viernes, agosto 21

Juego

Un restaurante al aire libre.
Sus hombres lo resguardan
apostados a lo largo del parque.
Pregunto por sus hijos
en lo que llegan los amigos.
Me muestra su celular:
un narco corta a un anciano
con su hacha, filmándolo
en el campo.
Desvío la vista, no veo el final.
Tampoco otro video
donde amarran a un individuo
una carga de dinamita:
regreso el aparato
con esto que más tarde
terminará siendo noticia.
Un comensal de la mesa vecina
me mira fijo, pienso que quizá
ha visto la pistola
en el cinturón de Charly.
Sus muchachos asoman
de vez en vez.
Al mencionar a los 43
discutimos:
lo escucho pero no puedo
creer lo que me dice,
alzamos la voz y
sabiendo que no
estaremos de acuerdo,
respiramos, nos calmamos:
uno de los uniformados
me mira como preguntándose
por qué el comandante
es tan benevolente conmigo.
Eso mismo sucedía
cuando de adolescentes
jugábamos futbol
en la unidad deportiva.
Yo era el que nunca entendía
cómo patear el balón,
mientras los amigos
me adiestraban por horas
frente a la portería,
sin resultados evidentes.

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