jueves, junio 19

Entrevista sobre Metrópolis con Sergio Ríos

La revista Metrópolis es una publicación reciente que procura una visión particular de poesía actual y un diálogo a través de las traducciones con otras literaturas. La siguiente entrevista entre el editor Carlos Vicente Castro y Sergio Ernesto Ríos a propósito de Metrópolis da a conocer el funcionamiento de esta revista que se publica en Guadalajara. Puede consultarse la versión electrónica en el sitio:

www.revista-metropolis.com

(SER) Desde hace algunos años Guadalajara ocupa un lugar central en la edición de revistas y libros de gran calidad, ¿cuál es la propuesta de Metrópolis?
(CVC)Continuar el diálogo literario, en este caso centrado en la poesía pero también abierto a otros géneros como la plástica y cualquier tipo de literatura con la brevedad suficiente para ser incluido en una revista con un espacio tan reducido como lo es finalmente el de Metrópolis.

La pauta la marca con mucho nuestro consejo editorial. Sólo dos integrantes estamos en Guadalajara y los demás viven en Guanajuato, el Estado de México, el DF y uno más en Alemania, si bien compartimos cierto gusto por los viajes. No somos estáticos.

Por supuesto, el diálogo se amplía con nuestra página en Internet, donde pretendemos incluir más material, en el futuro, que aquel publicado en lo que llamaríamos, que diría Ángel Ortuño, nuestro mascarón de proa.


(SER)¿De dónde surge el nombre de Metrópolis?
(CVC)Es una palabra que me ha rondado por mucho tiempo. La idea de la metrópoli abarca un conglomerado urbano de vivencias personales y sociales bastante amplio. Fuera de sus cualidades sonoras y de su inmediata asociación a la película del mismo nombre que sitúa en una perspectiva crítica la noción de modernidad, pretendemos hacer visibles las urbes individuales de los autores, una especie de carrefour en que, en un momento determinado, se entrecruzan obras de diferentes y distantes geografías.


(SER)¿Hay un enfoque particular en la elección de los poetas, del material que se publica y, en ese sentido, cuál es la visión de la poesía que se intenta plasmar?
(CVC)El enfoque principal es el de la aportación personal. Especialmente nos atraen los lenguajes que exploran vetas poco comunes en la poesía –mexicana o de otros lados-, pero en sí pretendemos mantener una comunicación abierta con la tradición (sólo posible a partir de la ruptura, aludiendo a Paz).

Y para continuar con la alegoría de las metrópolis, procuramos que convivan poemas producidos en diferentes localidades de este y otros países. Como ya se ha dicho, nuestra lectura de la globalización involucra la necesidad de comunicar individualidades.

En este mismo sentido, consideramos la traducción como un medio bastante grato y eficaz para explorar algunas de las coordenadas poéticas que se aportan en otras lenguas.


(SER)Es una publicación abierta, ¿cuál es el mecanismo para publicar?
(CVC)En un principio se hizo una invitación abierta, basándonos en nuestros propios contactos de Internet. Las invitaciones continúan por ese medio, pero ahora ya empezamos a recibir material de gente que no conocíamos.

De cualquier manera, el proceso de selección que sigue el consejo editorial se centra en los poemas, pues se eligen omitiendo en las entregas los nombres de los autores y argumentando las decisiones.


(SER)¿Hay alguna razón especial respecto a la brevedad de esta publicación, algo parecido a crear un material de colección de forma visual y escrita?
(CVC)En ambos aspectos el espacio reducido ha resultado ser una gran ventaja. La razón principal de este formato tabloide es que teníamos que encontrar una manera de asegurar la publicación mensual de Metrópolis abaratando los costos sin mengua de la calidad de impresión y sin vernos atareados por “llenar” páginas a toda costa. Fue así que empezamos a jugar con la idea del cartel, el periódico mural, esos escandalosos mamotretos tan caros a algunas publicaciones de vanguardia, aunque aportando nuestra propia lectura al fenómeno.

Ojalá los lectores encuentren en Metrópolis un objeto digno de sobrevivir, tanto en lo poético (que abarca las artes) como en su noción de objeto, más allá de su aparición mensual. Por un lado, pretendemos que cada poema e imagen cuenten con un espacio propicio para ser atendidos por los lectores y, por otro, acentuar el carácter material de la revista como otra aportación más, en el sentido de que sea un medio y un fin a la vez.

Así, aparte de la atención que de por sí busca atraer una revista de poesía, tenemos especial cuidado en el diseño de la edición, que es también una colaboración.


(SER)Se maneja como una publicación independiente, pero ¿hasta qué punto puede ser esto viable frente a retos de costo y distribución?
(CVC)Sin el apoyo económico para la impresión que obtenemos de la UdeG el proyecto se hubiera atrasado bastante o quizá ni siquiera habría existido. La viabilidad consiste aquí en que nos preocupamos menos del dinero para concentrarnos en la apuesta de la revista. Por supuesto, estamos abiertos a más patrocinios bajo esta condición de autonomía.


(SER)¿El grado de independencia tiene que ver con la finalidad de Metrópolis en sí?, ¿puedes ahondar en ello?
(CVC)Claro que sí. El apoyo institucional viene muy bien, hace posible el proyecto, pero el trabajo de la revista va más allá de la impresión y distribución (la UdeG la distribuye sólo a nivel estatal). No tendría ningún caso editar Metrópolis sin libertad creativa.


(SER)¿En qué medida implica un obstáculo el hacer una revista desde provincia?, ¿hay realmente una barrera invisible para llevar a cabo este tipo de proyectos editoriales?

(CVC)No es un obstáculo, sino toda una bendición. Precisamente ponemos en perspectiva esa homogeneización de caracteres que el término “provincia” impone a quienes habitamos en el resto del país, en contraposición a la capital, una idea que desconoce nuestras diferencias pero que sin duda nos permite actuar “a nuestras anchas”.

Un ejemplo visible de que se puede jugar con y hasta sacar partido de ese término, ya no digamos despectivo sino además ajeno a la idea política en que se constituye nuestra república, convirtiéndolo en nada menos que en una estafeta, dentro de la historia literaria tapatía, es Bandera de Provincias, una revista con una vitalidad y un ansia de conocer las literaturas y las artes que se hacían en el resto del mundo y que sin duda creó en el siglo pasado un importante precedente, a su vez una continuación, en cuanto a sus objetivos, de aquella decimonónica y también tapatía La república literaria, donde escritores como José López Portillo y Rojas, Esther Tapia de Castellanos y Manuel Álvarez del Castillo conectarían a Guadalajara con, por decirlo así, otras “provincias”.

Bajo esta premisa, creo que podemos hacer caso omiso de las barreras políticas para centrarnos en las conexiones literarias. Lo que es más, tal vez, sin importar dónde vivamos, no haya otra manera de aportar una visión personal que estando al margen, moviéndose en un espacio “provinciano”.

No hay que descartar el sentido irónico que entraña hacer en “provincia” una revista que se llame Metrópolis.


(SER)¿Cuál ha sido la recepción del número 0?

(CVC)Según las noticias que hemos tenido, ha habido una excelente respuesta, tanto con la versión impresa como con la electrónica. Esperamos continuar así.


(SER)A largo plazo ¿cuáles son los objetivos de Metrópolis?

(CVC)Uno de los conceptos más importantes de lo que significa hacer Metrópolis es su vitalidad, su capacidad de mantenerse en movimiento, de reinventarse y proponer ese diálogo del que ya hemos hablado. Nuestro compromiso es permanecer un año con esta propuesta inicial y a este ritmo. Después, ya veríamos.



Publicada en "Hangar".

viernes, mayo 30

Lo que falta

Es difícil juzgar a la propia generación. En el proceso podemos quedar atascados. Quizá tan sólo logre uno verse en el espejo empañado. Más prudente es mirar de lejos y sin niebla. Nos falta autocrítica. Nos sobran antologías.

N 30 05 08

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martes, mayo 27

De públicos y ansiedad

Decir publicidad es referirse al público, a una masa de espectadores.

Sí, la publicidad conlleva el arte de comunicar, claro (por decirlo así). Comunica efectivamente un mensaje que beneficie a su cliente, omitiendo aquella información dañina y exagerando o inventando los beneficios. Señala a sus receptores múltiples y contradictorias rutas de felicidad. Más que claro, por supuesto, el propósito suena turbio.

Como las religiones, la publicidad no sería nada sin la perspectiva de la muerte. Pero, a diferencia de ellas, no la menciona, la evade, la esconde, aunque está siempre presente: hay que disfrutar, reafirmar una personalidad efectiva, experimentar el paraíso antes de que todo acabe (o prevenir el después: "para estar tranquilos")... Qué tanto puede costar una parcela de autoestima.

Hay que intensificar la vida combatiendo esa desagradable para ud. y tan cara al publicista ansiedad -a esa sed suya de ignora qué cosa (nosotros le decimos cuál).

Dinero de por medio, vida resuelta.

N 27 05 08

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Sobre los pedantes

La pedantería tiene raíz en una cualidad respiratoria. Al pedante le falta aire y se le cierra la garganta, por lo que engola su voz. Una situación muy lógica si tomamos en cuenta que en esos momentos "se da sus aires" de ser poseedor de cierta cultura, gusto o apreciación. Se da unos aires que le faltan, de ahí que se le asocie, para ridiculizarlo, con aquellos sonoros vientos que más bien se relacionan con los desechos físicos. El pedante cae mal; es indigesto. No respira con fluidez. Lo escuchamos desfasado, muy sobre ese tono que la naturalidad confiere. Su artificialidad, con todo, no pretende ofender, sino tan solo posicionarlo en un grupo social o comunidad en que para ser aceptado hace exactamente aquello que le aleja de ella: asumir un papel que no le corresponde, el de una enciclopedia portátil, errática, como un anticuado y rígido maestro con una vara para atosigar a los otros, ignorantes, que ojalá se den cuenta de que hay quien les puede sacar de su pobre estado no de ignorancia, sí de falta de aprecio del genio natural. ¿Por qué no me aceptan si a cada rato compruebo que estoy hecho para todos los temas y mis oportunas intervenciones no desaprovechan la mínima oportunidad de hacerlos mejores de lo que son? Se encuentran, nada menos, ante alguien que supone que saber demasiado –un acto tan poco oportuno como una ventosidad– le dará un lugar especial entre aquellos cuya amabilidad desea y, más allá, o más acá, sinceramente su amistad o, ya que no la posee, su admiración. Gomoso, pedorro, engreído, sabihondo y, en fin, execrable y digno de rechazo: ese es el pedante, quien después de todo apenas si anhela una migaja de la alegría destilada por un puñado de personas que se llevan bien entre sí pero evaden con desprecio a aquel que en vez de actuar (respirar) con vitalidad tan solo emite al hablar esos mórbidos sonidos que harán huir al más hipócritamente bondadoso.

viernes, mayo 23

Publicidad y sentido


La poesía da sentido, la publicidad lo simula. ¿O es al revés?

Nota-apéndice: escribir poesía

Tal parece que se escribe poesía no solamente para decir algo, sino para decir algo que nos diga. Que diga lo que somos, quiénes somos: o lo que no seremos. ¿El poeta sabe lo que dice? Ni siquiera tiene control sobre lo que hará las próximas 23 horas, ¿o eran catorce? Sabe que dice, que algo dice, y lo desdice. Con toda su atención, se deja llevar.

N 23 05 08

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jueves, mayo 22

Tiempo nuevo


A veces quisiera que el tiempo no hubiera transcurrido o que se hubiera detenido en un determinado periodo, un apenas segundo en que una sonrisa, una mirada tranquila, un deambular entre las calles con desenfado era habitual. ¿Qué ofrece este nuevo tiempo que finalmente hace voltear hacia atrás y extrañar incluso la nostalgia? ¿Es un tiempo sin futuro? ¿Es tiempo? He llegado a pensar que lo único real es el cuerpo... ¿tiempo? Los poros, cabellos, los dedos de los pies o cada rasgo aislado de la cara dicen aquello que la percepción ante la vida diaria y continua no termina de descubrir. Sí, de quitarle lo que la cubre. Hace tiempo creí haber sido tiempo y me pregunto ahora si ese tiempo es capaz de mirarse a sí mismo.

miércoles, mayo 7

Metrópolis cero







Lo prometido: el primer número ya se distribuye.

Por ahora sólo está en Guadalajara, pero a partir de la siguiente semana podrán conseguirla en el DF con Alejandro Tarrab y en Guanajuato con Lalo Padilla. En Santiago de Chile la estará rolando Sergio Ríos dentro de unos dos o tres días.

Colaboran, en poesía, Ángel Ortuño, Claudio Daniel (traducción de Sergio Ríos), León Plascencia Ñol, Rocío Cerón, Timo Berger, Óscar de Pablo y Alejandro Tarrab, con dibujos a pluma de Eloy Barragán y diseño de Uriel Martínez.

Yo la edito, y conforman el consejo: Ángel Ortuño, Eduardo Padilla, Sergio Ernesto Ríos y Alejandro Tarrab. Para nuestro número uno, que saldrá en junio, se integra el buen alemán, y a estas alturas ya sudamericano honorífico, Timo Berger.

Somos independientes, aunque contamos con el auspicio de la Universidad de Guadalajara.

Les invito a conseguirla o a echarle un vistazo en

www.revista-metropolis.com

martes, mayo 6

Más sobre publicidad y arte

Mi reflexión sobre la publicidad y el arte quizá resulte muy abstracta para muchos que la hayan leído, pero es para mí una práctica a la que me enfrento a diario en la agencia. Hay convergencias, sin duda, entre esto de tararear poemitas y el hacerle a la publicidad. Pero en cuanto lo pienso, vienen a mi cabeza las grandes divergencias. Cuando se hace un poema, por ejemplo, nunca se sabe en qué acabará. En cambio, en publicidad ha de saberse siempre hacia dónde se dirige uno. De otra manera estaría destinada al fracaso. Es decir, la publicidad busca el éxito; la poesía destruye, entre otras cosas, esa imagen estúpida del éxito. La poesía se desenvuelve en un espacio contra lo fraudulento, arma un entramado verosímil de una realidad que comienza y termina en el poema.
Por cierto, extraordinarios jingles forman parte ya de nuestra común imaginería, como aquel que creara Fernando González Oviedo en el espacio de la W Radio, "Mejor, mejora Mejoral", o esos versos macabros que irrumpieron en la televisión de los sesenta anunciando puré de tomate: "Estaban los tomatitos / muy contentitos / cuando llegó el verdugo / a hacerlos jugo. // 'Qué me importa la muerte', / dicen a coro, / 'si muero con decoro / en los productos Del Fuerte'”. Al menos esa fue la primera versión, antes de que la gente cayera en la cuenta de que se trataba de algo más que de una agradable tonadita con dibujos animados. La versión de los setenta se encargaría de medio corregir el exabrupto. Claro, esta versión es más poética: traiciona perfectamente a su finalidad publicitaria y no me parecería extraño que entonces funcionara.
No ocurre lo mismo con otros oficios. Corrector que he sido, puedo decir que la convivencia como hacedor de versos y maquillador (en el mejor de los casos) de textos ajenos es sencilla: la corrección es un oficio de escritura, un asunto de higiene del lenguaje; a la poesía esa noción de limpieza escritural a la RAE le es extraña si no va con sus intenciones, o incluso puede partir de ella para sus propios fines. Entre esos escritores que gustan o gustaron de zambullirse en las reglas y a la vez se movieron o mueven como peces en el agua de la poesía, están, digamos, Arreola, Monterroso, o aquel "maxmordón" (como él diría) Gerardo Deniz, ese poeta, como muchos de los mejores, incomprensible.
Para el periodista (que lo fui y sigo siendo, de alguna forma), la visión de la misma realidad se agota en referencias informativas... Puaf: en definitiva, la experiencia poética es su antítesis. Me agradan los poemas-simulacro, máscara, fiesta de disfraces: son más verdaderos o... verosímiles. Y lo mejor: son capaces de ponerle un puntapié incluso a la verosimilitud. El periodismo, finalmente, es un oficio que unos y otros hacen con más o menos arte.
Y la publicidad... ah, esa engañosa prostituta... también entraña sus placeres. Díganlo si no.

N 06 05 08

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viernes, mayo 2

Arte y publicidad

Extraña relación la de publicidad y arte, si es que esa relación no entraña una guerra más o menos encubierta. El fenómeno de la comunicación es lo que el arte parece compartir con la publicidad, pero en cuanto empiezan a surgir las particularidades, esas que hacen al arte, la publicidad sale huyendo: las particularidades le importan en la medida que no son individuales.
La publicidad es el lugar común para lo colectivo, está al servicio de lo que la mayoría quiere ver y escuchar; después de todo se persigue al público. El arte puede o no ir en busca de público; en todo caso, desintegra a ese público en individualidades. Más bien suele hacerse el perdidizo. En cambio, la publicidad piensa en grande y facilita a un grado primario el canal comunicativo; el arte es minucioso al imaginar. La imaginación es sustancia del arte; para la publicidad, un instrumento.
¿Hay arte en la publicidad? ¿Vale la pena hacer público el arte? Las dos cosas. En la publicidad a veces hay arte y es raro que llegue a serlo... es un método colectivo que busca una respuesta colectiva, concreta únicamente en cuanto a que su finalidad es vender un producto. El arte, que se hace público (se expone, se publica, se representa o interpreta), toca al individuo, lo descoloca, no lo disuade: tiene sentido.

N 02 05 08

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martes, febrero 19

Lo antiguo es novedoso


Es un gusto saber de los viejos amigos. Es cierto que los tiempos pasados de algún modo regresan, y "de algún modo" porque nunca se van. Hace unos trece años que varios amigos y yo publicamos unas revistas con las que en verdad nos divertimos mucho, pese a todas las acrobacias que hicimos para juntar el dinero. No tenía un nombre muy agraciado, La Calle, pero describía con mucho nuestros intereses de entonces. Deseábamos hacer, más que una revista, un movimiento, y no nos suscribíamos a un arte en particular. Hacíamos convivir pintura, poesía, teatro, narrativa, fotografía, desvariábamos mezclando géneros e influenciándonos unos a otros. Tan sólo salieron -o es posible decir "hicimos"- tres numeritos. Eso no fue todo. Organizamos una de las mejores lecturas de poesía-concierto de rock-exposición de pintura que se hayan realizado en Guadalajara. Muchos se quedaron con la idea de que nuestro evento, con un nombre que se le ocurriera a Mario Calderón, "La ciudad tras los ojos", había sido obra de La Escalera. A mí, que lo presenté, por mucho tiempo se me confundió con un empleado de ese lugar que empezó perdiendo su biblioteca y luego su dignidad de oasis-café-bar-librería en el centro de Guanatos para convertirse en un arrabal sin categoría (si es que algo así es posible). El hecho es que como ese día La Escalera celebraba su aniversario -justo después de lo que nosotros organizamos-, no tuvieron empacho en declarar al ya inexistente diario Siglo 21 que nuestro evento era de su autoría. No importa. Muchos ya lo olvidaron, excepto quizá aquellos que se dieron a la tarea de degustar el tequila de la casa, sin marca y mortífero a más no poder, pero, eso sí, de una excelente calidad (¿o no?). Queda pendiente escanear una invitación para ilustrar mejor el asunto... El caso es que lo antiguo siempre resulta ser novedoso y que ahora me ha entrado la espinita de hacer otro proyecto, más bien centrado en la poesía aunque en contacto -no podría ser de otra manera, diría Eloy- con el resto de las artes y también con el reto de hacer más en un espacio reducido. Pronto, muy pronto, estará por aquí Metrópolis. Colaboran buenos amigos... Por ahora lo dejo así.

lunes, diciembre 17

Tusitala

–Qué engañosas son las novelas de aventuras –se dijo entre dientes al sumergir en tinta su pluma negra de ganso y disponerse a manchar un pliego de papel con las huellas de una guarnición de caballeros ateridos de miedo, al margen de una batalla de la que huyeron para salvar su pellejo antes que el honor. El hombre al que llamaban Tusitala colocó su mano bajo el mentón, pensativo, balbuceó algunas palabras indescifrables y luego mojó de nuevo la punta de su pluma tal si fuese una flecha envenenada.


viernes, diciembre 14

Este cajón electrónico

Hace mucho tiempo que no escribo en el blog. ¿Expliqué alguna vez por qué le he llamado “Dootri”? Contestaré a esta pregunta tomando en cuenta que me hablo a mí mismo y a nadie. El vocablo tiene un origen en verdad muy noble, es una palabreja inventada por aquel pintor vanguardista e inventor genial Alejandro Xul Solar. Significa, simplemente, “en otro lugar”, una frase que a cualquiera que me conozca le parecerá por demás perfecta para describir mi perenne e irremediable distracción ante todas las cosas. De hecho, borré algunas entradas al notar que me había precipitado haciéndolas públicas (bueno, a tres o cuatro despistados que caen en este blog que pretende ser más bien muy personal) sin calcular que más temprano que tarde me arrepentiría de no trabajar más los textos o hasta de haber pensado que valía la pena pornerlos en este modesto aparador. Como supuse que nadie lo consultaba, ni a veces yo, el blog me pareció tan sólo uno de esos indispensables cajones en que proponía Horacio debían esperar nueve años los poemas de aquellos que, como los Pisones a los que dirigía su Ars Poética, le pedían consejo. No me deshice de todos, claro está, pero ya era necesario barrer algunos rincones entelarañados.
Acaso estas más recientes colaboraciones tengan también una cercana fecha de caducidad. De todas maneras, reincidente, levo el ancla de otro poemita. Ya veremos si naufraga:



Anduve en tierras desconocidas, acuciado
por la sed de un desierto
sólo posible en sueños, me convertí
al sosiego taimado de las serpientes
en el crucial instante de la caza,
me interné en ese vacío, cobijado por un cielo abierto
donde rondaban tres o cuatro zopilotes.
Me senté a esperar.
El sol quemaba intenso como una culpa
de la que ninguna distancia puede librarse.


Tal vez era yo un espejismo.


N 14 12 07

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viernes, noviembre 9

Antes del amanecer

Las últimas pesadillas nos han rondado
como serpientes a una casa despoblada.
Antes del amanecer habremos de rendirnos
a la inmensidad de este mar esquizofrénico
que parte donde un desierto también comienza.


domingo, septiembre 16

Furia

Te propusiste seguir hasta que el brillo de tu espada se opacara con la sangre de los guerreros que se precipitaban hacia ti como un derrumbe. Nadie sabía que el miedo te provocaba disimulados estertores. Avanzaste porfiado en que más valía un gesto de pavor disfrazado de furia que la solemnidad del que se da por vencido antes de gritar siquiera el nombre de su patria. Sólo una imagen pudo detenerte: la tuya, mirándote desde el reverso de un escudo roto bajo las patas de tu caballo.


jueves, agosto 16

Tránsfugas

Huíamos en la desazón, navegando la agreste superficie de una literatura que nos hacía depender de los ojos de un niño voraz en el verano. En la lejanía veíamos aún, a través de las huellas impresas en los catalejos, a los uniformados que ladraban su pólvora húmeda frente al Tigre –transcurrían horas y semanas como las páginas lentas de un libro. Ya en el trance de abordar la arena incierta, pensábamos en la meliflua y ausente voz de Kali que nos envolvía con sus brazos de niebla, al fin poseedora de una seductora lengua de filo nacarado tan precioso como la espuma.


viernes, julio 27

Mar abierto

Era un habitante de su sombra. Derrotado en mil batallas nunca libradas, le esperaba una soga amarrada al mástil mayor. Ya había despejado la niebla que cubría los espectros y las tormentas que habían hecho naufragar a más de un enemigo, el océano por fin amainaba y el horizonte comenzó a parecerle de una intensidad insoportable. Si tenía que morir no opondría resistencia, ese recurso de los débiles. Lo había perdido todo, se había dejado arrastrar por la inercia de una navegación que no desistió de seguir su estrella hacia ninguna parte. El mar abierto era una trampa que lo devolvía al mismo puerto de donde había partido, por más que se alejara.


jueves, julio 12

La bitácora

En su mesa roída por la desesperación de las ratas, en un camerino de ahogada respiración, el capitán se aplica a la escritura de su bitácora con la misma necedad que el rígido timonel, enardecido por la inexistencia de los mapas. La carabela ha sufrido una que otra baja, por lo que haber mentido distancias es una falta menor. Una noche ha pasado por lo menos la tripulación sin beber de ese ron que hace arder la garganta y el estómago hasta recordarles que están vivos bajo un cielo que pesa hasta los huesos. A punto de alzarse en motín debido al hambre que agravia más que la incertidumbre, se detienen ante la promesa de llegar a un destino donde el oro prevalecerá y terminará por engullir a sus refractarios. La bestia fantástica ya se yergue en los corazones avarientos como un tigre recién liberado de su jaula.


viernes, junio 8

Vaivén

Comíamos pequeños trozos de jamón y apenas si nos mojábamos los labios con un jerez que había sobrevivido al derroche: no sabíamos a dónde nos precipitaría la marea. Poco importaba ser blanco de bandoleros o navegar con leviatán a cuestas, el único lugar cierto estaba al fondo de nuestra memoria. A veces, en días con densa niebla, una figura fantasmal se desplazaba de las mazmorras a cubierta hasta detenerse en la proa, mirando hacia atrás para señalarnos el fin del mundo. Nos habíamos acostumbrado a la ilusión. Ya nos lo había advertido una sibila en la última taberna donde dicen habernos visto: desconocíamos la aventura, estábamos presos en la imaginación de un hombre que despreciaba el mar.


sábado, junio 2

Un ínfimo acto

Comparecimos ante el consejo, reunidos en el candor mutilado de la arena. El sol había vidriado los ojos de los dromedarios cansados de sumar kilómetros de acerbas melodías sobre sus corvas. Invisibles aves hurtaron nuestros víveres y estábamos resignados a morir de inanición o de, cosa rara, falta de sed. En realidad, habíamos planeado que en algún punto incierto la caravana de ancianos fastidiosos que formábamos se detuviera, si bien a estas alturas sin rumbo preestablecido. Nos sentamos bajo unas palmeras a esperar que el polvo respondiera la recalcitrante pregunta, inscrita en unos huesos de ballena todavía tibios. Aun cuando nos adivinábamos incapaces de evitar la tormenta que sobrevendría al encarar los designios que los dioses nos habían impuesto sin consultarnos, decidimos objetar el destino con un ínfimo acto de rebeldía. El sopor crecía como una duna en nuestro corazón para comenzar a tragárselo todo a su alrededor, tan lentamente como el último paso del último dromedario que caía enfermo.


 

sábado, mayo 19

Austro

Llegó a ítaca con una voz consumida en el fuego de las olas. Nadie le esperaba. Aquel manto tejido de día y destejido por las noches fue una ilusión para alimentar la esperanza de los guerreros que regresan a su patria. Quien se ha ido debería saber que más le valdría un oráculo grato a su muerte en la batalla. A menos de que su destino sea el viaje. En ese caso, quédate donde te reciban. No por nada tu regreso siempre será a una isla. La metáfora no miente: esa isla eres tú mismo, rodeado de seres fantásticos más allá de tu mirada ansiosa.

 

domingo, diciembre 31

El ejercicio de la nostalgia

A veces uno cree saber mucho de lo que habla. Enumera los directores de cine a los que ha llegado a querer, los autores en los que se reconoce y hasta los que ignora, la música convertida en historia de los géneros, en actualidad. Recuerdo que una actitud contraria llevaría a Murena a una aventura alucinante por los misterios del anacronismo en busca del sentido del arte, al que comprendía en la vía de la metáfora. Yo no voy tan lejos, ni siquiera en esa valoración. No sé, supongo, creo, que el verdadero momento en que, por ejemplo, sabemos de música, es aquel en que la disfrutamos, si bien antes o después de escucharla, la sola mención de ciertos nombres nos liga en la memoria con esa sensación experimentada e inexplicable. Quizá hace mucho descubrí a un David Bowie improvisar ante un micrófono radial de la BBC, en una colección difícil de conseguir. O los acordes y silencios de Mark Knopfler al interpretar “Private Investigations”, en los comienzos de mi adolescencia. Pero al recordar, el tiempo parece contraerse y borrar la noción de lejanía, las distancias que se oponen a lo vivido –atentamente vivido, como proponía Xirau. No lo sé. De lo que sí estoy seguro es que ciertos nombres son algo más que rótulos y su sola mención es capaz de devolvernos aquello de lo que alguna vez perdimos una intensidad que era necesario recobrar, aunque fuera sólo como el mero atisbo de un fragmento o astilla de eternidad bosquejada mediante el ejercicio de la nostalgia.

martes, diciembre 26

Resabios


Yo sé, Buck, que tus días no son llevaderos como solían en tu solaz del Sur, sin embargo, aunque impere en estos vientos que dibujan navajas en el hielo esa ley del garrote y del colmillo que refleja el Hudson como un precario espejo roto, sábete que morir aquí es mejor que una vida en eterna primavera. Claro, eso piensas mientras tiras pesadamente del arnés, arrastrando la más humana de las necedades. Yo lo sé. Resabios, cueros de caballo, Buck, pellejos que hacen el zumo en tus ojos, cabriolas de anestesia ante la frívola mirada de las montañas, aire fresco para tus pulmones. Sólo puedes pedir un buen balazo cuando llegue la hora.

martes, diciembre 5

Entre páginas nómadas

Cees Nooteboom, el viajero, el apacible escritor de mundos desapacibles, se hallaba sorpresivamente en un país diferente a aquel donde había conciliado el sueño, igual que Herman Mussert al despertar en una desconcertante habitación de hotel en Lisboa: estaba ahí, extrañado, sentado al frente de un salón de la FIL que, irremediablemente, distaba de estar lleno. Una corta fila para la firma de autógrafos conformada en mucho por gente en la ignorancia del placer de leerlo pero confiada en que se hallaba frente a un autor de talla: si no, ¿por qué habrían de ser tan caros sus libros?, ¿cómo, entonces, se le programaría para dar una "conferencia magistral"?, casi creo haber imaginado que se decían entre sí. “Este va para premio Nobel”, afirmaba un tercero, mientras sacaba orgulloso su libro de la bolsa, todavía oloroso a nuevo luego de quitarle el papel celofán. El único que parecía saber algo realmente de él era Alberto Ruy Sánchez, que lo había acaparado en la sesión de preguntas con un entusiasmo pegajoso. Pues bien, Nooteboom no estaba muy contento con la edición que Siruela armó de Hotel nómada, parecía que el libro le resultaba ajeno, no le satisfacían mucho que digamos ni la elección ni el orden impuesto a sus crónicas de viaje. “Uno tiene ahí su tesoro y luego entran los editores y saquean lo que quieren”, se había quejado. Eso, sin contar lo reacio que se mostraba a justificar los episodios de su itinerancia. "¿No pueden hacerse las cosas de la vida sólo porque sí?". Yo poco puedo hablar de él, al menos por ahora. La historia siguiente me conmovió al grado de hacer un poemita que no tardé en desechar. Además, llegué a leer un artículo-cuento suyo en “Babelia” hace dos o tres años, con la condena impuesta de abordarlo en un idioma en el que, con relación al suyo, el neerlandés, cuando menos median los Pirineos. En fin: la estación, un buen pretexto para que cualquier sedentario “errante” se aventure entre estas páginas nómadas, insatisfechas.

N 05 12 06

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jueves, noviembre 30

Mañanas gélidas

Estas mañanas gélidas te transportan automáticamente al Oxxo más cercano en busca del olor a café, sobre todo si vagas por aquello de las 6 am por las calles todavía oscuras de la ciudad. Pero no tomo café y lo digo con amargura. Padecer de los nervios no trae consigo sino decepciones. Me conformo con un leve té de manzanilla o limón solventado en el expendio del Proulex. El día empieza a saber a esas hierbas que, en realidad, no me desagradan. El aroma del café en una taza vecina a veces basta para amortiguar los círculos infernales a los que el día se complace en bajar. Nada mal.

N 30 11 06

*

miércoles, noviembre 29

Magrelli

Acabo de leer algunos poemas de Valerio Magrelli, los pocos que incluía la edición del Tucán de Virginia, merced a uno de esos encuentros imposibles sin la audacia y curiosidad de Guillermo Fernández. Aquí recuerdo el encontronazo con las Guaridas profundas de Cattafi. Tradición y modernidad son el signo vital de dos autores capaces de mover fibras íntimas. El precio, la verdad, a estas alturas, aunque haya dolido, es lo de menos.

N 29 11 06

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Herman Mussert

Aunque cerraras los ojos en Ámsterdam
y los abrieras ajeno en una habitación vecina
de esta ciudad que te piensa mientras la observas,
 
lo que importa es dónde estás, no lo que has abandonado.
Enciende
la televisión —aunque no la haya—
conspira en este cuarto austero de hotel, piérdete 
entre los caseríos ruinosos de Lisboa.

miércoles, noviembre 15

Show



Excelente negocio es mi madre /
los edificios, aquí, son estupendos.

Pero debajo del manto yo soy quien mato
–desleído tras una máscara de hielo seco.
La mentira: ¿otra verdad? El fuego, el excremento,
cada diatriba escupida a la luna.

Gran sistema se inventaron.
Aunque con algo de polilla,
nada mejor que el mundo.

miércoles, noviembre 1

Versión de un encapuchado en Salem


Picas y verdugos
esclarecen
paladares

de brujas.


Una palabra
callaron.



Acaso, despellejó sus labios:
con eso basta.