martes, diciembre 26
Resabios
Yo sé, Buck, que tus días no son llevaderos como solían en tu solaz del Sur, sin embargo, aunque impere en estos vientos que dibujan navajas en el hielo esa ley del garrote y del colmillo que refleja el Hudson como un precario espejo roto, sábete que morir aquí es mejor que una vida en eterna primavera. Claro, eso piensas mientras tiras pesadamente del arnés, arrastrando la más humana de las necedades. Yo lo sé. Resabios, cueros de caballo, Buck, pellejos que hacen el zumo en tus ojos, cabriolas de anestesia ante la frívola mirada de las montañas, aire fresco para tus pulmones. Sólo puedes pedir un buen balazo cuando llegue la hora.
martes, diciembre 12
martes, diciembre 5
Entre páginas nómadas
Cees Nooteboom, el viajero, el apacible escritor de mundos desapacibles, se hallaba sorpresivamente en un país diferente a aquel donde había conciliado el sueño, igual que Herman Mussert al despertar en una desconcertante habitación de hotel en Lisboa: estaba ahí, extrañado, sentado al frente de un salón de la FIL que, irremediablemente, distaba de estar lleno. Una corta fila para la firma de autógrafos conformada en mucho por gente en la ignorancia del placer de leerlo pero confiada en que se hallaba frente a un autor de talla: si no, ¿por qué habrían de ser tan caros sus libros?, ¿cómo, entonces, se le programaría para dar una "conferencia magistral"?, casi creo haber imaginado que se decían entre sí. “Este va para premio Nobel”, afirmaba un tercero, mientras sacaba orgulloso su libro de la bolsa, todavía oloroso a nuevo luego de quitarle el papel celofán. El único que parecía saber algo realmente de él era Alberto Ruy Sánchez, que lo había acaparado en la sesión de preguntas con un entusiasmo pegajoso. Pues bien, Nooteboom no estaba muy contento con la edición que Siruela armó de Hotel nómada, parecía que el libro le resultaba ajeno, no le satisfacían mucho que digamos ni la elección ni el orden impuesto a sus crónicas de viaje. “Uno tiene ahí su tesoro y luego entran los editores y saquean lo que quieren”, se había quejado. Eso, sin contar lo reacio que se mostraba a justificar los episodios de su itinerancia. "¿No pueden hacerse las cosas de la vida sólo porque sí?". Yo poco puedo hablar de él, al menos por ahora. La historia siguiente me conmovió al grado de hacer un poemita que no tardé en desechar. Además, llegué a leer un artículo-cuento suyo en “Babelia” hace dos o tres años, con la condena impuesta de abordarlo en un idioma en el que, con relación al suyo, el neerlandés, cuando menos median los Pirineos. En fin: la estación, un buen pretexto para que cualquier sedentario “errante” se aventure entre estas páginas nómadas, insatisfechas.
N 05 12 06
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N 05 12 06
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jueves, noviembre 30
Mañanas gélidas
Estas mañanas gélidas te transportan automáticamente al Oxxo más cercano en busca del olor a café, sobre todo si vagas por aquello de las 6 am por las calles todavía oscuras de la ciudad. Pero no tomo café y lo digo con amargura. Padecer de los nervios no trae consigo sino decepciones. Me conformo con un leve té de manzanilla o limón solventado en el expendio del Proulex. El día empieza a saber a esas hierbas que, en realidad, no me desagradan. El aroma del café en una taza vecina a veces basta para amortiguar los círculos infernales a los que el día se complace en bajar. Nada mal.
N 30 11 06
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N 30 11 06
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miércoles, noviembre 29
Magrelli
Acabo de leer algunos poemas de Valerio Magrelli, los pocos que incluía la edición del Tucán de Virginia, merced a uno de esos encuentros imposibles sin la audacia y curiosidad de Guillermo Fernández. Aquí recuerdo el encontronazo con las Guaridas profundas de Cattafi. Tradición y modernidad son el signo vital de dos autores capaces de mover fibras íntimas. El precio, la verdad, a estas alturas, aunque haya dolido, es lo de menos.
N 29 11 06
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N 29 11 06
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Herman Mussert
Aunque cerraras los ojos en Ámsterdam
y los abrieras ajeno en una habitación vecina
de esta ciudad que te piensa mientras la observas,
lo que importa es dónde estás, no lo que has abandonado.
Enciende la televisión —aunque no la haya—
conspira en este cuarto austero de hotel, piérdete
entre los caseríos ruinosos de Lisboa.
y los abrieras ajeno en una habitación vecina
de esta ciudad que te piensa mientras la observas,
lo que importa es dónde estás, no lo que has abandonado.
Enciende la televisión —aunque no la haya—
conspira en este cuarto austero de hotel, piérdete
entre los caseríos ruinosos de Lisboa.
miércoles, noviembre 15
Show
Excelente negocio es mi madre /
los edificios, aquí, son estupendos.
Pero debajo del manto yo soy quien
mato
–desleído tras una máscara de hielo
seco.
La mentira: ¿otra verdad? El fuego,
el excremento,
cada diatriba escupida a la luna.
Gran sistema se inventaron.
Aunque con algo de polilla,
nada mejor que el mundo.
miércoles, noviembre 1
Versión de un encapuchado en Salem
Picas y
verdugos
esclarecen
paladares
de brujas.
esclarecen
paladares
de brujas.
Una palabra
callaron.
Acaso, despellejó sus labios:
con eso
basta.
viernes, septiembre 15
A punto de partir
A León Plascencia Ñol
Desenfunda el arma en su cerebro
melancólico y luego se atraganta con el aneurisma que a esa hora le hacía
falta. De un cabo a otro, un continente de palabras olvidadas en las rocas
–embelesado, absorto bebe. En un rincón
de su desvarío, desagua uno que otro soliloquio con su nombre travestido.
Minúsculos sorbos al vaso, casi infundados, enarcamiento de cejas. Baja los
escalones, ligero como la ceniza que deja caer al piso.
viernes, septiembre 8
Tribulaciones
Un chino en China corre por su suerte, ignora
la pistola en cierta esquina del
día,
en el té de la tarde, en los ojos de
un dragón
limándose las uñas. Va por Jinan,
Xi’an, Suzhou,
como si nada faltara al terror de
ser comido
por sus propias palabras,
entre huellas habidas de otro
viajero más antiguo,
esquivando el sable certero
del aburrimiento.
jueves, agosto 31
Viajar
Viajar es respirar con un ritmo diferente al habitual y, por tanto, pensar en otra frecuencia. Sentir también, si tomamos en cuenta la muy oriental actitud de sentir lo que se piensa y pensar lo que se siente. Yo creo que pensar y sentir, en sus mejores momentos, son una misma cosa. Viajar, pensar: ver, conocer, desplazarse hacia un espacio por habitar, ajeno por principio, al menos hasta que tanto nos reconocemos en él que urge otro desplazamiento. Hay quien viaja al detenerse en los arabescos y oleajes de una alfombra, improvisados sucedáneos o atajos herbarios aparte. Hay quien, aunque se dirija a un lugar ignoto, nunca se ha apartado de sus propios pensamientos (¿sentires?). Cuando se viaja no se sabe nada. Al menos yo no sé nada. Uno olvida todo aquello que antes leyó o le dijeron debía visitar o tener en cuenta una vez que ya está ahí o en lugares de los que nadie le habría sabido decir nada. Se deja llevar, que el paisaje lo descubra. Viajar, pienso, es contemplar, es templar un tiempo no nuevo (¿pues qué tiempo no lo es?), sino más bien consciente y, así, concebir ese ritmo al que antes aludimos, escuchándolo con el cuerpo entero, poco importa qué tan lejos vayamos o cuántas veces. Nunca vamos a donde mismo. O sea, lo que ningún viajero ignora: viaje es destino. Lo más elemental quizá sea incomunicable. Viajar es, también, convocar: un niño frenético y descuidado choca contra mis piernas en una calle subterránea de Shangai, cinco adolescentes en camiseta juegan basquetbol de noche, rebotando su balón contra los muros de una antigua fortaleza china en Jinan... Una mujer joven, de cabello largo y rubio, vestida de gabán, camina bajo un cielo nublado para atravesar la calle del Norte hacia Corrientes en Buenos Aires, sonriendo para sí, como tantas más en esa ciudad… Otra muchacha indígena, de piel broncínea y pies descalzos, recorre, a media mañana, con la cabeza erguida y la cabellera lacia, bruna, junto con su madre, pequeñísima y apurada, una carretera que desemboca en la ciudad de Guatemala… No hay significados más allá de los hechos, de sus detalles, inventados o no. Pienso, siento: todo es real, aun lo irrealizable. Viajar o inventar, da lo mismo, dan algo más que lo mismo: imaginar, vivir o hacer como que se vive, viviendo. El gerundio es importante. La experiencia se estira, se apropia o retiene (dejándola ir luego con suavidad) al igual que la pronunciación de la ene y la de contra el paladar… nos desembaraza de todo lo que ella no sea, trayendo consigo, si de verdad ha habido desplazamiento, lo inesperado.
M 31 08 06
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M 31 08 06
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De un sabio samurai
Evita a regañadientes el sable
del honor que paulatinamente toma
lo suyo en el pecho ajeno, alevoso.
No es de risa forjar un trecho de alma
con turbio lodo, ni que corte pétalos
esta juventud de ensueño,
rodeada
de muerte
en floración. El amor y la misericordia
van de la mano de la sangre. Nosotros
únicamente sabemos
lo que nos conviene a esta edad.


