Jaló de la cadena dos veces, hasta que el
fondo de la taza blanca dejó ir más sedimentos de tierra y óxido. Cada vez que
había desabasto de agua el conserje traía una pipa al edificio, lo que removía
los sedimentos en el aljibe. No se trataba más que de un problema temporal, sin
consecuencias directas sobre su ánimo. La tristeza le venía de tiempo atrás. Escribir
durante varias semanas auscultando su memoria había hecho emerger una revoltura
de imágenes que creía extintas bajo recuerdos recientes. Se bajó los pantalones
de la pijama de franela roja a cuadros y, como en ocasiones tardaba en orinar, se sentó con una libreta y
un bolígrafo Pilot de tinta negra en las manos. Un breve y deslucido chorro
amarillo tiñó la mixtura del agua. Escribir le aliviaba el sentimiento de angustia,
al librarle de imágenes enquistadas en su sistema circulatorio. Se acomodó la pijama.
Colocó la libreta y la pluma sobre el lavabo. Tiró varias veces más de la cadena.
Sabía que el proceso tardaría hasta que el lodo desapareciera por el drenaje o volviera
a asentarse en el aljibe.
(Cualquiera)
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