lunes, septiembre 7

El tiempo alrededor

Este árbol ha caído como las manecillas de mi reloj. Las raíces se alzaron con todo y un trozo de pavimento. La banqueta se adhirió a la intimidad de las raíces mientras yo tamborileaba sobre la carátula de mi reloj con la mano derecha como si fuera posible echar a andar el tiempo prestándole atención. Por suerte, la descompostura hizo que me detuviera y solo alzara la vista cuando escuché el estruendo. Al inicio pensé que se trataba de un trueno. El relámpago fue tan instantáneo que sentí la ruptura del tiempo hasta que escuché el sonido ensordecedor, para luego descubrir que a unos pasos un árbol había caído. Mejor él que yo, pensé. Lo que habría ocurrido, de no haberme detenido un segundo a verificar la hora, o su ausencia, es que quizá habría atraído yo al rayo o habríamos caído ambos, en una especie de descompostura no del tiempo, sino de la materia. Por supuesto que me ruboricé al mirar al árbol frente a mí con sus raíces al descubierto, sus raíces rotas como si alguien hubiera arrancado una mera yerba y la hubiera dejado tirada sobre la tierra. Lo demás fue, quizá, gritos, sirenas, pasos entre la lluvia. Pero estaba seguro de que mientras todo giraba a mi alrededor yo permanecía de pie como un eje en la carátula de la tierra.

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