viernes, noviembre 9

Antes del amanecer

Las últimas pesadillas nos han rondado
como serpientes a una casa despoblada.
Antes del amanecer habremos de rendirnos
a la inmensidad de este mar esquizofrénico
que parte donde un desierto también comienza.


domingo, septiembre 16

Furia

Te propusiste seguir hasta que el brillo de tu espada se opacara con la sangre de los guerreros que se precipitaban hacia ti como un derrumbe. Nadie sabía que el miedo te provocaba disimulados estertores. Avanzaste porfiado en que más valía un gesto de pavor disfrazado de furia que la solemnidad del que se da por vencido antes de gritar siquiera el nombre de su patria. Sólo una imagen pudo detenerte: la tuya, mirándote desde el reverso de un escudo roto bajo las patas de tu caballo.


jueves, agosto 16

Tránsfugas

Huíamos en la desazón, navegando la agreste superficie de una literatura que nos hacía depender de los ojos de un niño voraz en el verano. En la lejanía veíamos aún, a través de las huellas impresas en los catalejos, a los uniformados que ladraban su pólvora húmeda frente al Tigre –transcurrían horas y semanas como las páginas lentas de un libro. Ya en el trance de abordar la arena incierta, pensábamos en la meliflua y ausente voz de Kali que nos envolvía con sus brazos de niebla, al fin poseedora de una seductora lengua de filo nacarado tan precioso como la espuma.


viernes, julio 27

Mar abierto

Era un habitante de su sombra. Derrotado en mil batallas nunca libradas, le esperaba una soga amarrada al mástil mayor. Ya había despejado la niebla que cubría los espectros y las tormentas que habían hecho naufragar a más de un enemigo, el océano por fin amainaba y el horizonte comenzó a parecerle de una intensidad insoportable. Si tenía que morir no opondría resistencia, ese recurso de los débiles. Lo había perdido todo, se había dejado arrastrar por la inercia de una navegación que no desistió de seguir su estrella hacia ninguna parte. El mar abierto era una trampa que lo devolvía al mismo puerto de donde había partido, por más que se alejara.


jueves, julio 12

La bitácora

En su mesa roída por la desesperación de las ratas, en un camerino de ahogada respiración, el capitán se aplica a la escritura de su bitácora con la misma necedad que el rígido timonel, enardecido por la inexistencia de los mapas. La carabela ha sufrido una que otra baja, por lo que haber mentido distancias es una falta menor. Una noche ha pasado por lo menos la tripulación sin beber de ese ron que hace arder la garganta y el estómago hasta recordarles que están vivos bajo un cielo que pesa hasta los huesos. A punto de alzarse en motín debido al hambre que agravia más que la incertidumbre, se detienen ante la promesa de llegar a un destino donde el oro prevalecerá y terminará por engullir a sus refractarios. La bestia fantástica ya se yergue en los corazones avarientos como un tigre recién liberado de su jaula.


viernes, junio 8

Vaivén

Comíamos pequeños trozos de jamón y apenas si nos mojábamos los labios con un jerez que había sobrevivido al derroche: no sabíamos a dónde nos precipitaría la marea. Poco importaba ser blanco de bandoleros o navegar con leviatán a cuestas, el único lugar cierto estaba al fondo de nuestra memoria. A veces, en días con densa niebla, una figura fantasmal se desplazaba de las mazmorras a cubierta hasta detenerse en la proa, mirando hacia atrás para señalarnos el fin del mundo. Nos habíamos acostumbrado a la ilusión. Ya nos lo había advertido una sibila en la última taberna donde dicen habernos visto: desconocíamos la aventura, estábamos presos en la imaginación de un hombre que despreciaba el mar.


sábado, junio 2

Un ínfimo acto

Comparecimos ante el consejo, reunidos en el candor mutilado de la arena. El sol había vidriado los ojos de los dromedarios cansados de sumar kilómetros de acerbas melodías sobre sus corvas. Invisibles aves hurtaron nuestros víveres y estábamos resignados a morir de inanición o de, cosa rara, falta de sed. En realidad, habíamos planeado que en algún punto incierto la caravana de ancianos fastidiosos que formábamos se detuviera, si bien a estas alturas sin rumbo preestablecido. Nos sentamos bajo unas palmeras a esperar que el polvo respondiera la recalcitrante pregunta, inscrita en unos huesos de ballena todavía tibios. Aun cuando nos adivinábamos incapaces de evitar la tormenta que sobrevendría al encarar los designios que los dioses nos habían impuesto sin consultarnos, decidimos objetar el destino con un ínfimo acto de rebeldía. El sopor crecía como una duna en nuestro corazón para comenzar a tragárselo todo a su alrededor, tan lentamente como el último paso del último dromedario que caía enfermo.


 

sábado, mayo 19

Austro

Llegó a ítaca con una voz consumida en el fuego de las olas. Nadie le esperaba. Aquel manto tejido de día y destejido por las noches fue una ilusión para alimentar la esperanza de los guerreros que regresan a su patria. Quien se ha ido debería saber que más le valdría un oráculo grato a su muerte en la batalla. A menos de que su destino sea el viaje. En ese caso, quédate donde te reciban. No por nada tu regreso siempre será a una isla. La metáfora no miente: esa isla eres tú mismo, rodeado de seres fantásticos más allá de tu mirada ansiosa.

 

domingo, diciembre 31

El ejercicio de la nostalgia

A veces uno cree saber mucho de lo que habla. Enumera los directores de cine a los que ha llegado a querer, los autores en los que se reconoce y hasta los que ignora, la música convertida en historia de los géneros, en actualidad. Recuerdo que una actitud contraria llevaría a Murena a una aventura alucinante por los misterios del anacronismo en busca del sentido del arte, al que comprendía en la vía de la metáfora. Yo no voy tan lejos, ni siquiera en esa valoración. No sé, supongo, creo, que el verdadero momento en que, por ejemplo, sabemos de música, es aquel en que la disfrutamos, si bien antes o después de escucharla, la sola mención de ciertos nombres nos liga en la memoria con esa sensación experimentada e inexplicable. Quizá hace mucho descubrí a un David Bowie improvisar ante un micrófono radial de la BBC, en una colección difícil de conseguir. O los acordes y silencios de Mark Knopfler al interpretar “Private Investigations”, en los comienzos de mi adolescencia. Pero al recordar, el tiempo parece contraerse y borrar la noción de lejanía, las distancias que se oponen a lo vivido –atentamente vivido, como proponía Xirau. No lo sé. De lo que sí estoy seguro es que ciertos nombres son algo más que rótulos y su sola mención es capaz de devolvernos aquello de lo que alguna vez perdimos una intensidad que era necesario recobrar, aunque fuera sólo como el mero atisbo de un fragmento o astilla de eternidad bosquejada mediante el ejercicio de la nostalgia.

martes, diciembre 26

Resabios


Yo sé, Buck, que tus días no son llevaderos como solían en tu solaz del Sur, sin embargo, aunque impere en estos vientos que dibujan navajas en el hielo esa ley del garrote y del colmillo que refleja el Hudson como un precario espejo roto, sábete que morir aquí es mejor que una vida en eterna primavera. Claro, eso piensas mientras tiras pesadamente del arnés, arrastrando la más humana de las necedades. Yo lo sé. Resabios, cueros de caballo, Buck, pellejos que hacen el zumo en tus ojos, cabriolas de anestesia ante la frívola mirada de las montañas, aire fresco para tus pulmones. Sólo puedes pedir un buen balazo cuando llegue la hora.

martes, diciembre 5

Entre páginas nómadas

Cees Nooteboom, el viajero, el apacible escritor de mundos desapacibles, se hallaba sorpresivamente en un país diferente a aquel donde había conciliado el sueño, igual que Herman Mussert al despertar en una desconcertante habitación de hotel en Lisboa: estaba ahí, extrañado, sentado al frente de un salón de la FIL que, irremediablemente, distaba de estar lleno. Una corta fila para la firma de autógrafos conformada en mucho por gente en la ignorancia del placer de leerlo pero confiada en que se hallaba frente a un autor de talla: si no, ¿por qué habrían de ser tan caros sus libros?, ¿cómo, entonces, se le programaría para dar una "conferencia magistral"?, casi creo haber imaginado que se decían entre sí. “Este va para premio Nobel”, afirmaba un tercero, mientras sacaba orgulloso su libro de la bolsa, todavía oloroso a nuevo luego de quitarle el papel celofán. El único que parecía saber algo realmente de él era Alberto Ruy Sánchez, que lo había acaparado en la sesión de preguntas con un entusiasmo pegajoso. Pues bien, Nooteboom no estaba muy contento con la edición que Siruela armó de Hotel nómada, parecía que el libro le resultaba ajeno, no le satisfacían mucho que digamos ni la elección ni el orden impuesto a sus crónicas de viaje. “Uno tiene ahí su tesoro y luego entran los editores y saquean lo que quieren”, se había quejado. Eso, sin contar lo reacio que se mostraba a justificar los episodios de su itinerancia. "¿No pueden hacerse las cosas de la vida sólo porque sí?". Yo poco puedo hablar de él, al menos por ahora. La historia siguiente me conmovió al grado de hacer un poemita que no tardé en desechar. Además, llegué a leer un artículo-cuento suyo en “Babelia” hace dos o tres años, con la condena impuesta de abordarlo en un idioma en el que, con relación al suyo, el neerlandés, cuando menos median los Pirineos. En fin: la estación, un buen pretexto para que cualquier sedentario “errante” se aventure entre estas páginas nómadas, insatisfechas.

N 05 12 06

*

jueves, noviembre 30

Mañanas gélidas

Estas mañanas gélidas te transportan automáticamente al Oxxo más cercano en busca del olor a café, sobre todo si vagas por aquello de las 6 am por las calles todavía oscuras de la ciudad. Pero no tomo café y lo digo con amargura. Padecer de los nervios no trae consigo sino decepciones. Me conformo con un leve té de manzanilla o limón solventado en el expendio del Proulex. El día empieza a saber a esas hierbas que, en realidad, no me desagradan. El aroma del café en una taza vecina a veces basta para amortiguar los círculos infernales a los que el día se complace en bajar. Nada mal.

N 30 11 06

*

miércoles, noviembre 29

Magrelli

Acabo de leer algunos poemas de Valerio Magrelli, los pocos que incluía la edición del Tucán de Virginia, merced a uno de esos encuentros imposibles sin la audacia y curiosidad de Guillermo Fernández. Aquí recuerdo el encontronazo con las Guaridas profundas de Cattafi. Tradición y modernidad son el signo vital de dos autores capaces de mover fibras íntimas. El precio, la verdad, a estas alturas, aunque haya dolido, es lo de menos.

N 29 11 06

*

Herman Mussert

Aunque cerraras los ojos en Ámsterdam
y los abrieras ajeno en una habitación vecina
de esta ciudad que te piensa mientras la observas,
 
lo que importa es dónde estás, no lo que has abandonado.
Enciende
la televisión —aunque no la haya—
conspira en este cuarto austero de hotel, piérdete 
entre los caseríos ruinosos de Lisboa.

miércoles, noviembre 15

Show



Excelente negocio es mi madre /
los edificios, aquí, son estupendos.

Pero debajo del manto yo soy quien mato
–desleído tras una máscara de hielo seco.
La mentira: ¿otra verdad? El fuego, el excremento,
cada diatriba escupida a la luna.

Gran sistema se inventaron.
Aunque con algo de polilla,
nada mejor que el mundo.

miércoles, noviembre 1

Versión de un encapuchado en Salem


Picas y verdugos
esclarecen
paladares

de brujas.


Una palabra
callaron.



Acaso, despellejó sus labios:
con eso basta.

viernes, septiembre 15

A punto de partir


A León Plascencia Ñol

Desenfunda el arma en su cerebro melancólico y luego se atraganta con el aneurisma que a esa hora le hacía falta. De un cabo a otro, un continente de palabras olvidadas en las rocas –embelesado, absorto bebe. En un rincón de su desvarío, desagua uno que otro soliloquio con su nombre travestido. Minúsculos sorbos al vaso, casi infundados, enarcamiento de cejas. Baja los escalones, ligero como la ceniza que deja caer al piso.

viernes, septiembre 8

Tribulaciones



Un chino en China corre por su suerte, ignora
la pistola en cierta esquina del día,
en el té de la tarde, en los ojos de un dragón
limándose las uñas. Va por Jinan, Xi’an, Suzhou,
como si nada faltara al terror de ser comido
por sus propias palabras,
entre huellas habidas de otro viajero más antiguo,
esquivando el sable certero
del aburrimiento.