¿Qué dicen los árboles?
Por más que he intentado
escuchar sus balbuceos
con mis oídos ruidosos,
termino por recargarme en uno de
ellos
llamado
ailanto, o ceiba, o naranjo.
Me llaman con las claves extrañas
que lleva el viento en sus manos
roñosas,
con sus hojas que me rozan un
hombro
o se clavan en una espina
de sus propias ramas o ajenas.
O al menos yo presiento que me
llaman
y no sé si todo ocurre dentro de
mí,
como el espacio y el tiempo.
No hay nada que agregar al
lenguaje
de los árboles enfermos.
jueves, julio 20
Los árboles
miércoles, julio 19
HBO+
tropiezo con Gregory House.
Patina por el pasillo
como un niño
pensando en otra cosa.
Los dos caemos,
mi boca besa el piso.
El doctor me da una palmada
en el hombro
desde el que se apalanca
para incorporarse:
me deja tirado,
como a un automóvil
con la marcha
averiada.
lunes, julio 10
Escribo
No tengo cuidado de mí,
me importa nada si me rasuro,
si mi barba tiene un crecimiento volcánico
o se vuelca en breves retoños
que apenas asoman curiosos
son decapitados.
Soy el amo de la idea.
domingo, julio 9
Como fantasmas escabullidos de mis sienes
Una mula de hoja de maíz
me mira como si quisiera
saber qué estoy pensando.
Un venado aúlla sin cuernos,
un venado de flores y de peyote y
de vacíos
pequeñitos
que ya se fueron en mi mente a un
sitio
al que posiblemente no regresaré
a menos
de que sea necesario.
El camino del venado no es mi
camino.
Tampoco el silencio del robot
que desde el lugar donde debiera haber un corazón
lanza
luces amarillas.
Ni el del tren que ya no avanza
porque se caería del librero.
Quizá esté más cerca de ese gordo de tinta
que agoniza mientras lo miran los
perros,
babean.
Estoy atrapado entre libros
y sillas.
sábado, julio 8
Si me enseñaras qué es el verde claro…
Estaría dispuesto a socavar mis relojes
tirando de una cuerda
hasta que caigan árboles secos,
pasionarias, el animal destripado
en la carretera
donde mi voz tartamudea
al paso de rayas
intermitentes.
Si me enseñaras a no ensañarme
con el verde,
a liberar el
acelerador
y olvidar que un auto contra el
abismo
es un héroe incompleto.
Si me enseñaras a sacudirme el
peltre
de la ropa, la pólvora de los
dedos,
las ranas que saltan por las
nubes
a punto de llover biznagas.
Si me enseñaras a transformar
el pan en la misa de las gallinas
que corren alrededor de una serpiente.
Si me enseñaras a descubrir
lo que sobra debajo de la lengua
cuando se está callado tanto
tiempo
por hablar sólo con los árboles
mientras amarillean limones
y es tan fácil tocarlos para que
caigan
con un pequeño ruido como de
pasos
que no van a ninguna parte.
Si me enseñaras a convertir el
agua de Jamaica
en el olor del vino con sus violetas
al centro de mi
frente.
Si me enseñaras a volver atrás, al tiempo
de las raíces abrazadas con fervor a una
piedra,
a un ave lenta, a los restos de una
vaca
que alguna vez miró el lienzo de piedra
como si no pensara
más que en automóviles.
Antihéroe
No sólo no tengo
corazón de superhéroe,
tampoco quiero serlo.
Quizá más bien descubrí
que es imposible
traspasar los límites de una idea
sin sufrir pérdidas, grandes sacrificios
en lo profundo de la mente,
en ese revoltijo de trapos viejos
y joyas de utilería.
Otro piensa en mi lugar
detrás de la máscara, yo soy sólo
este cascarón de mueca feliz
con dos hoyitos
a través de los cuales mira
el mundo arder
como una hoja de papel
con un mensaje de amor
que ya no le sirve a nadie.
martes, junio 27
Arúspice
Estoy en busca de sangre fresca
─quizá la de una mosca─
que me indique el camino a seguir
en esta mierda de mundo.
jueves, mayo 18
lunes, mayo 15
Mal jugador
Y debía volver al lugar de donde partí
para hacerme la misma pregunta:
esa que me cruza la cabeza
como una varilla
al jugador del futbolito.
Me hace girar, sí, pegarle
en suerte
a una pelota que intenta
entrar en la portería
de una certeza,
pero soy pésimo en esas cosas,
en las certezas,
y entonces me dedico a girar,
a girar.
viernes, marzo 17
Esta vez nadie respondió
Arrojó la piedra tan lejos como pudo:
ni un silencio rancio se hizo en el aire.
Arrojó la piedra tan lejos que nadie cercano
la escuchó caer y hacerse pedazos:
silencios amortiguados por otros silencios.
La arrojó tan cerca que nadie pudo escucharla
sino a lo lejos, donde nadie la conocía.
domingo, marzo 12
He besado algunas veces a la belleza
He besado algunas veces la noche
en sus cuerpos indefinidos
como árboles contrarios
He besado cuerpos a punto de la ignición
arrebatados, pensativos, llorosos
He besado cuerpos en las palabras
hasta hacerse añicos frente a la luna de papel
estraza que mira como quien espera
He besado en tu cuerpo papeles humeantes
manos de sal, pupilas arácnidas y dulces
miércoles, marzo 8
Quisiera decirte
pero los sueños se han colado
en mis arterias con la risa fingida
de quien se oculta.
Los sueños no son más que materia
de fragmentos infelices renovándose.
No son más que ectoplasma en latencia,
acechando para dominarlo todo de su presa.
No son lo que piensas ni lo que quiero,
avanzan lento como una premonición
y se levantan sobre el pecho
del que no puede despertar.
sábado, marzo 4
Nadie sabe
o toma un atajo.
Presta atención
a la combinatoria
que va significando al paso
otra cosa.
Entre el decir
o dejar la mancha extenderse,
la ventaja
es un hipo interminable.
Como a quien no le importa,
vira al sentido contrario.
domingo, febrero 26
Los dioses me han abandonado
Es cierto
que yo los abandoné primero:
pero no
pensé que se irían alejando
como el
equipo de futbol de la cuadra
al ser goleados.
He
perdido quizá más de lo que he ganado,
pero es
terrible ver que el partido
agoniza allá al
frente,
entre la portería de ladrillos del
adversario
mientras me consumo en la defensa de nadie,
entre
autos que deben detenerse
para no
interferir el juego nulo.
jueves, febrero 16
De lo sublime
encontré varios filósofos.
Argüían su odio por los poetas,
aunque no a la poesía:
se les representaba
con una vestimenta sublime y brillante
─tal vez la imaginaban maquillada
como a un maniquí en la vidriera.
También había algunos poetas, maestros
de generaciones
que habían asistido como oyentes:
comenzaron a discutir
sobre el fin de todas las cosas.
Hablaban de la poesía verdadera
con genuina admiración, como quien
ha salvado su mundo
de un terremoto bestial.
Yo me escabullí por un claro que avizoré
entre unos y otros.
miércoles, febrero 8
Este no es un poema de amor
en la red
y no lo encontré.
Los mejores poemas son quizá de amor
aunque rozan la tristeza, hablan de aquello
que lamentablemente ya pasó
o no tardará en desaparecer.
Yo no quiero escribirte un poema triste.
No ahora ni después, cuando sin remedio
regreses a tu casa y a tus cosas,
esas que desconoces
como a ti misma.
Yo quiero que celebremos
con miradas extraterrestres
la vida que no se nos concedió,
la vida que arrebatamos, la que es más vida
al volver a lo nuestro,
a lo que amamos
pero no nos ama lo suficiente.
domingo, febrero 5
Salvado
Estuve aquí de pie
esperando una visión
que no era para mí.
Ya se habían repartido
y sólo me quedaba
arrebatar la tuya.
martes, enero 31
Canción de la muñeca y el pozo
Mira dentro
del pozo, un pozo
cerrado
hace mucho.
Un pozo abierto, un pozo
cerrado.
Mira hacia dentro
del pozo
la muñeca
rota
en el fondo,
la muñeca
de párpados
descompuestos.
Mira el pozo
con los ojos
cerrados.
Mira dentro
del pozo
las sombras
móviles
y
húmedas
(un ojo
de azul decolorado
ensaya su guiño
sin querer).
La muñeca
de rasgos
desvanecidos,
la muñeca no sabe
qué hace
dentro del pozo,
el pozo
abierto,
el pozo
cerrado.
viernes, noviembre 4
Como Superman
Dios convierte en cenizas
al que lo mira, habla con palabras
glaciares, mueve montañas inexplicablemente
e inunda ciudades
que lo han perdido todo, que perderán aún más.
Dios todo lo puede, como Superman.
Una paloma y un hippie le hablan al oído, una anomalía
que sus fans han llamado dogma de fe.
En su delirio, se disfraza del pordiosero que arrastra
tesoros dentro de un carrito de supermercado, de la niña
que nos ofrece fruta en la terraza del café,
del hombre que trabajaba de cocinero en un restaurante
y ahora cuida a su anciana mamá, pero al que últimamente
no se le ha visto por el rumbo.
jueves, noviembre 3
Los bárbaros
Nos llaman bárbaros.
Mordisqueamos el tiempo
como cangrejos
los huecos de las
piedras.
Nos llaman bárbaros en
la ciudad sitiada,
aunque otros a ellos
también les llaman
bárbaros. Vamos
por los márgenes
de calles como
nudos a paso de hormiga.
Somos los bárbaros y
hemos llegado.
Hemos conocido estas
selvas y sus huesos
antes de que nos
llamaran bárbaros.
Hemos presenciado cómo
se asentaban
aquellos que señalaron
nuestras trampas a lo
lejos.
Hemos llegado, pero
decidimos
no echar abajo las
columnas
donde se asienta su
monstruosa ciudad.
¿Qué sería de nosotros
los bárbaros
sin nuestra barbarie?