Ya no estoy para dejarme caer entre tornillos que alguien tiró en el
piso antes de irse nadando por la calle sonrojada. Vengo de mirar aparadores en
un supermercado con vidrios de aire, productos que solo podían ser percibidos
por el olfato. Me descubro enérgico y grisáceo todavía, como un diente que
acaba de ser reparado de la caries con una bochornosa capa de material que
pretende parecerse a mí mismo. Cómo se rompen burbujas en el pecho y causan
este ruido de avión que avanza rompiendo las nubes, cuchillo desafinado. Recuerdo entonces: me vi envuelto de metáforas y me
deshice de ellas como de huesos desperdiciados. Una puerta se abre, rechina,
voces de una película llenan el vacío que los grillos no alcanzaron a distorsionar cantándome al oído noche y día, horas y horas estiradas hasta volverse
transparentes, aparentes. Dejo que mi lengua acaricie sin amargura las
palabras, que huya hacia el punto y aparte, que emita sus señales justo antes
de dejarme vencer por las pesadillas.
viernes, agosto 26
Mirar es fácil
Perros ladran a una hostia colgada de un cielo desteñido, plagado
de relámpagos que no terminan por alumbrar la noche esbelta. El ruido de la
oscuridad me hace bostezar y salto de página, con todo y una pátina de óxido
que se embarra en las yemas de mis dedos. Lo lamo, pensando que puede ser
venenoso y tan solo hago un gesto de hastío antes de levantarme y clavarme como
una tachuela en las acolchadas neuronas de mi cerebro. Ladridos; un avión despegó para encontrarse solo en este momento, detenido en medio del marco de
la puerta. No quiero decir que balbuceo y, lo hago: me doy de topes contra una
pared imaginaria, me tapo los oídos para intentar descifrar las redes tendidas por la noche, pero esos
motores de propulsión me sacan del ensimismamiento, me sitúan frente a la página
electrónica. Abro la boca aspirando el silencio rezagado en los rincones de un cuarto que apenas comienza a
mirarse a sí mismo luego de un largo ahogamiento.
miércoles, agosto 17
Abejas
Los
bomberos les echaron agua con jabón.
La
espuma las atontaba, las arracimaba
entre
las piedras del patio, obra además
de
la escoba con que eran barridas
como
volutas de madera que ya no sirven
al
diseño original. Sus zumbidos
quedaron
apagados tras del vidrio,
las
sobrevivientes revoloteaban sin rumbo
alrededor
de su reina.
Momentos
antes, habíamos subido a la azotea
a
mirar cómo el panal refulgía en lo alto de un árbol
de
nombre desconocido, hermoso y letal
entre
la transparencia de las alas.
La
belleza es así:
nos
impele a destruirla.
viernes, agosto 12
Publicidad y esperanza
La esperanza es la felicidad del futuro en el presente, leí no sé dónde, tal
vez en una galleta de la suerte. Rumiaba esto al bajarme del 371, caminando aprisa para
firmar mi entrada en la agencia de publicidad. Me pregunto si las felices frases acuñadas durante meses y semanas de reescritura podrían, reunidas, decirme de una vez por todas quién
ya nunca llegaré a ser.
M 12 08 16
*
M 12 08 16
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domingo, agosto 7
Punta Monterrey
“El
mar está inmerso en la contemplación de las estrellas”
podría
ser una buena frase para comenzar
un
poema usando este smartphone
que
para escribirlo completa las palabras.
Lo
cierto es que era yo quien contemplaba las estrellas
frente
al mar, hasta
que la niebla borroneó algunas que,
intermitentes,
todavía querían seguir brillando.
Pero
también es mentira: soy yo quien quería que brillaran,
como
tantas cosas del pasado que ya no existen
sino
enfermas. Y el mar solo se asemeja a mí
porque
padece tinnitus, ese zumbido ronco
del
que no puede nunca librarse
en
su ir y venir tan lejos de las estrellas.
lunes, agosto 1
Poema
Vomita puntos y comas, grandes y pequeños
silencios
apenas advertidos, explosivos,
nostálgicos.
Es lo que no aparece en el inventario
lo
que destaca, incapaz de salvarse del
ruido
constante, de las zonas de angustia
y
somnolencia. Obsolescente,
busca
guarecerse entre la nada
que
le ha domesticado.