domingo, marzo 22

Materia verbal

Qué importa lo que acabo de olvidar. Si la noche es oscura porque cierro los párpados o si lo sigue siendo con el sol reivindicando la ventana. Ayer no había nada junto a mi ventana, y hoy, desde la tierra húmeda de dos macetas, parecen estirar hacia el cielo sus pies de bailarinas dos plantas largas y sin flores aún, sin bocas o, más precisamente, sexos, coloridos sexos. Hay quien tose, hay quien mira la tele —se oyen pasos detectivescos, los destellos de voces de otra época que resurgen—, quien vuelve a toser para revivir el déjà vu o descansa los huesos sobre la sábana blanda de sus pensamientos. Qué piensa el poema, cómo piensa, y si lo hace, ¿piensa el olor de la habitación?

*

Desde dónde habla el poema, desde quién o desde quién no. En el borde de la lengua, es imposible no encontrar una manera de decirlo, de desdecirse de ser necesario. Todas las facultades de un foco ahorrador de 60 kilowatts no logran hacerte desaparecer en los puntos negros, digitales, huecos como el espacio entre los planetas, el de la página electrónica qué hila la textura de una luz con otra. “No sabía de qué le estaba hablando”. Off.

*

La poesía requiere trabajo.

Echamos a andar la materia verbal, ya tan vapuleada por el uso de los siglos, los milenios, confiados en que aparecerá renovada en cada ocasión. Y allí está, cubierta de óxido, del óxido mismo que se convierte en la razón de ser de la poesía moderna. La historia de la poesía exige una muestra palpable del paso del tiempo, de la existencia del tiempo. El interés de la obra se traslada hacia los puntos, las zonas que resistiendo, han cedido al desarrollo de los fenómenos que les inciden, de los que son parte e impulso en ocasiones. ¿Qué exige la poesía moderna hoy en día? ¿Qué requiere un poema para ser moderno, para ser leído en la clave del presente?

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M 22 03 20

sábado, marzo 21

Escribir, ciudad

La ciudad es mucho más que autos y semáforos, la ciudad es también naturaleza en trozos. Pequeños jardines, trinos no sé si de zanates o de golondrinas o qué especie revolotea entre los árboles. Los árboles: ¿qué nombres ostentan? Pero ellos no tienen nombre, no se han nombrado a sí mismos. Solo reverdecen o se secan, florecen y se extienden o son indiferentemente atacados por plagas que naturalmente se van extendiendo si el hombre nada hace. Formar la ciudad ha sido también hacernos cargo de su naturaleza, arracimada en prados, parques e incluso en las resquebrajaduras del pavimento, las junturas o los baches en el asfalto. Recorrer la ciudad es avanzar entre sombras de árboles que en ocasiones se abrazan de lado a lado de la banqueta. O pasar por calles desiertas donde los árboles son apenas una ausencia, una omisión, un vacío tapiado con cemento.

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Los pliegues de la cortina se acentúan conforme el sol va ascendiendo a su cenit. Cerrada como está, no alcanza a velar el sol que entra por entre sus texturas translúcidas y la puerta del estudio con toda su potencia amarilla. Permanecer sentado en el escritorio es también un estar, ser un oído, un campo de recepción de la vida invisible por las paredes que me rodean; audible.

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 No tengo idea de adónde voy.

*

El camión de la basura hace su entrada triunfal en la bocacalle. Los cencerros le dan su carácter de perentoriedad, e urgencia. Hay que salir a cargarlo con desechos, con los desperdicios de lo que por alguna razón llamamos vida. Papeles con los líquidos que han dejado ser parte de nuestro cuerpo, residuos de comida que nunca formará parte de nuestros huesos, venas o pulmones. Impresiones de escritos tan valiosos como la comida que se aglutina en la rejilla de la tarja en la cocina.

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Escribo, no importa por qué ni para qué. No puedo igualar a aquellos que podrían ser mis modelos. ¿Pero cómo pueden serlo si no los he leído? Bernardo Soares, George Perros, Paul Celan, Michaux, se vuelven nombres queriendo significar algo para mis adentros en el cerebro. Guardo una imagen de lo que escribieron, pero ignoro qué rumbos tomaron las letras en sus manos, qué sucesión o secuencia se vio afectada por sus reflexiones, ironía, carácter sintético. También podría tomar como modelo la forma de trabajar de Luis Eduardo: elegir un tema y abundar sobre él con poemas que se interroguen a sí mismos, que ironicen la experiencia del poema, su concepción misma, y que además orbiten una temática aunque sea a manera de deconstrucción: Armenia y otros. Como si estableciera pautas, límites a la poética que me servirán de apoyo para saltar hacia nuevos límites. Lo que comprendo es que deseo escribir, que mis dedos hablen en el pulso del teclado, que las imágenes se interconcecten en mi cerebro sin preocuparme por la calidad de lo escrito. Aquí en la página electrónica o en el papel, en cuadernos u hojas sueltas. Por lo pronto, un programa de lectura, de reflexión. No para imitar los pasos, sino para evitarlos en un paseo a ciegas.

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Escribir. Es lo que finalmente salva. Escribir. No juzgar a las personas, no tan solo describirlas. El lenguaje se hace visible y vivible. Probar mis límites, apoyarme en ellos (como ya saben quién) para saltar al vacío.

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Me pregunto si algún día escribiré Los Perros. Esa novela inconclusa, ese proyecto que de haberse publicado en su momento hoy estaría muerto, echado en el cajón de la autoconmiseración, del gesto petulante.

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Sin embargo su espíritu permanece en algún punto de la memoria. Los Perros fue una manera de indagar en mi mente las posibilidades de una escritura –ahora comprendo—siempre en ciernes. Fue el método, el recurso para mantenerme conectado con el presente que iba cayendo a pedazos tras de mí. Me pregunto si solo soy un autor lírico o si seré capaz de sumergirme en la piel de otros personajes. Escribir es lo que salva, escribir es dejarme decir.

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M 21 03 20

viernes, marzo 13

Ventanas


La habitación en la que ahora me encuentro se conforma de paredes rugosas. Entonces,

¿Qué hace a una habitación? ¿Qué sea habitable? ¿Los muros que la circundan y establecen sus límites? ¿La ventana que traspasa el espacio para que la vista intervenga hacia el patio o la calle? ¿O que el paisaje entre por esa abertura?

*

A las ventanas siempre les falta algo, de ahí que nos asomemos a través de ellas, intentando completarlas. Son el espejo de nuestro propio vacío que busca llenarse de la estética exterior, de lo entrevisto, del mundo cambiante en medio de muros que parecieran ser estáticos pero solo se degradan con mayor lentitud.

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¿Qué significa una ventana?

¿A dónde me lleva la rugosidad de las paredes?

¿Por qué una mancha en el vidrio de la ventana me regala perspectiva?

¿Por qué usar sombrero?

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M 13 03 20

Hay un yo lírico encerrado en todo esto

Persiste en la derrota y en el triunfo,
se deja acariciar por extraños y muestra los colmillos
ante la crítica más severa, ante los modosos reseñistas.
No le agradan las fastuosas revistas de moda,
aunque le encanta ganar algunos pesos si se los ofrecen
con cortesía. Hay un yo lírico escondido en todo esto
que hace de las suyas en contra del poema inacabado,
de la estructura fragmentaria y de la hemodiálisis
a la que se someten los versos de laboratorio.
Hay un yo lírico encerrado en todo esto, a veces
persigue al joven de la pizza, a la niña de los volantes,
al carnicero que lo mira con desprecio,
afilando su cuchillo prosódico.
Hay un yo lírico encerrado en todo esto:
alguien sospecha de sus motivos ocultos,
las pistas que va dejando
tras de sus crímenes.

viernes, marzo 6

El arte del suspense

A casa viene a visitarnos todos los días

un hombre con disfraz del oso yogui.

A veces usa un tónico de invisibilidad

y nos observa desde el sillón donde se oye

cómo juega videojuegos o escucha a su influencer favorito.

Quarq es una de sus palabras predilectas, la repite

para sus adentros como una guacamaya

mientras piensa cómo arrancarnos

la garganta, cómo aplastarnos de un manotazo.

Cuando no le vemos, percibimos la marca de su gran peso

en el sillón roto de la sala. Otras veces

hace graciosos bizcos detrás de la máscara de aire

que le colocaron los niños mientras roncaba.
El hombre con el disfraz de oso yogui habla y habla de sí mismo:
no hay tema que no provenga de él

o no vaya directo a él.

El otro día fue tan bondadoso que interrumpió la conversación

para aleccionarnos sobre la humildad

poniéndose de ejemplo.

El oso yogui no llega a robar nuestra comida, aunque pudiera hacerlo,

¿pues qué caso tendría?, ¿qué sentido el suspenso?

El oso yogui elige a un miembro diferente de la familia

para hacerle ver que todos

están equivocados. Su acompañante

es un androide programado para aplaudirle

si nadie más lo hace. Y nadie lo hace.

Estoy a punto de dirigirme a la cocina.

Sus ojos invisibles

se clavan en mi cuello.



Elogio de los huevones

Para Alex, Carlos y Noé

Huevón es aquel al que le pesan tanto sus órganos masculinos o femeninos que resulta incapaz de levantarse de su no lugar en el mundo. Huevón, mi semejante, mi prójimo. Te llaman así los envidiosos. Tu actividad es en verdad tan grande, tan primorosa, que se les escapa de las manos con todo y su gramaje hormonal. Deja que ellos dignifiquen con su orgullo el vilipendio al que son sometidos durante su jornada de ocho horas en un ambiente de intrigas y de chismes, doblando turnos, en actividades que alguna vez prometían significar algo y demostraron ser no más que acumulación de horas inhumanas, infravaloradas, en realidad sin valor. Ante su resplandeciente andar cabizbajo y subordinado, el gesto altivo de sus jefes y el ninguneo de sus compañeros de trabajo(s), te ven a ti, ocioso, huevón, como una amenaza a la idea que tienen de sí como hombres o mujeres de provecho. El sueldo de cada quincena les justifica la existencia. Ah, la heroicidad de la oficina. Y todo para arrogarse el derecho a ir de compras en esos lugares comunes a la gente del siglo. Tanto te pesa levantarte para atender la obscena llamada que ofrece un nuevo crédito, caminar para abrir la puerta que tocan con insistencia perruna, enarbolar la bandera del chambeador. Como haces lo que quieres, eres un peligro que pone en duda la productividad de los convencidos de su sitio en el mundo, de los que se arrogan la estúpida felicidad de ser irremplazables, al contrario de esos otros que no avanzan por huevones. Obvio, el empleado del mes finca su felicidad en la esperanza de ser otra vez elegido, felicitado, palmeado en cuanto vuelva su turno en el carrusel de los aplausos. Y es que la huevonada, esa palabra nada sutil para denostar a la ociosidad como un despojo del tiempo, termina por ser crítica del esforzado por caerle bien a sus jefes, por estar en el pináculo del reconocimiento oficinesco, de aquel que entre más se soba el lomo realizando tareas que ingenuamente piensa necesarias más gasta en tonterías. Huevón, tú sí que sabes aprovechar el tiempo. No tiene caso trabajar, esto lo comprendes a mucha honra, mejor que nadie. No vale la pena si no es en favor de ti mismo. Al fin y al cabo, el que no ha sido huevón da hueva. Bien que lo sabes, huevón que en algún momento de tu ligera existencia experimentaste ser un héroe, un patriota de lo mismo, ese al que ahora —si no te diera flojera— mirarías con lástima. Lo inútil es desperdiciar el contado tiempo repitiendo el ritual de los días y los años. Y, por si fuera poco, el colmo del sacrificado trabajador es pensarse superior al huevón, aunque estar en tu lugar, así fuera por un breve instante, le revelaría la futilidad de su aureolada vida.


miércoles, enero 22

Significados radicales

Un ladrillo sobre otro, tus células malgastadas en sorbos de segundos, en tiras de tiempo que si las juntas en un puño, apenas encuentras —eligiendo bien— instantes que valgan la pena. El cielo es claro como una mente sin presagios. Soñaste que un diente, uno de abajo, caía. Molido, te mostraba su raíz por primera y última vez, su habitar tu encía entre muelas atribuladas. Poco importa el significado, pues si como Google dice, tu reputación está en juego o morirá un familiar lejano, ¿lejos de dónde? Porque ayer se consumió alguien a la distancia de una arteria y tu dolor es tenue, de baja intensidad. En el jardín una rama juega a ser bonsái.

M 22 01 20

*

viernes, diciembre 27

Espera

Con el auto varado en la avenida, llevado por el hastío,
podría, si quisiera, declararme en contra de la lírica.
¿Pero no estaría haciendo lírica al mismo tiempo?
Lo atinado, lo verdaderamente contrario
a la vana expresión de holgazanes emociones
en tanto aguardo a que me salven
de este ruido endemoniado, este tráfico
de hora pico, sería balbucear
alguna historia épica, por menor que fuera.
Declararme versus la lírica favorecería
innumerables simpatizantes en Facebook,
cierto acto interesado si bien incapaz de dar alivio
a esta situación en que el termostato de mi auto gris
se ha volcado a vomitar
líquido verde a la banqueta plagada de basura.
La tentación es decir que su máquina se encuentra
en el mismo estado que yo, una falsedad.
Solo estoy aquí, al margen del tráfico, como
cualquier otro ciudadano en la nada heroica espera
de una simple grúa.

miércoles, diciembre 25

Un bosque de posibilidades

Macbeth estaría chiflando en la loma,
cabalgando su caballo entre serpientes,
si hubiera recibido la noticia de la muerte del rey
no por mano propia
o inapropiada.

Tan iluso en su papel de Judas,
tan emperifollado con título ajeno,
no podría durar ni dudar de su posición.

Una sonrisa divide en dos su rostro: grieta.

Anda Macbeth, pavonéate, tómate la selfie
en el lugar que te hacía falta,
tienes aquello por lo que tanto bregaste
con insidia, palabras nacaradas y filosas,
con la cobardía que corona a los traidores.

Al cabo ganaste a pulso lo que no te pertenece,
aprovéchalo, ándate sin rodeos
hasta que el bosque de las circunstancias
cerque tu empalagoso estar desubicado
en el mundo que amas y te desprecia.


Simple

Qué poco interés tengo en quedar bien con las orugas
apostadas en la piedra pómez del jardín,
pues qué significa un jardín sino la esclavitud
de la hierba salvaje, dada al caos,
a la libertad de las esporas.
De verdad te digo: la sangre en el papel
nada tiene que envidiar a aquella en los pulmones,
aunque sea una farsa, la muestra de lo perdido
y encontrado
o el objeto más inesperado.
Te lo comento quedito, a ti que gustas de la dialéctica
patética y patentada —emparentada,
es un privilegio estar vivo, elegir
palabras acariciadas bajo la lengua
tal mascotas domésticas
y arrojarlas desde este silencio de cojines salivales
al ruido de la ciudad.

martes, diciembre 24

Brief

Estoy fuera de tono, mal afinado,
desbalagado como una envoltura vacía
de Doritos Diablo, ¿o eran Nachos?
Quisiera afirmar que el mundo
está echado al mediodía, pero avanza
como un Blackbird
y mientras me rasgo las vestiduras
eso que no sé si fue realidad ya me dejó atrás,
a punto del bocado. Si todo fuera mantener
el ritmo o una posición fijada con tachuela
en las neuronas que acaban de morir.
Me estoy quedando ciego: una dulce anomalía
va cubriendo los agujeros por donde entran
un tren de juguete, un caleidoscopio, la apropiación
de una pintura hallada en la basura.
Si, como en una agencia publicitaria, tuviera
que hacerme cargo de representar a la Realidad,
habría de sumergirme en el agua de la mentira
y salir ileso y radiante,
patinando palabras lúbricas.

jueves, diciembre 19

Al otro lado del Rubicón

Había que eludir la glotonería de las espadas,
los escudos entusiastas
del fétido olor a coágulo.

Pero César era
sal de conquista.

¿Acaso Pompeyo
no sabía apreciar el resplandor
de la grandeza?

Sin duda le guardaba estima,
de ahí que quisiera doblegarla.

domingo, diciembre 15

He oído de alguien llamado Pol Pot

Me persiguen por laberintos de cuchillos,
cuando sueño, en estados alterados,
por rincones inesperados, de manera virtual
y concreta. Me persiguen tal moscas a la sopa,
los viernes por la noche, de madrugada,
en lecturas de poemas con sillas vacías,
en mensajes de texto de circulación anónima,
me persiguen en las cenas familiares,
en aquello que callan, su voz quedita y sin rostro,
me persiguen en trenes de aire, bajo lluvia ácida,
con fuego de relojes, usando máscaras amables
y asesinas, me persiguen para cortarme
mil veces la cabeza.

domingo, diciembre 1

Adversus Deo

Qué ha hecho por mí, o por nadie,
si nos puso a caminar sobre piedras ardientes,
entre cardos e insectos ávidos de clavar su ponzoña.
Por qué habría de rendirle pleitesía
a quien me arrojó a los leones, quien me hirió
con su garra altiva y filosa el rostro de niño.
Por qué habría de creer en su bondad,
en su palabra maltrecha, en su odio feroz.
Mi alma, si existe, se vuelca en un desierto rojo,
en el viento que golpea con furia
los huesos y hace rechinar mis dientes.
Por qué habría de creerle si me desea crucificado,
sin cabeza, asesinado por arpías que visten Gucci.
Por qué habría de creer a quien me forjó
de sobrantes en el festín, de desperdicio
y me dio una lengua para callar y unos ojos
para estar ciego, manos sin huesos.
Por qué estoy donde no debiera,
por qué tomarse la molestia con este trapo viejo,
esta garantía de nada.

sábado, noviembre 30

Mala pata

Esta noche un gato se cruzó en mi camino,
frené un poco para no atropellarlo y me di cuenta
de que no era del todo negro. No sentí alivio:
¿podría tentar más a mi mala suerte?
Su mancha blanca es una sucia abominación.

lunes, noviembre 25

Visitante

Entró un ratón al cuarto y no sé
si darle la bienvenida entre mis libros,
invitarlo a salir escoba en mano
o dejar que se encargue la señora del aseo.
Después de todo es un visitante que come
mis migajas, se apresura a escapar de mí
en cuanto abro la puerta de par en par.
Creo que lo atraparé si me quedo quieto,
si no hago ningún ruido... Sospecho
que tiene un plan para sorprenderme
mientras oye mi respiración a oscuras,
mira mis ojos moverse tras los párpados
y recorre mis piernas
como si se jugara la vida en ello.

domingo, noviembre 24

El aburrimiento es materia poética

Este es el instante en que dormito y dejo que las cosas sean lo que son. Una fila india de pendientes, una lista negra de aquellos fantasmas que habitan la calle donde crecí, los fantasmas de personas que hoy tienen hijos, amantes, fracaso en los negocios o éxitos cotidianos: espectros que prevalecen en el espacio tal como fueron en aquellos años, que continúan con su guerra contra la devastación. También seré fulminado cuando el último vecino ya no guarde memoria de los árboles.

M 24 11 19

*

sábado, noviembre 16

Ciudad y árboles viejos

Había olvidado cómo recorrer las calles en esta ciudad abstrusa y llena de baches. Ciudad de cables enrollados en los postes, de luciérnagas invisibles y ranas en jardines. Desapariciones siniestras, furtivas traiciones. Ya no sabía cómo dar un paso tras otro. Mis pensamientos arruinados, las fachadas van quedando atrás como daguerrotipos deslucidos. Los árboles viejos glorifican sus memorias.

M 16 11 19

*

viernes, noviembre 15

Résignation / Resignación (Paul Verlaine)


Résignation

Tout enfant, j’allais rêvant Ko-Hinnor,
Somptuosité persane et papale,
Héliogabale et Sardanapale!

Mon désir créait sous des toits en or,
Parmi les parfums, au son des musiques,
Des harems sans fin, paradis physiques!

Aujourd’hui plus calme et non moins ardent,
Mais sachant la vie et qu’il faut qu’on plie,
J’ai dû refréner ma belle folie,
Sans me résigner par trop cependant.

Soit ! le grandiose échappe à ma dent,
Mais fi de l’aimable et fi de la lie!
Et je hais toujours la femme jolie!
La rime assonante et l’ami prudent.



Resignación

De niño soñaba con Ko-i-Noor,
Con suntuosidades persas y papales,
Con Heliogábalo y Asurbanipal.

Mi voluntad creaba bajo techos de oro,
Entre perfumes, al ritmo de la música,
¡Harenes sin fin, paraísos concretos!

Hoy, más tranquilo y no menos ardiente,
Sabiendo que en la vida hay que doblegarse,
Debo refrenar mi bella locura,
Mas sin resignarme tal vez lo suficiente.

¡Así sea! Lo grandioso huye de mis dientes,
Mas, ¡fuera la amabilidad y fuera la mierda!
Y todavía sigo odiando a la mujer hermosa,
A la rima asonante y al amigo prudente.


viernes, noviembre 8

Pie de página

Quiero decirles, a aquellos que no lo sepan ya,
que Dios es aterrador de mil maneras,
pero sobre todo nos confunde
con su tan reverenciada fe —y no una fe de erratas—
a seres blandengues como nosotros.
Ignoro por qué espera tanto de nuestro camino ciego,
por qué se vuelca en arrebatos místicos en busca
de un buen pensamiento, de una guerra santa
contra los hábitos que nos hacen
lo que somos: huesos, sangre, pellejos, barro
que alguna vez tomó en sus manos invisibles.
Esto de la fe trae consecuencias funestas
a seres volubles que nos sostenemos en dos pies
si tenemos suerte, que no somos montañas.
Si fuéramos esos seres de luz de los que tanto hablan
los libros que se abrogan el derecho a lo divino,
no estaríamos aquí hablando, temerosos de salir
a una distancia poco prudente.