saludar a los vecinos.
Extraño mi calle Arcángelo Corelli
cuando estaba viva.
viernes, agosto 21
Juego
Al mencionar a los 43
lunes, agosto 17
A campo traviesa
a campo traviesa nos dirigimos a comer unos tacos.
domingo, agosto 16
Maquinarias
N 16 08 15
*
jueves, agosto 13
El papá de mi mamá
simplemente se soltaba a llorar: