Me encantaba desarmar
aparatos electrónicos
para conocerlos por dentro,
era un relojero a la inversa
descifrando la mecánica
de objetos que muy rara vez
volverían a funcionar.
Yo mismo fui desarmado alguna vez
al caer de una escalera,
romperme las costillas
y permanecer allí tirado varios días,
al pie de un naranjo agrio.
Nunca nada sería ya igual:
como la antena
de mi vieja televisión
que ya no transmitía
nítidas las señales.
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