Érase una vez una familia a la que le
encantaba cocinar. Se trataba de una familia disfuncional, porque en realidad
los seis hijos e hijas, ya mayores, habiendo hecho y deshecho sus vidas,
regresaron a la casa de sus padres. Y todos tenían nuevas y mejoradas recetas
que aportar. Como no sabían si había tiempo suficiente antes de que
emprendieran otra vez el vuelo hacia sus propios nidos hipotecados, cada uno
quería tener la primicia y presentar a los demás un elaborado banquete.
Se trataba de tres hombres y tres mujeres.
Habían nacido alternados: una mujer, luego un hombre, así cada dos años. Y
habría que aclarar que los padres también querían dar a conocer aquellos
descubrimientos culinarios que habían descubierto mientras los hijos estaban
fuera, en otro país, en otro cerebro, en otro experimento del gobierno. Cada
uno había seguido su propio camino hasta que coincidieron de nuevo, como cuando
eran niños.
El único problema era que todos querían
cocinar al mismo tiempo. Y como lo hacían solo para sí mismos –ya
compartirían a los demás su platillo por wasap— se les iba el día
esperándose uno al otro para que la salsa de la birria entrara en sazón, el
huevo se friera a la velocidad de la tortuga, el ceviche peruano marinara al
punto, el filete a la tampiqueña se sirviera con sus agasajos, los restos de
piña se transformaran en la exquisita fórmula del tepache.
La cocina se convirtió en el lugar ideal
para la guerra campal de recetas y sus consecuentes armisticios. El que se
levantara más temprano comenzaba la fila india, porque de lo contrario se
estorbaban unos a otros y confundían los ingredientes. Esperaban sentados su
turno, cruzando los dedos porque el otro hermano, la hermana, la madre o el
padre se decidieran por un platillo sencillo.
Hasta que un día, milagrosamente, a una de
las hermanas se le ocurrió cocinar para todos. Degustaron el sabroso
hígado ahumado de su hermano menor con acompañamientos. Otro hermano
preparó la ensalada, otra hermana la bebida, otro hermano la mesa limpia y otra
hermana lavó las cazuelas y los platos.
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