domingo, agosto 11
Chismosos
Quisiera hablar bien de los chismosos. Me parece que ese murmullo que van dispersando por el mundo es un ejercicio de la ficción, una ingenua exposición de motivos a la que hay que mirar con ternura. Los chismes, se nos dice, son sabrosos. Pueden ser de un canibalismo feroz y aun así muchas veces no encontramos razones para abandonar lo que llamamos un buen chisme. ¿De qué hablaban, de qué chisme me perdí cuando no estaba? Quizá el chismoso no alcanzó a escuchar lo que de él decían. El chismoso no ignora que en cuanto les dé la espalda a otros chismosos será un suculento bocado más, su comidilla. Me intriga el sonido endurecido y a la vez suave de la che con que comienza el chisme. La che, que acompaña en nuestro vocabulario a tantas cariñosas palabrejas, en el caso del chisme se vuelve un tanto pesada, luego aguda al combinarse con la i, algo ácida, para que finalmente la consonancia entre seca y mullida de la ese y la eme den lugar a una vocal de género indeterminado. Si el chisme, dulce y ácido a la vez, picante sin duda, fuera una paleta, quizá sería de chamoy. Las revistas y los programas radiales o televisivos de chismes gozan de una salud de audiencia excelente. No cualquiera sabe transmitir un gran chisme —uno de esos que hacen levantar, más que las cejas, las antorchas de los vecinos, las lenguas afiladas. Las celebridades incluso aprovechan el foro para aumentar su publicidad desmintiendo el chisme, haciéndolo ver como una mera suposición de periodistas para ganar dinero, aunque la fama, como el chisme, es traicionera: materia dúctil en labios hábiles para el murmullo. Este aspecto, el del murmullo, llama especialmente mi atención. Una especie de zumbido que se niega a ser descifrado, escondido tras su carencia de articulación, de claridad. El chisme convierte el éxito o la felicidad ajena en tragedia propia. Flagrante malabarista del discurso, el chismoso no puede permitir que alguien ocupe un puesto que “no merece” o que debía ser suyo o de su amigo, que alguien tenga tal novio o novia que “no le conviene”, que alguien consiga un auto o una casa “aunque no tenga dinero para pagarla”, de ahí que fantasee con otra versión de los hechos, con sucedáneos, que siembre la duda e, incluso, a partir de ahí, busque cambiar la realidad. El chismoso es un entusiasta activista del interés colectivo: no lo digo yo, por ahí andan diciendo, argumenta. Cuando el río suena agua lleva, dice un dicho tan popular como el chisme, pero entre chismosos cada quien lleva agua a su molino. “Shhhhh, ahí viene” es la recurrente expresión cuando va acercándose la persona objeto del chisme. La verdad es lo de menos, solo una pizca que le da sabor al caldo que el chismoso ha preparado en aras de borronear la noción que del o de los otros tenemos.
miércoles, junio 5
Atropello
Todo duele como si una bicicleta
me hubiera pasado por encima.
Como si a esa bicicleta la montara
una persona gorda e insidiosa.
Todo duele: los hombros malnacidos,
las manos debiluchas, los ojos amoratados.
Me hago como el que no quiere la cosa,
miro de reojo la vida transcurrir
como un hilito de tela de araña
que va creciendo y atrapándome.
Quién sabe qué haría sin este dolor:
tal vez me acostaría en la azotea
sin pensar en nada.
me hubiera pasado por encima.
Como si a esa bicicleta la montara
una persona gorda e insidiosa.
Todo duele: los hombros malnacidos,
las manos debiluchas, los ojos amoratados.
Me hago como el que no quiere la cosa,
miro de reojo la vida transcurrir
como un hilito de tela de araña
que va creciendo y atrapándome.
Quién sabe qué haría sin este dolor:
tal vez me acostaría en la azotea
sin pensar en nada.
domingo, junio 2
Selfies
No me agradan los adictos a tomarse selfies,
siempre fotos de sí mismos como si necesitaran
verse todo el tiempo con diferente paisaje.
No creo en su enamoramiento personal,
ni que dure, ni que importe, ni tampoco creo
en su carisma de platos rotos. Algún día despertarán
engullidos por su propio yo, atascados en el mismo
rostro aunque se trasladen al fin del mundo.
Algún día todas las selfies juntas, una sobre otra
no serán más que una sola selfie infinita
que documenta el deterioro.
siempre fotos de sí mismos como si necesitaran
verse todo el tiempo con diferente paisaje.
No creo en su enamoramiento personal,
ni que dure, ni que importe, ni tampoco creo
en su carisma de platos rotos. Algún día despertarán
engullidos por su propio yo, atascados en el mismo
rostro aunque se trasladen al fin del mundo.
Algún día todas las selfies juntas, una sobre otra
no serán más que una sola selfie infinita
que documenta el deterioro.
viernes, mayo 31
No soy
No tengo música en qué caerme muerto,
no tengo ni siquiera muertos que no lamente,
no tengo lamentos que duren porque son aburridos:
a veces quisiera ahogarme en un vaso de agua,
morir asfixiado con palabras que brotaran de mi boca
como peces que huyen. A veces no quisiera,
hoy por ejemplo, más que flotar hasta salir
por la ventana y desaparecer como un globo de helio
entre nubes y aves extrañadas. A veces, hoy,
tan solo quisiera dormir, dejar de escuchar el ruido
de mi cerebro, los alacranes que me rondan.
No soy yo el que se levanta cada día de su rutina
y mira los reflejos en la televisión apagada.
Publicado en Luvina núm. 98. https://luvina.com.mx/foros/index.php?option=com_content&task=view&id=3887&Itemid=87
no tengo ni siquiera muertos que no lamente,
no tengo lamentos que duren porque son aburridos:
a veces quisiera ahogarme en un vaso de agua,
morir asfixiado con palabras que brotaran de mi boca
como peces que huyen. A veces no quisiera,
hoy por ejemplo, más que flotar hasta salir
por la ventana y desaparecer como un globo de helio
entre nubes y aves extrañadas. A veces, hoy,
tan solo quisiera dormir, dejar de escuchar el ruido
de mi cerebro, los alacranes que me rondan.
No soy yo el que se levanta cada día de su rutina
y mira los reflejos en la televisión apagada.
Publicado en Luvina núm. 98. https://luvina.com.mx/foros/index.php?option=com_content&task=view&id=3887&Itemid=87
lunes, mayo 6
Despegue
Atrás dejo
un paisaje de cemento
rodeado de
montañas, restos
de antiguos
terremotos,
a una
velocidad deslumbrante,
como si uno
pudiera
de verdad
abandonar
así su ciudad,
mirándola
por arriba,
alejándose
de sus azoteas,
del aire y
las voces que retumban
en la cabeza
como parvadas
que se
alistan a migrar.
miércoles, mayo 1
No he salvado al mundo
He pasado por entre calles vacías
como si caminara sobre algodones,
fuera de mí, dentro de
pensamientos
que no llevan a ninguna parte,
ni siquiera a mis propias manos,
a mis dientes, a mis piernas.
Es tal esta debilidad que me
encierro
en un cubo con la puerta
entreabierta
para que no pase demasiado sol,
ni demasiado aire o cielo.
La cortina deja mirar una línea
azul
detrás de los barrotes de la
ventana,
como si quisiera abrir una
grieta.
lunes, febrero 4
Mente criminal
Me gustaría
desgranarlos
pedazo
a
pedazo,
mutilar
sus salidas
emergentes
con planeación
estratégica,
aplastarlos
como a arañas
satisfechas
y confiadas.
Solo motivos
infranqueables
que excavo
de mi débil
corazón
—tiene un soplo—
me impiden
tomar una pistola,
una guadaña,
hilo metálico,
instrumentos
de ortodoncia,
desbaratarles
el rostro,
la risita
sarcástica,
el embotellamiento
de malos
sentimientos.
Domingos
Recorríamos en bici calles empedradas,
pasábamos el río Chiquito, la unidad deportiva,
el Callejón del Diablo,
las ventanas ansiosas de tardes milagrosas,
la cuesta hacia el Templo de la Cruz.
Subíamos al vetusto molino de viento
para mirar las azoteas de los caseríos,
las hormigas con rebozo en la plaza,
la cascada de El Salto —un hilo dental en el cerro,
platicábamos del incierto futuro
antes de volver a internarnos
por desniveles y callejones que a pleno sol no parecían
contener las leyendas contadas por otros niños
en entretenidos velorios con chocolate caliente
y algunas piezas de pan.
domingo, enero 27
Job
Cuánta fe tenía que aunque un rayo asesino y divino
fulminó a su familia, le fue otorgada otra.
Es como si Dios se formulara desde arriba
su propia versión del mundo.
No siente como nosotros, mira todo desde lejos
—el diablo es apenas una pequeña hormiga roja
con la que a veces habla.
Somos su creación más querida y apreciada,
su abominación y la prueba irrefutable
de que no solo existe,
también ha ido aprendiendo a hacer
una que otra broma.
fulminó a su familia, le fue otorgada otra.
Es como si Dios se formulara desde arriba
su propia versión del mundo.
No siente como nosotros, mira todo desde lejos
—el diablo es apenas una pequeña hormiga roja
con la que a veces habla.
Somos su creación más querida y apreciada,
su abominación y la prueba irrefutable
de que no solo existe,
también ha ido aprendiendo a hacer
una que otra broma.
sábado, enero 26
domingo, enero 13
Invasión
La lámpara del cuarto es una inmensa nave espacial
con múltiples tentáculos, a punto de arribar
o de soltar, además de polvo, extraterrestres
—armados hasta los dientes o lo que sea que tengan
en aquello que bien podría ser una boca—
y un espectáculo de luces y letales acrobacias.
Dejaré los pensamientos pasar, hacer un hoyo
en el cerebro y esconderse allí, los cobardes,
a esperar un mejor momento para disponerse
a salvar la tarde de esta invasión de figuras magenta.
con múltiples tentáculos, a punto de arribar
o de soltar, además de polvo, extraterrestres
—armados hasta los dientes o lo que sea que tengan
en aquello que bien podría ser una boca—
y un espectáculo de luces y letales acrobacias.
Dejaré los pensamientos pasar, hacer un hoyo
en el cerebro y esconderse allí, los cobardes,
a esperar un mejor momento para disponerse
a salvar la tarde de esta invasión de figuras magenta.
sábado, enero 12
Todavía recuerdo la estatua
de Francisco Zarco a la salida de la escuela,
casi siempre con una lata de refresco colgada
de la pluma que sostenía con extraña solemnidad,
como si jugara con un balero, como si de pronto
despertara de un sueño del siglo XIX
y comenzara a mirar la tarde.
casi siempre con una lata de refresco colgada
de la pluma que sostenía con extraña solemnidad,
como si jugara con un balero, como si de pronto
despertara de un sueño del siglo XIX
y comenzara a mirar la tarde.
miércoles, enero 9
Disertación
El durazno está allí, en la banqueta,
y me pregunto si eso será importante,
teniendo en cuenta las resoluciones
que a cada microsegundo toma la naturaleza.
Y en la naturaleza del durazno está
no ser consciente ni de su suavidad ni de su
resquebrajadura ni de su tintura rosácea ni de su brillo
contra el sol que todo lo vence y transfigura.
Pero en la razón de ser del durazno no es lo mismo
—seguramente— estar atravesado por la llanta
de una bicicleta que en mi mano, siendo observado.
Aunque vaya a tirarlo en la primera oportunidad
porque está pasado y no me gustan las frutas así.
De manera que la banqueta vuelve a ser relevante
—hipotéticamente para el durazno—
y no importa si alguna vez le di existencia o
me la dio a mí en tanto lo pensaba.
y me pregunto si eso será importante,
teniendo en cuenta las resoluciones
que a cada microsegundo toma la naturaleza.
Y en la naturaleza del durazno está
no ser consciente ni de su suavidad ni de su
resquebrajadura ni de su tintura rosácea ni de su brillo
contra el sol que todo lo vence y transfigura.
Pero en la razón de ser del durazno no es lo mismo
—seguramente— estar atravesado por la llanta
de una bicicleta que en mi mano, siendo observado.
Aunque vaya a tirarlo en la primera oportunidad
porque está pasado y no me gustan las frutas así.
De manera que la banqueta vuelve a ser relevante
—hipotéticamente para el durazno—
y no importa si alguna vez le di existencia o
me la dio a mí en tanto lo pensaba.
jueves, diciembre 27
Partogénesis
Permanecen libros que me han regalado
y no me he atrevido a expulsar de mis repisas,
con versos entusiastas y desafortunados.
El día empieza a sumergirse en la oscuridad
y ya estoy cansado de reordenar por temas,
títulos, por familias semánticas o enemistades
(divierte contraponer a un autor con su antítesis).
He experimentado una transformación:
la de quien —ingenuo— piensa que su salud vendrá
si encuentra las ideas en su lugar.
y no me he atrevido a expulsar de mis repisas,
con versos entusiastas y desafortunados.
El día empieza a sumergirse en la oscuridad
y ya estoy cansado de reordenar por temas,
títulos, por familias semánticas o enemistades
(divierte contraponer a un autor con su antítesis).
He experimentado una transformación:
la de quien —ingenuo— piensa que su salud vendrá
si encuentra las ideas en su lugar.
lunes, noviembre 19
Fábula del alacrán
Se había escondido en la habitación, justo en uno de los zapatos del hombre con patas de araña: al principio no sintió el pinchazo, hasta que lo vio huir por debajo de la puerta hacia el patio. Y entonces el veneno ascendió recorriendo su pata delgada como un alfiler. Trepó hasta sus ocho ojos, encendió su cerebro y le hizo rechinar la mandíbula. Un momento más tarde, se sentaron a desayunar y el alacrán, que era uno de esos pequeños y güeros, de los que dicen son los más peligrosos, le pasó la sal de mar —bien comedido— al hombre con patas de araña, quien educadamente, con una reverencia sincera, le dio las gracias y subió por la pared para mecerse en su telaraña mientras dejaba seca a una mosca verde.
miércoles, noviembre 14
Limonero
Llego al trabajo y miro las hojas verdes
del limonero en la maceta, que da frutos
jugosos pese a ser tan pequeño
en la terraza donde los empleados
comen de lunes a miércoles a las 2 pm.
Ya casi nadie se da cuenta de su existencia,
nadie presta atención a las líneas amarillas
que los gusanos han marcado en sus hojas.
Yo solo atino a robarle los limones.
del limonero en la maceta, que da frutos
jugosos pese a ser tan pequeño
en la terraza donde los empleados
comen de lunes a miércoles a las 2 pm.
Ya casi nadie se da cuenta de su existencia,
nadie presta atención a las líneas amarillas
que los gusanos han marcado en sus hojas.
Yo solo atino a robarle los limones.
lunes, noviembre 12
Quisiera ser un superhéroe
Armado con arco y flechas y encapuchado,
no errar un solo tiro al apuntar a mis enemigos,
a esos que además están dentro de mí, aguardando.
Quisiera ser un superhéroe que olvidara
algunas secuelas de equivocadas decisiones
como aquello que en la mudanza se pierde,
como si detrás de la máscara estuviera a salvo
de este sonriente rostro al que desconocidos
saludan en la calle.
no errar un solo tiro al apuntar a mis enemigos,
a esos que además están dentro de mí, aguardando.
Quisiera ser un superhéroe que olvidara
algunas secuelas de equivocadas decisiones
como aquello que en la mudanza se pierde,
como si detrás de la máscara estuviera a salvo
de este sonriente rostro al que desconocidos
saludan en la calle.
domingo, septiembre 2
Realidad alterna
No puedes tomar en serio a un hombre
que escucha un zumbido todo el tiempo.
Quienes padecen tinnitus han sido acusados
de asesinar al médico que les da la noticia:
no hay quién pueda curarlos.
Nadie está a salvo de su insidia, ni siquiera
ellos mismos: una plaga serrucha sus neuronas.
Es como si tuvieran un corto circuito ad infinitum
o experimentaran un bucle de tiempo
en que explotara su cabeza sin salida.
Torpes, se tambalean en esta realidad que no puede
entrar de golpe en sus oídos.
que escucha un zumbido todo el tiempo.
Quienes padecen tinnitus han sido acusados
de asesinar al médico que les da la noticia:
no hay quién pueda curarlos.
Nadie está a salvo de su insidia, ni siquiera
ellos mismos: una plaga serrucha sus neuronas.
Es como si tuvieran un corto circuito ad infinitum
o experimentaran un bucle de tiempo
en que explotara su cabeza sin salida.
Torpes, se tambalean en esta realidad que no puede
entrar de golpe en sus oídos.
No me invitaron a la Gran Fiesta de los Poetas
Siendo sincero, apenas soy un minúsculo poeta,
no tengo un estilo que me diferencie de la mayoría,
mis técnicas son pobres y pasadas de moda.
No incluyo efectos tecnológicos y además
suelo hablar de mí mismo, con lo que
me acusan de poeta de la experiencia, del silencio
—aunque ya no sepa qué es el silencio.
Soy un imitador de anécdotas, un usurpador
de esas pequeñas realidades que dejaría de lado
si no las describiera. No me invitaron a la fiesta,
y tienen razón: quién soy yo para aparecer
en los periódicos, si no he ganado un premio
y ni siquiera una beca. No soy de la élite
que invitan a las grandes lecturas de poesía
donde presentan a las personalidades locales
en medio de aplausos y luces y gritos de admiración.
No estoy invitado a la fiesta, así que me quedaré
a escribir poemas.
no tengo un estilo que me diferencie de la mayoría,
mis técnicas son pobres y pasadas de moda.
No incluyo efectos tecnológicos y además
suelo hablar de mí mismo, con lo que
me acusan de poeta de la experiencia, del silencio
—aunque ya no sepa qué es el silencio.
Soy un imitador de anécdotas, un usurpador
de esas pequeñas realidades que dejaría de lado
si no las describiera. No me invitaron a la fiesta,
y tienen razón: quién soy yo para aparecer
en los periódicos, si no he ganado un premio
y ni siquiera una beca. No soy de la élite
que invitan a las grandes lecturas de poesía
donde presentan a las personalidades locales
en medio de aplausos y luces y gritos de admiración.
No estoy invitado a la fiesta, así que me quedaré
a escribir poemas.