martes, agosto 11

Celulares (título provisional)

París, 2009. Un alacrán sube por la torre Eiffel
como si debajo el viento fuera una cosa densa.
El alacrán podría
pertenecer a un sueño, al sueño
de un hombre que ha perdido la identidad
mientras bebía café sin azúcar en un café cualquiera,
en una mesa en la banqueta
sin mayor paisaje que los autos al pasar, la gente
atribulada con sus celulares.
El alacrán podría
ser ese mismo hombre reptando
por un monumento turístico
que ha adoptado a su manera, en la forma
de un insecto ávido de deshacer esta torre
una vez que llegue a la cima,
derretirla y deslizarse por la suma de sus vigas
como por un tobogán con altibajos.
Pero el alacrán despierta, digo, el hombre
de su sueño que termina por envenenarlo
haciendo que su aguijón, digo, su lengua
beba café amargo
como a quien no le importa
lo que sucede allá afuera.

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