Atrás dejo
un paisaje de cemento
rodeado de
montañas, restos
de antiguos
terremotos,
a una
velocidad deslumbrante,
como si uno
pudiera
de verdad
abandonar
así su ciudad,
mirándola
por arriba,
alejándose
de sus azoteas,
del aire y
las voces que retumban
en la cabeza
como parvadas
que se
alistan a migrar.
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