Dicen que mis ojos son idénticos
a los de mi abuelita Elisa.
a los de mi abuelita Elisa.
Sé muy poco de ella: se fue
a mis ocho años
y la noche que la velaron
en su casa porfiriana
y la noche que la velaron
en su casa porfiriana
llena de trinos
de canarios y cardenales
de canarios y cardenales
me divertí bastante con los niños
que llegaron de visita.
que llegaron de visita.
A mi abuelita le vi el rostro
por última vez en el féretro,
por última vez en el féretro,
tan sereno y dulce
igual a cuando todos se habían ido
igual a cuando todos se habían ido
y me quedaba en la cocina
bajo la advertencia
bajo la advertencia
de que debía dejar limpio el plato
y yo, por contentarla,
lo abrillantaba
lo abrillantaba
pasándole por encima
una servilleta.
una servilleta.
Ella fingía que la engañaba
y me sonreía
y me sonreía
con un amor que ojalá
reflejaran mis ojos.
reflejaran mis ojos.
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