jueves, noviembre 5

Una tórtola de plumas grises

El domingo pasado, en la casa vacía,
escuché pequeños ruidos provenientes del pasillo.
Resultó ser una tortolita de plumas grises
que había entrado por la cocina y hacía lo imposible
para atravesar el vidrio empañado del comedor.
Cuando la encontré, tiritaba, escondida
en uno de los pliegues de la cortina beige.
Al inicio no me atrevía a atraparla:
el miedo de tocar algo tan vulnerable
me hacía desistir, hasta que la dejé
inmóvil entre las hebras de plástico de una escoba,
la tomé con mi mano izquierda y,
sintiendo su pequeño cuerpo latir en mi puño,
salí al jardín y la arrojé: voló huyendo
para volver seguramente a estrellarse
contra otra ventana.

martes, octubre 20

Montaje 15 10 20

No tendrá que preocuparse por nada que no refleje nuestra auténtica admiración por usted. Sepa que esta playa se encuentra en un paraíso tropical y exclusivo para unos cuantos afortunados. Les llamamos personas especiales. Y no por nuestra legendaria amabilidad ni por colgarles baberos estampados con dólares para beber cocteles de Rana Príncipe –la creación de casa– que los harán vivir por más tiempo, ni porque olvidemos trocitos de algodón en sus traseros al empolvarlos con grande cuidado. Los aldeanos están disponibles con una mueca que llamaremos sonrisa. Ha acertado, señor, es usted único e irrepetible.

N 20 10 15

*

lunes, octubre 19

Interferencia

Un zumbido como de refrigerador a media noche, de regulador viejo, con el coquito rojo relampagueando, a medias en el día, en la tarde, una música como de hielo quebrándose.

viernes, octubre 9

Calaverita con pájaros


Para Amaranta Caballero


La perseguían los pájaros,
todos los días y noches,
esqueletitos de pájaros
le robaban hilos, broches,
resucitaban cual Lázaros
dibujos a medianoche,
miles y miles de pájaros
se estrellaban en su coche,
alados huesitos bárbaros,
parvadas que eran un bosque
feroz llegado del Tártaro:
Amaranta guardó doce
garras y alitas de pájaros.

miércoles, septiembre 23

Malas ideas


Qué es lo que sé, si saber no es precisamente saborear. aunque estas palabrerías sean inmigrantes del mismo destino, pero por qué ellas vienen a mi mente por tan poco, no es relevante. Me dejo ir entre líneas: ¿es decir que me descubro como un mensaje secreto, una clave subordinada a la primera impresión en el papel? Esto no impresiona. Mi cerebro está cansado como un alacrán que ha picado demasiado, hasta a sí mismo, y necesita un relevo. Lástima que las neuronas solo disminuyan como una especie en extinción. En otros tiempos había más claridad, no hace mucho, cuando dependía de palabras clave para diagramar el ser, el poder, la desaparición. Es momento de embalsamar algunos dolores de garganta, despedir la realidad y dejarla a la deriva. Los hilos de mi camisa oscilan al viento como malas ideas.

N 23 09 15

*


domingo, septiembre 20

Instrucciones para pasar el tiempo

Despierta a la noche que precede, a la antesala,
al ya merito, al pulso tierno de los primeros
alumbramientos, las ideas recién nacidas,
los altibajos de la sangre domesticados,
el ritmo previo a la historia contada en 24 hrs.
Despabílate, encuentra esa ponzoña
alrededor de tus latidos, deshazla
con felicidades reconocibles. Abandona
el sabor agrio de la lengua, la garganta reseca
y el rumor en tus tímpanos como termitas
buscando la salida.

sábado, septiembre 12

La tatarabuela

Petra Nuño mira sin mirar:
su rostro pétreo,
como perdido en un punto ciego,
asoma de un retrato ovalado
reliquia de otro tiempo.
Sus rasgos están demarcados
como si fueran surcos.
Dicen, y lo que dicen
algo de verdad encierra,
que su alma se aparece
en Santa Rosa:
allí perdió sus tierras
a causa del hermano
que le mató al marido.
Cuentan los que la han visto
que señala el descampado,
pero nadie
se ha atrevido a seguirla.

Irineo Ortega

Me encantaba desarmar
aparatos electrónicos
para conocerlos por dentro,
era un relojero a la inversa
descifrando la mecánica
de objetos que muy rara vez
volverían a funcionar.
Yo mismo fui desarmado alguna vez
al caer de una escalera,
romperme las costillas
y permanecer allí tirado varios días,
al pie de un naranjo agrio.
Nunca nada sería ya igual:
como la antena
de mi vieja televisión
que ya no transmitía
nítidas las señales.

viernes, septiembre 11

Norberto Medina

Guiaba las procesiones,
las posadas, daba auténtica vida
a los nacimientos,
adornaba el pequeño templo de Santa Rosa
como si fuera el único de su especie,
rezaba interminables rosarios,
escribía el árbol genealógico
que habrían de quemar mis hermanas
junto a todo lo que fui
en un montículo de muebles y papeles
que humeó frente a mi casa
cuando me dieron por muerto,
pero mi verdadera virtud
–esto sí que importaba–
era el sentido del humor,
algo difícil de adivinar
en un niño al que su padre obligara
a orar por horas hincado
en un hormiguero,
sosteniendo un par de ladrillos
en cada mano.

miércoles, septiembre 9

Vuelta

El tío Norbe me regaló los sueños ilustrados
de san Juan Bosco. Cuánto me impresionó
esa parte en que toca una pared y su mano arde,
despierta y la descubre quemada.
Sin percatarse, me mostró lo que ocurre
al leer un poema entrañable:
queda la impresión de haber estado en el infierno.

martes, septiembre 8

Fermín Acosta

Quisiera imaginarlo caminando por Ramón Corona
cuando no había venido este general a Cocula
y por supuesto no se llamaba así
la calle que he recorrido desde niño.
Lo cierto es que aquí anduvo,
que curtía pieles y no sé nada más de él,
alguna clave de vida o una foto de esas
que concentran el carácter.
Debió conocer los tiempos de Juárez:
la nación era joven y Cocula
el paso obligado para el comercio
a Guadalajara.
Las carretas, los hombres a caballo
y con sombrero, las calles empedradas,
los mariachis de La Guitarrilla,
las muchachas envueltas en rebozos,
la cascada de El Salto allá en la montaña
con su gran chorro de agua
antes de que construyeran la presa.
Un pueblito de Jalisco como cualquiera,
con el eco de pisadas de mi tatarabuelo.