jueves, abril 18

La oposición

Los vi a todos, los ánimos famélicos con pancartas. Bien a bien no sé por qué miles atestaban la 9 de Julio, miles en contra --rugidos de cacerolas, tambores, banderas. Una amiga peronista decía en fb que no estaba de acuerdo, y yo, ni cuerdo ni nada, la encuentro fascinada por la nada, por política –y no creo en la política fascinada como cualquiera como yo que lo ignoro todo de una geografía extraña como los que aquí están vociferando “K hija de puta”. Tullidos, borrachos, "infiltrados" ancianos, ciclistas, hombres y mujeres de todos los signos zodiacales, ancianitas con la bandera enredada como en Chapultepec un héroe inventado de la patria. Heme aquí que tan sólo salí porque las cazuelas en Palermo no me permitían ver mi serie policiaca, tomé el subte de la línea D hasta la última estación, y en el último vagón un mago con tatuajes en los brazos sin mangas merolico agrandaba la sonrisa y hacía olvidar por un truco que no logré descifrar, dónde se había colado una moneda, y me encontré después, tras un lento caminar, en el Congreso, en medio de policías, pancartas, cámaras, un helicóptero y gente enmascarada de Anonymus, gente enmascarada de no sé qué partido, porque ser de un partido es ya enmascararse. Estuve allí hasta que el connato de gas pimienta, hasta que el casi linchamiento, hasta que desapareció la gente en un acto de magia.

N 18 04 13

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