Nos llaman bárbaros.
Mordisqueamos el tiempo
como cangrejos
los huecos de las
piedras.
Nos llaman bárbaros en
la ciudad sitiada,
aunque otros a ellos
también les llaman
bárbaros. Vamos
por los márgenes
de calles como
nudos a paso de hormiga.
Somos los bárbaros y
hemos llegado.
Hemos conocido estas
selvas y sus huesos
antes de que nos
llamaran bárbaros.
Hemos presenciado cómo
se asentaban
aquellos que señalaron
nuestras trampas a lo
lejos.
Hemos llegado, pero
decidimos
no echar abajo las
columnas
donde se asienta su
monstruosa ciudad.
¿Qué sería de nosotros
los bárbaros
sin nuestra barbarie?
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